Inocuidad alimentaria

¿Cómo unos arándanos congelados de Chile terminaron en el centro de un brote de E. coli?

Un brote en EE. UU. reavivó el debate sobre los controles a los alimentos importados tras detectar arándanos chilenos vinculados a una bacteria que provocó hospitalizaciones.

Camila Vergara
Periodista especializada en frutas, normativas y comercio agroexportador. Cubre cadenas frutícolas, acceso a mercados y regulaciones con enfoque técnico y estratégico.

Un brote de Escherichia coli productor de toxina Shiga (STEC) asociado a arándanos congelados provenientes de Chile volvió a instalar el debate sobre la seguridad de los alimentos importados en Estados Unidos. La investigación sanitaria identificó 12 personas afectadas (11 en Florida y una en Georgia), de las cuales cuatro requirieron hospitalización. Aunque el número de casos fue limitado, el episodio llevó a ampliar el retiro de productos del mercado y endurecer los controles sobre futuras importaciones del proveedor involucrado.

Las autoridades sanitarias estadounidenses determinaron que los casos registrados entre mayo y comienzos de junio estaban relacionados genéticamente, lo que permitió vincularlos con una fuente común de contaminación. La investigación epidemiológica mostró además que la mayoría de los pacientes había consumido arándanos congelados antes de enfermarse, un dato que orientó el trabajo de rastreo hacia ese producto.

Como resultado, el retiro inicial, que afectaba únicamente a un lote específico de arándanos orgánicos congelados, se amplió posteriormente a todos los lotes de arándanos y mezclas de frutas congeladas comercializados bajo esa línea, debido a que este tipo de productos puede permanecer durante meses almacenado en los congeladores de los consumidores.

La restricción a las importaciones llegó después de los casos detectados

Tras avanzar la investigación, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) incorporó al proveedor chileno involucrado en una lista de vigilancia que permite detener futuros embarques en la frontera sin necesidad de realizar inspecciones físicas previas.

Sin embargo, la medida abrió un debate dentro del sector alimentario porque la restricción se implementó una vez que las personas ya se habían enfermado y los productos habían sido distribuidos en supermercados de ocho estados estadounidenses.

El procedimiento responde al funcionamiento habitual del sistema de alertas sanitarias. La inclusión de una empresa en la lista de control requiere evidencia de un problema, información que normalmente surge a partir de investigaciones epidemiológicas o análisis posteriores a la aparición de casos clínicos.

El episodio también volvió a poner el foco sobre el Programa de Verificación de Proveedores Extranjeros, mecanismo que obliga a los importadores estadounidenses a evaluar los riesgos asociados con cada alimento que ingresan al país y verificar que los fabricantes extranjeros cumplan con los estándares de inocuidad exigidos por la legislación estadounidense.

Las inspecciones realizadas por la FDA durante este año muestran que numerosos importadores continúan presentando deficiencias en esos procedimientos de verificación, incluyendo casos donde ni siquiera existía un programa documentado para controlar la seguridad de los productos adquiridos en el exterior.

Los arándanos congelados presentan un desafío adicional para la inocuidad

A diferencia de otros alimentos frescos, los frutos congelados permanecen durante largos períodos en los hogares. Esa característica hace que un retiro preventivo tenga un alcance diferente al de otros productos de consumo inmediato.

Además, los especialistas recuerdan que la congelación no elimina bacterias como E. coli, Listeria, Cyclospora o el virus de la hepatitis A. Las bajas temperaturas únicamente detienen su multiplicación, pero los microorganismos pueden conservarse viables durante meses y volver a activarse cuando el alimento se descongela.

Por ese motivo, las autoridades recomendaron descartar o devolver los productos incluidos en el retiro, incluso si permanecieron congelados desde su compra. También aconsejaron higienizar cuidadosamente licuadoras, recipientes y superficies que hayan estado en contacto con la fruta.

La investigación continúa abierta y las autoridades sanitarias no descartan incorporar nuevos productos al retiro si aparecen más evidencias durante el seguimiento epidemiológico. Mientras tanto, el caso vuelve a poner sobre la mesa un aspecto clave para el comercio internacional de alimentos: la necesidad de reforzar los controles preventivos a lo largo de toda la cadena de suministro para evitar que una contaminación llegue hasta los consumidores.

Para Chile, uno de los principales exportadores mundiales de fruta fresca y congelada, el episodio representa un nuevo desafío en materia de inocuidad y trazabilidad, dos factores cada vez más determinantes para mantener el acceso a los mercados internacionales y preservar la confianza de los compradores.

© AgroLatam. Todos los derechos reservados.
Esta nota habla de: