Agricultura

Chile enfrenta una temporada decisiva entre el riesgo climático y la crisis de la cereza

La amenaza de un fuerte El Niño y la incertidumbre en China ponen a prueba a uno de los sectores exportadores más relevantes del país.

Camila Vergara
Periodista especializada en frutas, normativas y comercio agroexportador. Cubre cadenas frutícolas, acceso a mercados y regulaciones con enfoque técnico y estratégico.

La industria frutícola chilena se prepara para una campaña que combina oportunidades y amenazas en partes iguales. Mientras los productores observan con atención la posible llegada de un fenómeno climático de gran intensidad conocido como "Godzilla El Niño", el negocio de las cerezas atraviesa un proceso de ajuste que podría redefinir el mapa exportador del sector. La evolución del clima, la demanda china y la competencia internacional serán factores determinantes para una temporada que genera expectativa e incertidumbre.

Aunque hasta el momento no se han registrado impactos negativos asociados a El Niño, las empresas exportadoras mantienen una vigilancia constante sobre las condiciones meteorológicas que podrían afectar la producción y la calidad de la fruta durante los próximos meses.

Según explicó Nicolás Yavar, ejecutivo de la exportadora UPAC Fruit, uno de los aspectos que sigue de cerca la industria es el comportamiento observado en California, donde el inicio anticipado de la temporada suele derivar en una menor disponibilidad de fruta hacia el final del ciclo. Un patrón que, según el ejecutivo, históricamente también se replica en Perú y Chile.

La cereza chilena enfrenta su mayor prueba en años

Si existe un cultivo que concentra hoy la atención del sector, ese es la cereza. Después de dos campañas consecutivas marcadas por resultados inferiores a los esperados, el principal mercado de destino comenzó a enviar señales de cautela.

China, que absorbe cerca del 85% de las exportaciones chilenas de cereza, redujo significativamente los pagos anticipados ofrecidos a los exportadores para la próxima temporada. Mientras el año pasado los adelantos rondaban los US$ 15 por caja, actualmente se ubican entre US$ 10 y US$ 12.

La reducción refleja las dificultades que enfrentan los importadores chinos para sostener la rentabilidad del negocio en un contexto de mayores costos financieros y un consumo más moderado.

Las consecuencias ya comenzaron a sentirse dentro de la industria. Algunas empresas decidieron abandonar la actividad para evitar nuevas pérdidas, mientras otras avanzan en procesos de reorganización con el objetivo de adaptarse a un escenario comercial más exigente.

A pesar de ello, los productores mantienen expectativas moderadamente positivas respecto a la producción. Las condiciones climáticas registradas hasta ahora son consideradas más favorables que las observadas durante 2025, lo que podría traducirse en una mejor floración y una fruta más homogénea.

Cítricos y arándanos ofrecen señales más alentadoras

Mientras las cerezas atraviesan un proceso de reestructuración, otros segmentos muestran perspectivas más favorables.

En el mercado de los cítricos, la expectativa es que los precios en Estados Unidos se mantengan firmes gracias a una menor disponibilidad local en Florida y a una sólida demanda internacional de limones.

Sin embargo, Chile deberá enfrentar una competencia creciente. Perú ya comenzó sus primeras cosechas con destino al mercado norteamericano, mientras que Uruguay mantiene una posición consolidada en Europa.

A ello se suma Marruecos, un competidor que ha demostrado capacidad para redireccionar grandes volúmenes hacia Estados Unidos cuando los precios europeos se debilitan, generando presión adicional sobre la oferta global.

En arándanos, la situación aparece más estable. No obstante, los exportadores siguen atentos a la evolución de las temperaturas durante los próximos meses. Experiencias recientes demostraron que algunos episodios de calor extremo pueden afectar significativamente la producción de determinadas variedades.

El escenario para la fruticultura chilena estará marcado por múltiples variables. Clima, demanda asiática, competencia internacional y costos logísticos conforman una combinación que obligará a las empresas a gestionar riesgos con mayor precisión que en campañas anteriores.

Para un sector que genera miles de millones de dólares en exportaciones y sostiene una parte relevante del empleo agrícola del país, los próximos meses serán decisivos para definir el rumbo de una de las industrias más estratégicas de Chile.

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