Así logra la Patagonia producir frutas y hortalizas pese al frío y al viento extremo
Chile impulsa una inversión de más de $3.000 millones en Magallanes para expandir la agricultura protegida y aumentar la producción de alimentos en una de las zonas más frías del país.
La agricultura de la Patagonia chilena comienza a dar un paso que hasta hace pocos años parecía difícil de imaginar. En la Región de Magallanes, un programa impulsado por INDAP y el Gobierno Regional invertirá más de $3.000 millones para incorporar una nueva generación de invernaderos capaces de soportar vientos superiores a los 100 kilómetros por hora y producir frutas y hortalizas durante todo el año. El objetivo es fortalecer la agricultura familiar, aumentar la oferta local de alimentos y reducir la dependencia de productos provenientes de otras regiones.
La iniciativa ya comenzó a tomar forma en el sector Loteo Versalovic, ubicado en las afueras de Punta Arenas, donde productores incorporan estructuras construidas con marcos de acero galvanizado y cubiertas de policarbonato que ofrecen mayor resistencia al clima extremo y mejores condiciones para el desarrollo de cultivos de alto valor.
Uno de los casos es el de Viviana Mancilla, quien dejó su trabajo como técnico paramédico para dedicarse a la producción agrícola. Actualmente abastece con lechugas hidropónicas a comercios y establecimientos de salud de la región y ahora proyecta ampliar su producción con el cultivo de frutillas bajo invernadero.
Tecnología para producir donde el clima impone límites
Las nuevas estructuras fueron diseñadas para responder a uno de los mayores desafíos de Magallanes: las bajas temperaturas y los fuertes vientos que durante gran parte del año dificultan la producción agrícola.
Los invernaderos incorporan paneles de policarbonato, estructuras metálicas reforzadas y sistemas de captación de agua de lluvia, características que permiten mejorar el aislamiento térmico y extender los períodos de producción. Gracias a estas condiciones, los agricultores podrán cultivar hortalizas de hoja, hierbas aromáticas, frutillas y sistemas hidropónicos con mayor estabilidad durante las distintas estaciones.
El programa contempla una primera etapa de financiamiento destinada a productores de varias provincias de la región y forma parte de una estrategia que busca sumar 25.000 metros cuadrados de cultivos protegidos en los próximos años.
Más producción local y nuevas oportunidades para las familias rurales
Además de incorporar infraestructura, el proyecto apunta a mejorar la rentabilidad de la agricultura familiar mediante tecnologías que permitan producir alimentos de mayor calidad y con una oferta más constante para los mercados locales.
Las autoridades consideran que aumentar la producción regional permitirá fortalecer la seguridad alimentaria, generar nuevas oportunidades económicas para los pequeños productores y disminuir la dependencia del abastecimiento proveniente del centro de Chile, especialmente durante el invierno.
La experiencia que comienza en Punta Arenas también abre nuevas perspectivas para otras zonas de clima adverso. La combinación de infraestructura adaptada, asistencia técnica e inversión pública muestra que es posible ampliar la producción agrícola incluso en regiones donde las condiciones naturales históricamente limitaron el desarrollo del sector.
Si el programa alcanza las metas previstas, Magallanes podría convertirse en uno de los principales ejemplos de agricultura protegida en ambientes extremos, demostrando que la tecnología puede ampliar la frontera productiva y ofrecer nuevas alternativas para la producción de alimentos en el extremo sur del continente.

