Clima

Confirman la llegada de El Niño y crece la preocupación por el agro colombiano

Ideam y Minambiente activaron protocolos de prevención tras confirmar el fenómeno. Temen sequías severas, altas temperaturas y menor disponibilidad de agua.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

Colombia confirmó oficialmente el inicio del fenómeno de El Niño, una noticia que enciende las alertas en el sector agropecuario debido al riesgo de sequías prolongadas, altas temperaturas y reducción de la disponibilidad de agua durante los próximos meses. El anuncio fue realizado por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) y el Ministerio de Ambiente, luego de verificarse las condiciones oceánicas y atmosféricas asociadas al evento climático en el Pacífico ecuatorial. Las autoridades advirtieron que los impactos más intensos podrían sentirse entre noviembre de 2026 y enero de 2027.

La confirmación se produjo tras los reportes emitidos por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), que también alertó sobre el fortalecimiento de las anomalías térmicas en el océano Pacífico.

Según las proyecciones oficiales, existe una probabilidad superior al 95% de que las condiciones actuales se mantengan y se intensifiquen durante el segundo semestre de 2026, extendiéndose incluso hasta los primeros meses de 2027.

El agro se prepara para un escenario de menos lluvias y más calor

La principal preocupación para la agricultura radica en la disminución de las precipitaciones previstas para amplias zonas del país. El Ministerio de Ambiente señaló que las regiones Caribe, Andina y Pacífica serían las más expuestas a registrar lluvias por debajo de los promedios históricos.

Para el sector productivo, esto implica mayores desafíos en el manejo del agua para riego, el abastecimiento ganadero y la planificación de cultivos sensibles al estrés hídrico.

La directora del Ideam, Ghisliane Echeverry Prieto, explicó que existe una probabilidad cercana al 63% de que el fenómeno supere los dos grados Celsius de anomalía térmica, un umbral que lo ubicaría dentro de la categoría de El Niño muy fuerte.

De concretarse ese escenario, el evento podría convertirse en uno de los más intensos registrados desde 1950, con efectos potencialmente significativos sobre la producción agrícola, la generación hidroeléctrica y la disponibilidad de agua para consumo humano.

La experiencia de episodios anteriores demuestra que las altas temperaturas pueden acelerar la evaporación, reducir la humedad de los suelos y afectar el rendimiento de diversos cultivos, especialmente aquellos que dependen de lluvias regulares durante etapas críticas de desarrollo.

Riesgo para embalses, ganadería e incendios forestales

Las autoridades también advirtieron sobre una posible disminución de los caudales de ríos y niveles de embalses, una situación que podría generar presión adicional sobre los sistemas de abastecimiento de agua y energía.

En las zonas ganaderas, la reducción de pasturas y la menor disponibilidad de agua representan algunos de los riesgos más relevantes, mientras que en áreas agrícolas aumenta la necesidad de optimizar sistemas de riego y fortalecer estrategias de conservación hídrica.

Otro de los efectos asociados a El Niño es el incremento del riesgo de incendios forestales. Por esa razón, el Ministerio de Ambiente, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) y otras entidades nacionales activaron medidas preventivas orientadas a reducir la vulnerabilidad de los ecosistemas y las comunidades.

Las recomendaciones incluyen reforzar el ahorro de agua y energía, evitar quemas abiertas, monitorear permanentemente las condiciones meteorológicas y fortalecer los planes de contingencia en las zonas más expuestas.

Para el agro colombiano, la anticipación será clave. La evolución de El Niño durante los próximos meses será seguida de cerca por productores, autoridades y especialistas climáticos, ya que las decisiones que se tomen ahora podrían marcar la diferencia frente a un evento que amenaza con convertirse en uno de los más severos de las últimas décadas.

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