No es una sequía cualquiera: por qué el agro sigue de cerca lo que ocurre en el Pacífico
El Gobierno de Colombia anticipa un episodio de El Niño de gran intensidad. El agro ya se prepara ante posibles pérdidas por sequía, menor disponibilidad de agua y caída de rendimientos.
La posibilidad de que un episodio de El Niño de mayor intensidad se desarrolle entre finales de 2026 y comienzos de 2027 comenzó a generar preocupación en Colombia y en buena parte del sector agropecuario latinoamericano. Durante el Consejo de Ministros del 30 de julio, el presidente Gustavo Petro advirtió sobre un posible "mega fenómeno de El Niño", mientras que el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) confirmó que el océano Pacífico ya presenta condiciones compatibles con la evolución del evento, aunque la declaración oficial aún dependerá de la evolución de los próximos meses.
El mandatario señaló que el período más crítico podría extenderse entre diciembre de 2026 y marzo de 2027, con la posibilidad de provocar una reducción significativa de las lluvias y una mayor presión sobre la disponibilidad de agua para consumo humano, producción agropecuaria y generación de energía.
Ante este escenario, el Gobierno colombiano anunció que había previsto recursos para ampliar la infraestructura de acueducto y alcantarillado, fortalecer la producción de alimentos y avanzar en obras preventivas. Sin embargo, parte de esos recursos quedaron temporalmente suspendidos tras una decisión del Consejo de Estado que frenó de manera provisional el traslado de fondos destinados a la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres.
El agro enfrenta uno de los mayores riesgos climáticos de los próximos meses
Más allá del debate institucional, la principal preocupación se concentra en el campo. El Ministerio de Agricultura colombiano advirtió que los cultivos con mayor demanda de agua podrían ser los primeros en sentir los efectos de un período prolongado de sequía.
Entre las producciones consideradas más vulnerables aparecen arroz, maíz, café, fríjol, yuca, plátano, cacao, caña de azúcar y cítricos, actividades que dependen de una adecuada disponibilidad hídrica durante buena parte de su ciclo productivo.
La planificación del riego y el uso eficiente del agua serán claves si las condiciones secas se intensifican.
La cartera agropecuaria también alertó sobre una posible disminución de los rendimientos agrícolas, deterioro de los pastizales, estrés térmico en la ganadería y mayores dificultades para garantizar el abastecimiento de agua en distintas regiones rurales.
El impacto no se limitaría únicamente a la producción primaria. Menores cosechas también podrían traducirse en incrementos de costos, mayor presión sobre los precios de algunos alimentos y una reducción de la oferta exportable de productos agrícolas.
Un fenómeno que trasciende las fronteras de Colombia
Aunque las advertencias surgieron desde Colombia, un episodio intenso de El Niño tendría consecuencias sobre buena parte de América Latina, especialmente en regiones agrícolas donde las lluvias condicionan el desarrollo de los cultivos.
En campañas anteriores, este fenómeno provocó pérdidas productivas por falta de precipitaciones en zonas maiceras y arroceras, redujo la disponibilidad de pasturas para la ganadería y obligó a intensificar el uso del riego en establecimientos agrícolas.
Cultivos como café, arroz, maíz y caña de azúcar, además de la ganadería, figuran entre las actividades más expuestas a un episodio intenso de El Niño.
Los especialistas recuerdan que El Niño no afecta a todos los países de la misma manera. Mientras algunas regiones enfrentan sequías prolongadas, otras pueden registrar lluvias superiores a los promedios históricos. Sin embargo, la mayor variabilidad climática complica la planificación agrícola y obliga a productores y gobiernos a reforzar las estrategias de adaptación.
En ese contexto, el monitoreo permanente de las condiciones del océano Pacífico y de los pronósticos meteorológicos será determinante durante los próximos meses. La evolución de la temperatura superficial del mar definirá si las condiciones actuales terminan consolidándose en un episodio oficial de El Niño y cuál será finalmente su intensidad.
Para el agro, la preparación comienza antes de que aparezcan los primeros síntomas de la sequía. Ajustar calendarios de siembra, revisar la disponibilidad de agua para riego, fortalecer las reservas forrajeras y planificar el uso eficiente de los recursos serán medidas clave para reducir el impacto de un fenómeno climático que podría convertirse en uno de los principales desafíos de la campaña 2026/27 en América Latina.

