Garbanzo bajo presión: plagas, dólar débil y sin precio definido
Productores de Sinaloa enfrentan sequía, mayor costo por fumigaciones y falta de claridad en la tonelada. Piden al gobierno intervenir antes de la trilla.
La incertidumbre domina el escenario para los productores de garbanzo en Sinaloa, que a poco más de un mes de iniciar la trilla aún no cuentan con una definición clara del precio por tonelada. A los problemas climáticos y sanitarios se suma la volatilidad cambiaria y la presión del mercado internacional.
Ricardo Armenta Beltrán, dirigente agrícola, advirtió que el sector atraviesa una combinación compleja de sequía, altas temperaturas y proliferación de plagas, factores que han elevado los costos por mayor uso de fertilizantes y fumigantes. "Tenemos el calor encima y las plagas a la orden del día", sostuvo.
El reclamo central pasa por la falta de certidumbre comercial. Según explicó, el garbanzo es un cultivo orientado casi en su totalidad a la exportación, con mercados principales en Asia y Europa. Si bien la cotización internacional ronda los US$ 1.000 por tonelada en algunos destinos tradicionales, el tipo de cambio actual reduce la rentabilidad en pesos para el productor mexicano.
En paralelo, reportes recientes ubican operaciones en plazas como Dubái en torno a US$ 1.500 por tonelada, mientras que precios FOB de referencia han oscilado entre US$ 570 y US$ 765, dependiendo del calibre y la calidad del grano. Esta dispersión refleja la volatilidad del mercado y la dificultad para fijar un valor de referencia interno.
Armenta Beltrán cuestionó que, pese a los anuncios sobre posibles colocaciones en Dubái, no existe aún un esquema concreto que garantice ventas a precio rentable. "Primero tenemos que saber a quién se lo van a vender", señaló, insistiendo en la necesidad de que el gobierno federal intervenga para respaldar al sector ante lo que describió como efectos adversos de la globalización agrícola.
El dirigente también pidió reuniones con autoridades estatales y federales para analizar alternativas que permitan sostener la rentabilidad, en un contexto donde los productores aseguran estar absorbiendo el impacto de mercados internacionales cada vez más competitivos.
El caso del garbanzo se suma a las tensiones que ya enfrentan otros cultivos en el noroeste mexicano, como maíz y frijol, afectados por sobreoferta, competencia de importaciones y variabilidad climática. En todos los casos, la combinación de costos crecientes y precios inciertos presiona los márgenes y complica la planificación de la próxima campaña.
Con la trilla prevista en unas seis semanas, el tiempo juega en contra. Sin una señal clara de precio o un esquema de apoyo, el sector teme que la campaña 2026 cierre con resultados ajustados en una región donde el garbanzo es uno de los cultivos estratégicos para la rotación agrícola y el ingreso rural.

