La UE enfrenta el rechazo de América por una regulación sobre fitosanitarios
Ministros y autoridades de todo el continente advirtieron que la propuesta europea sobre residuos de fitosanitarios podría convertirse en una barrera para el comercio de alimentos.
Los países de América manifestaron su preocupación por la propuesta de la Unión Europea para modificar los límites máximos de residuos (LMR) de productos fitosanitarios, al considerar que podría transformarse en una barrera comercial para las exportaciones agroalimentarias. La posición fue consensuada por ministros y altos funcionarios reunidos en Costa Rica durante el Comité Ejecutivo del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), quienes reclamaron que las reglas que regulan el comercio internacional se sustenten en criterios científicos y respeten los principios establecidos por la Organización Mundial del Comercio (OMC).
La resolución advierte que la iniciativa europea, actualmente en discusión, podría afectar el acceso de numerosos productos agrícolas al mercado comunitario y generar mayores costos para productores y exportadores. Además, los países coincidieron en que las regulaciones sanitarias deben proteger la salud sin convertirse en obstáculos innecesarios para el comercio internacional.
Cultivos estratégicos y miles de millones de dólares en juego
El documento aprobado sostiene que, si la propuesta europea avanza en los términos actuales, los exportadores deberán modificar sus estrategias de manejo de plagas para ajustarse a requisitos que, según los países americanos, no siempre cuentan con respaldo científico suficiente.
Los funcionarios advirtieron que los pequeños productores serían los más afectados, debido a que cuentan con menos recursos para adaptar rápidamente sus programas sanitarios y adoptar nuevos insumos o tecnologías.
Entre los cultivos que podrían enfrentar mayores dificultades aparecen banano, café, cacao, cítricos, mango, piña, tomate, pimiento y caña de azúcar, además de producciones como soja, maíz, algodón y carne, todos con una importante participación en las exportaciones del continente.
Según datos del Servicio Agrícola Exterior del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), los productos que podrían verse alcanzados por el nuevo enfoque regulatorio representan más de US$5.400 millones en exportaciones estadounidenses hacia la Unión Europea cada año, una cifra que refleja la dimensión económica del debate.
La preocupación no se limita a Norteamérica. El Consejo Agropecuario del Sur (CAS), integrado por Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, ya había advertido semanas atrás que los cambios regulatorios impulsados por Bruselas podrían reducir la previsibilidad del comercio internacional y aumentar la incertidumbre para los exportadores agropecuarios.
Los países piden diálogo y reglas basadas en evidencia científica
Durante la reunión del IICA, las delegaciones coincidieron en que el uso responsable de productos fitosanitarios continúa siendo una herramienta necesaria para proteger los cultivos frente a plagas y enfermedades y garantizar la productividad agrícola.
Los representantes señalaron que las futuras regulaciones deben apoyarse en las recomendaciones de organismos internacionales como la OMC, el Codex Alimentarius y otros organismos científicos especializados, evitando decisiones basadas en criterios políticos que puedan afectar la competitividad del sector.
La propuesta, presentada inicialmente por Paraguay, recibió el respaldo de los demás países participantes, incluidos Estados Unidos, México, Brasil y Canadá, que coincidieron en la necesidad de fortalecer el diálogo técnico con la Unión Europea antes de avanzar con nuevas exigencias regulatorias.
La resolución también establece que América buscará abrir canales de negociación con las autoridades europeas para encontrar soluciones que permitan proteger la salud pública sin generar restricciones comerciales que afecten la seguridad alimentaria, la innovación tecnológica y el abastecimiento global de alimentos.
Para los gobiernos del continente, el desafío consiste en encontrar un equilibrio entre la protección sanitaria y la necesidad de mantener un comercio internacional previsible, basado en evidencia científica y con reglas claras para productores y exportadores de ambos lados del Atlántico.

