Caficultura

El hongo que puede recortar la cosecha de café vuelve a preocupar a los productores bolivianos

La humedad y las lluvias favorecen la antracnosis en los cafetales bolivianos, una enfermedad que puede afectar el rendimiento y la calidad del café.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

La temporada de lluvias volvió a crear condiciones propicias para la aparición de la antracnosis en los cafetales de Bolivia, una enfermedad provocada por hongos del género Colletotrichum que puede disminuir el rendimiento, afectar la calidad del grano y aumentar los costos de producción. El riesgo es mayor en regiones como los Yungas de La Paz, Santa Cruz, Cochabamba y otros valles húmedos, donde la elevada humedad ambiental y las precipitaciones favorecen el desarrollo del patógeno. Para los productores, actuar de manera preventiva será clave para reducir pérdidas durante la campaña.

Aunque la roya continúa siendo la enfermedad más conocida del cultivo, la antracnosis adquiere mayor relevancia cuando coinciden lluvias persistentes, exceso de sombra y escasa ventilación dentro de las plantaciones. En esas condiciones, las esporas del hongo encuentran un ambiente ideal para multiplicarse e infectar frutos, hojas, brotes y ramas.

El hongo que puede recortar la cosecha de café vuelve a preocupar a los productores bolivianos

Los mayores riesgos aparecen durante la floración, el desarrollo y la maduración de las cerezas, etapas en las que el cafeto presenta una mayor vulnerabilidad. Cuando la enfermedad avanza sin control, puede provocar la caída prematura de frutos y comprometer la calidad del café destinado a mercados diferenciados.

La prevención permite proteger la calidad del café y reducir los costos del cultivo

Las pérdidas no solo se reflejan en una menor cosecha. El deterioro de los frutos, el secamiento de ramas y la necesidad de realizar podas sanitarias o aplicaciones fitosanitarias incrementan los costos de producción, especialmente para pequeños caficultores que cuentan con recursos limitados para enfrentar problemas sanitarios.

Los especialistas también observan que la variabilidad climática aumenta la frecuencia de escenarios favorables para las enfermedades fúngicas. Episodios de lluvias intensas, humedad prolongada y cambios de temperatura pueden extender el período de riesgo y exigir un seguimiento más frecuente del estado sanitario de los cultivos.

En Bolivia, donde buena parte del café se produce bajo sistemas de sombra en zonas montañosas, el manejo del microclima dentro del cafetal resulta tan importante como el control directo del hongo. Una plantación con buena circulación de aire reduce la permanencia de humedad sobre hojas y frutos, dificultando el desarrollo del patógeno.

Las prácticas culturales siguen siendo la primera herramienta de defensa

Los técnicos recomiendan adoptar un manejo integrado, priorizando medidas preventivas antes de que aparezcan los síntomas. Entre ellas se encuentran las podas para mejorar la ventilación, la eliminación de ramas y frutos enfermos, una fertilización equilibrada que fortalezca la planta y el uso de material vegetal sano.

El hongo que puede recortar la cosecha de café vuelve a preocupar a los productores bolivianos

Cuando las condiciones climáticas favorecen la enfermedad, también puede ser necesario recurrir a fungicidas autorizados, siempre dentro de un programa técnico que combine monitoreo permanente y aplicaciones oportunas.

El café boliviano ha logrado posicionarse por su calidad en nichos especializados, una ventaja que depende tanto del manejo agronómico como de la sanidad de las plantaciones. Mantener la antracnosis bajo control no solo ayuda a conservar el volumen de producción, sino también el valor comercial de un grano que encuentra cada vez más oportunidades en los mercados internacionales.

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