Producción de arroz

El arroz brasileño enfrenta costos críticos y Paraguay acelera la presión regional

Productores e industrias reclaman crédito más barato y mejoras logísticas ante márgenes ajustados y una competencia regional que redefine el negocio.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

El sector arrocero de Brasil elevó sus reclamos de cara al próximo gobierno ante un escenario marcado por tasas de interés elevadas, costos de producción que en algunas regiones rozan los R$ 100 por bolsa y una creciente competencia del arroz paraguayo. Productores, industriales y analistas advierten que recuperar competitividad será decisivo para evitar una pérdida de superficie y sostener una cadena con márgenes cada vez más estrechos.

El diagnóstico atraviesa prácticamente todos los eslabones del negocio. El financiamiento rural, la logística, los impuestos, el seguro agrícola y la apertura de nuevos destinos comerciales aparecen entre los puntos que el sector considera prioritarios para mejorar su capacidad de competir dentro y fuera de Brasil.

Para la Federación de Asociaciones de Productores de Arroz de Rio Grande do Sul (Federarroz), una de las urgencias está en el costo financiero. Su presidente, Denis Dias Nunes, sostuvo que las tasas del crédito rural deberían ubicarse por debajo de los dos dígitos, una condición que considera necesaria para preservar la viabilidad económica de la actividad.

La preocupación adquiere mayor peso en un cultivo intensivo en capital y expuesto tanto a las oscilaciones del mercado como a eventos climáticos. Con tasas altas, financiar insumos, tecnología y capital de trabajo agrega presión sobre una estructura productiva que ya opera con poco margen para absorber pérdidas.

Costos de hasta R$ 100 por bolsa dejan al productor con escaso margen

El costo de producir arroz muestra fuertes diferencias regionales, pero los números exponen el desafío. Según el analista Evandro Oliveira, de SAFRAS & Mercado, en algunas zonas de Tocantins el costo puede acercarse a R$ 100 por bolsa, mientras que en Rio Grande do Sul ronda los R$ 80 en establecimientos ubicados fuera de los polos de mayor eficiencia.

Ese nivel obliga a alcanzar rendimientos elevados para sostener la rentabilidad. Una baja de precios, un incremento de la oferta o un problema climático pueden modificar rápidamente el resultado económico de la campaña.

La ecuación también está cambiando por el avance de Paraguay. El país vecino logró mejorar su eficiencia productiva y dispone de ventajas de costos y ubicación que facilitan la llegada de su arroz a importantes centros consumidores del Sudeste brasileño.

Para los productores brasileños, la competencia paraguaya ya dejó de ser un factor secundario. Las diferencias logísticas, tributarias y productivas pueden terminar incidiendo en las decisiones de siembra si el arroz nacional pierde capacidad para competir en su propio mercado.

La respuesta, sin embargo, no necesariamente pasa por restringir las importaciones. Entre los especialistas gana peso la idea de corregir los factores internos que encarecen al producto brasileño y ampliar las posibilidades de colocar excedentes en el exterior.

Brasil cuenta con regiones de elevada capacidad productiva, especialmente Rio Grande do Sul, Santa Catarina y determinados polos de Tocantins. El desafío está en conectar esa producción con los mercados a costos que permitan competir con otros grandes proveedores.

En Tocantins, por ejemplo, zonas como Formoso do Araguaia y Lagoa da Confusão producen arroz de calidad, pero las dificultades para acceder de manera eficiente a los puertos del Norte limitan su potencial exportador. Una mayor utilización del transporte ferroviario e hidroviario, junto con mejoras portuarias, podría modificar esa ecuación.

La apertura de mercados internacionales aparece además como una herramienta para administrar los excedentes. Una mayor capacidad exportadora permitiría reducir la presión de oferta sobre el mercado interno cuando la producción supera el consumo y evitaría que todo el ajuste recaiga sobre los precios recibidos por el productor.

La industria advierte que la pérdida de competitividad ya llegó a las plantas

El problema no termina cuando el arroz sale del campo. Las industrias procesadoras también enfrentan aumentos en energía, transporte, impuestos y otros costos operativos que reducen sus márgenes.

Desde el Sindicato de las Industrias de Arroz de Santa Catarina (SindArroz-SC), su presidente, Walmir Rampinelli, advirtió que la previsibilidad tributaria, jurídica y laboral se volvió un componente central para las decisiones empresariales.

La industria sostiene que una cadena competitiva necesita resultados económicos sostenibles tanto para quien produce como para quien procesa y comercializa. Si el costo agrícola obliga a vender el grano a valores elevados mientras las plantas enfrentan mayores gastos industriales y logísticos, el margen disponible se comprime antes de que el producto llegue al consumidor.

Por eso, los pedidos trascienden una ayuda puntual. El sector busca crédito rural más accesible, seguro agrícola fortalecido, infraestructura eficiente, reglas previsibles y nuevos mercados externos que permitan reducir la vulnerabilidad frente a las oscilaciones de precios.

La discusión será especialmente relevante para Rio Grande do Sul, principal núcleo arrocero brasileño, pero también para Santa Catarina y Tocantins. La posibilidad de sostener superficie, inversión y tecnología dependerá cada vez más de cuánto pueda reducirse la brecha de costos frente a los competidores regionales.

Con Paraguay consolidándose como proveedor competitivo y los gastos internos todavía elevados, Brasil enfrenta el desafío de transformar su capacidad productiva en competitividad comercial. Para el arroz, la próxima disputa no será únicamente por producir más, sino por determinar quién puede hacerlo, financiarlo y llevarlo al mercado al menor costo.

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