Agricultura

Una señal de los nematodos puede "preparar" las defensas de los cultivos: la tecnología que avanza hacia el campo

Los ascarósidos activan mecanismos naturales de defensa sin atacar directamente al patógeno. La tecnología ya avanza hacia tratamientos de semillas y biofungicidas.

Luis Ernesto Delgado
Redactor con base en EE.UU. que cubre mercados agrícolas, comercio agroalimentario y políticas públicas con foco internacional.

Una molécula que los nematodos utilizan naturalmente para comunicarse bajo el suelo está dando un salto inesperado hacia la protección de cultivos. Se trata de los ascarósidos, pequeñas señales químicas capaces de ser percibidas por las plantas y de preparar sus mecanismos de defensa antes de que ocurra el ataque de determinados patógenos.

El interés agronómico está precisamente en su mecanismo. No necesitan actuar como un fungicida convencional que elimina directamente al patógeno. Algunas de estas moléculas funcionan como una señal de advertencia que coloca a la planta en un estado de preparación inmunológica y permite que responda con mayor velocidad cuando posteriormente aparece una infección.

La tecnología todavía está atravesando el camino entre investigación, registros y comercialización, pero ya consiguió algo que suele determinar el futuro de una innovación agrícola: comenzó a atraer capital, acuerdos de desarrollo y ensayos orientados a mercados agrícolas de gran escala.

Nematodo en tejido radicular de una planta observado al microscopio

Nematodo en tejido radicular de una planta observado al microscopio

Del lenguaje de los nematodos a las defensas de una planta

Los ascarósidos son feromonas glicolipídicas naturales producidas por nematodos que viven en el suelo. Estos organismos las utilizan como una suerte de sistema de comunicación química para regular procesos como desarrollo, comportamiento, dispersión de poblaciones y respuesta frente a situaciones de estrés.

Pero las señales no son detectadas exclusivamente por otros nematodos.

Las plantas también pueden percibir determinados ascarósidos. Al reconocerlos, pueden interpretar su presencia como una advertencia y preparar anticipadamente sus sistemas de defensa.

Entre las diferentes moléculas estudiadas, una de las que mayor atención está recibiendo es ascr#18.

Investigaciones desarrolladas por científicos vinculados al Boyce Thompson Institute y otras instituciones encontraron que ascr#18 puede producir cambios a nivel de la cromatina que facilitan el acceso de la maquinaria de transcripción a genes relacionados con las defensas vegetales.

En términos agronómicos, la idea es particularmente interesante: la planta no mantiene permanentemente activada toda su respuesta defensiva, sino que queda preparada para reaccionar con mayor rapidez cuando aparece la amenaza real.

Eso busca resolver uno de los problemas clásicos de la fisiología vegetal: destinar recursos a defensa puede tener costos sobre crecimiento y desarrollo.

La investigación citada en el material sostiene que el mecanismo de ascr#18 consigue mejorar la capacidad defensiva sin generar un costo equivalente sobre el crecimiento, una característica que explica buena parte del interés científico y comercial.

Ascarósido ascr18 y mecanismo de defensa de las plantas

Ascarósido ascr18 y mecanismo de defensa de las plantas

De una molécula natural a una herramienta agrícola

El salto relevante ahora ocurre fuera del laboratorio.

Los ascarósidos están siendo evaluados para diferentes formas de aplicación, entre ellas tratamientos foliares y tratamientos de semillas, además de combinaciones con otros productos de protección de cultivos.

Los ensayos reportados en maíz y soja indican reducciones en la severidad de enfermedades fúngicas y mejoras de rendimiento después de aplicaciones de ascr#18. También se informa que el tratamiento de semillas puede generar efectos protectores que continúan durante etapas posteriores del desarrollo.

Sin embargo, esos resultados deben interpretarse con cautela. La documentación disponible resume resultados experimentales y comerciales, pero no aporta en todos los casos los datos completos de cada ensayo, ambientes, tratamientos, repeticiones y análisis estadísticos necesarios para extrapolarlos directamente a los sistemas productivos latinoamericanos.

La fotografía experimental incluida en el material, por ejemplo, muestra una planta sin tratamiento junto a otra tratada con ascr#18, con una diferencia visual muy marcada. La propia imagen está atribuida al Boyce Thompson Institute. Es una demostración visual interesante del concepto, pero una fotografía comparativa por sí sola no constituye evidencia suficiente para establecer eficacia agronómica a escala comercial.

Los ascarósidos avanzan como una nueva alternativa para el tratamiento de semillas, con un mecanismo basado en la activación de las defensas naturales del cultivo.

Los ascarósidos avanzan como una nueva alternativa para el tratamiento de semillas, con un mecanismo basado en la activación de las defensas naturales del cultivo.

Un biofungicida que no funciona como un fungicida tradicional

La comercialización de la tecnología comenzó a tomar forma mediante el desarrollo de Phytalix, una formulación basada en ascarósidos concebida como biofungicida.

Su característica diferencial vuelve a ser el modo de acción.

En lugar de depender exclusivamente de una acción directa contra el microorganismo, la tecnología apunta a estimular la capacidad defensiva del propio cultivo. Según la información disponible, puede utilizarse a dosis reducidas mediante aplicación foliar o tratamiento de semillas y combinarse con otros productos de protección vegetal.

La posibilidad de incorporar un mecanismo diferente adquiere importancia en estrategias de manejo integrado, particularmente frente a la aparición de resistencias.

Y el concepto de utilizar ascarósidos puede extenderse todavía más.

Otros desarrollos experimentales están utilizando estas señales no para estimular a la planta, sino para modificar el comportamiento de los propios nematodos.

Una de las estrategias busca activar nematodos entomopatógenos beneficiosos para mejorar su dispersión y capacidad de encontrar insectos plaga. Otra intenta enviar señales a nematodos parásitos de plantas para alterar su comportamiento alrededor de las raíces.

Es una diferencia conceptual importante: en lugar de intentar matar al organismo, se busca utilizar su propio sistema de comunicación química para modificar lo que hace.

Por qué la tecnología merece atención desde América Latina

Para los sistemas productivos latinoamericanos, la importancia potencial de estas tecnologías no está en reemplazar inmediatamente a los fitosanitarios convencionales.

La cuestión es que la protección de cultivos está comenzando a incorporar herramientas con modos de acción considerablemente diferentes, desde microorganismos y metabolitos hasta ARN, feromonas y moléculas señalizadoras.

Los ascarósidos entran precisamente en esta última categoría.

Además, la tecnología ya está avanzando desde investigación hacia acuerdos de comercialización. El producto desarrollado a partir de ascarósidos tiene previsto ingresar al mercado estadounidense en 2027, mientras que los planes informados para distintos mercados arroceros de Asia apuntan a lanzamientos a partir de 2029.

Detrás de ese avance aparecen dos de las mayores compañías globales de tecnología agrícola. Ahí sí -dentro del cuerpo y no en el título- corresponde mencionar a Corteva y Syngenta, porque constituye evidencia concreta de que la tecnología despertó interés industrial y no deberíamos eliminar un dato periodísticamente relevante.

En marzo de 2026, Corteva acordó una colaboración plurianual con Ascribe Bio para explorar aplicaciones de ascarósidos en tratamiento de semillas. Tres meses después, Syngenta cerró un acuerdo de desarrollo y suministro que incluye derechos exclusivos de comercialización de Phytalix para arroz y otros cultivos importantes en el sudeste asiático. Según la información disponible, esa segunda decisión estuvo precedida por cuatro años de ensayos de validación.

Además, ambas participaron previamente en el financiamiento de la compañía desarrolladora: en 2025, Ascribe Bio completó una Serie A de USD 12 millones, sobresuscripta, con participación de capital vinculado a las dos multinacionales.

Esos movimientos no demuestran todavía que los ascarósidos vayan a convertirse en una tecnología dominante. Sí muestran algo más concreto: una molécula que hasta hace pocos años pertenecía principalmente al terreno de la investigación sobre comunicación entre nematodos ya tiene detrás desarrollo de productos, capital privado, acuerdos con compañías globales y fechas previstas de llegada al mercado.

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