Avellano europeo en alza y cáscaras con valor: ciencia chilena abre mercado a bioproductos
Con una producción récord y un crecimiento del 30%, Chile avanza en el aprovechamiento de las cáscaras de avellana y nuez como fuente de compuestos antioxidantes para la industria agroalimentaria.
La fruticultura chilena vive un momento expansivo con el avellano europeo (Corylus avellana L.) a la cabeza. En la última temporada, el país alcanzó un récord histórico de producción, con un aumento del 30 % respecto de la campaña anterior, impulsado por variedades más productivas, condiciones climáticas favorables y apoyo institucional.
Pero este crecimiento también plantea un nuevo desafío: gestionar grandes volúmenes de subproductos que, hasta ahora, eran descartados. Frente a ese panorama, la ciencia nacional está transformando un residuo en oportunidad.
Investigadores del Centro Fruticultura Sur y de la Universidad de La Frontera (UFRO), liderados por el Dr. Cristian Meriño, desarrollan estudios que demuestran el alto potencial de las cáscaras de avellana y nuez como fuente de fenoles, lignina, celulosa y antioxidantes naturales. Los resultados abren la puerta a nuevos bioproductos agroindustriales, alineados con la bioeconomía y la sostenibilidad regional.
De residuo agrícola a insumo bioactivo
El estudio, publicado en mayo de 2025 por la revista Resources bajo el título "Análisis antioxidante y fisico-estructural de las cáscaras de nuez (Juglans regia) y avellana (Corylus avellana L.): Implicancias para la valorización de subproductos en el sur de Chile", analizó muestras de tres temporadas consecutivas (2020/21, 2021/22 y 2022/23) en la zona sur del país.
Los investigadores evaluaron la capacidad antioxidante (ORAC) y el contenido total de fenoles (TPC), además de realizar análisis estructurales mediante microscopía electrónica y láser confocal. Los resultados fueron reveladores:
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La capacidad antioxidante más alta se registró en la temporada 2020/21,
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La variabilidad interanual fue menor en las cáscaras de avellana, lo que facilita su estandarización,
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Y el color de la cáscara mostró correlaciones directas con el contenido de fenoles, lo que sugiere que el tono superficial podría usarse como indicador natural del potencial antioxidante.
Estas conclusiones refuerzan la idea de que las cáscaras pueden convertirse en materia prima para ingredientes naturales, recubrimientos alimentarios o aditivos funcionales, transformando un subproducto sin valor comercial en un activo agroindustrial.
"El estudio demuestra que existe estabilidad estacional en las propiedades químicas de la avellana y que su correlación entre color y fenoles permite diseñar cadenas de valor reproducibles, aprovechando el residuo como fuente de compuestos bioactivos", explica el Centro Fruticultura Sur en su informe.
El Proyecto "Sostenibilidad y uso eficiente de recursos en la producción de avellano europeo", financiado por el Ministerio de Ciencia y liderado por la UFRO, busca optimizar el uso de agua y nutrientes en el cultivo, pero también valorizar los desechos agroindustriales. El equipo propone integrar los resultados a modelos de economía circular, que podrían aplicarse en cooperativas y plantas procesadoras del sur de Chile.
Además de su valor antioxidante, los estudios encontraron diferencias estructurales en la distribución de celulosa y lignina entre avellanas y nueces, lo que amplía su posible aplicación en biomateriales, empaques ecológicos y productos cosméticos naturales.
La línea de investigación refuerza el objetivo de reducir la huella ambiental de la fruticultura y aumentar el valor agregado de los cultivos chilenos. En palabras del Dr. Meriño, "la innovación en el uso de subproductos permite transformar la sobreproducción en oportunidad, sumando ingresos y evitando el desperdicio".
Con el crecimiento sostenido del avellano europeo, Chile se consolida como referente del hemisferio sur en este cultivo. El país no solo exporta avellanas de alta calidad, sino que ahora abre un nuevo frente de negocios basado en ciencia aplicada, capaz de convertir lo que antes era un residuo en una fuente de biocompuestos de alto valor para la industria alimentaria, farmacéutica y cosmética.

