Brasil acelera su reposicionamiento para liderar la agricultura baja en carbono
El país fortalece certificaciones, innovación y financiamiento verde para capturar valor en el mercado global de carbono y avanzar hacia una producción sostenible.
El sector agroindustrial brasileño atraviesa un momento decisivo mientras el país se prepara para capturar oportunidades en la economía global de bajas emisiones. Con un enfoque que combina certificaciones ambientales, innovación tecnológica y nuevas herramientas financieras, Brasil busca consolidar un modelo productivo capaz de generar valor económico, credibilidad internacional y competitividad sostenible en el mercado de carbono, uno de los segmentos de mayor crecimiento a nivel mundial.
La combinación de extensa superficie agrícola, altos niveles de conservación de vegetación nativa y un sólido ecosistema científico-técnico coloca a Brasil en una posición estratégica. Programas como el Plan ABC+, orientado a promover prácticas de agricultura baja en carbono, y la ZARC (Zonificación Agrícola para la Gestión del Riesgo Climático) permiten a los productores tomar decisiones informadas frente a eventos climáticos extremos. En el plano internacional, destacan iniciativas como RAIZ, presentada en la COP30, y los Planes de Aceleración de Soluciones (PAS), centrados en ganadería sostenible y captura de carbono. También sobresalen las innovaciones de Embrapa, el sello de Carne Baja en Carbono, y las alianzas tecnológicas -como CropLife Brasil + IICA- que fomentan la expansión del crédito verde.
Un estudio de ICC Brasil y WayCarbon estima que el país podría abastecer hasta el 48,7 % de la demanda mundial de créditos voluntarios de carbono al 2030, generando ingresos superiores a US$ 120 mil millones.
DESAFÍOS PARA CONSOLIDAR UN MERCADO DE CARBONO CREÍBLE
Para aprovechar ese potencial, el agronegocio brasileño enfrenta desafíos que condicionan la consolidación de un mercado ambientalmente sólido. Entre los principales obstáculos señalados por Rabobank, se encuentran las incertidumbres en la tenencia de la tierra, que generan riesgos legales y reputacionales; las dificultades de implementación del Código Forestal, que requieren mayor monitoreo y transparencia; la necesidad de adaptar los sistemas MRV (Medición, Reporte y Verificación) a la agricultura tropical; y la falta de claridad del mercado voluntario, cuya volatilidad complica la formación de precios y la liquidez de los créditos.
Uno de los puntos más críticos es la validación del CAR (Registro Ambiental Rural), indispensable para acceder tanto al mercado de carbono como a certificaciones ambientales y sociales vinculadas a cadenas de exportación, como RenovaBio, RTRS (soja responsable), ABR (algodón) y los requisitos del EUDR europeo para productos libres de deforestación. Sin un CAR validado, los procesos de regularización ambiental se ralentizan y disminuye la confianza en la integridad de los créditos, afectando su precio y su capacidad de negociación internacional.
Para Roberto Strumpf, gerente de Carbon Bank -programa que acompaña a los clientes de Rabobank en su entrada al mercado de carbono-, el CAR es la llave de acceso a financiamiento verde, seguros agrícolas y oportunidades vinculadas a la bioeconomía. "Sin un CAR activo y validado, se paralizan los procesos de certificación y aumenta el riesgo percibido de estos proyectos", señaló.
El ejecutivo subraya también la importancia de la capacitación técnica y la transferencia de tecnología. La expansión de la agricultura verde exige profesionales capaces de manejar metodologías de medición de carbono, realizar auditorías ambientales y operar herramientas digitales de monitoreo, componentes esenciales para garantizar trazabilidad y precisión.
A pesar de las dificultades, las oportunidades están madurando. Productores que participan en proyectos de reducción y captura de emisiones reportan mejoras en productividad y eficiencia gracias a prácticas como la recuperación de pastos, la integración agrícola-ganadera-forestal, la eficiencia en el uso de insumos y la gestión regenerativa del suelo. Además de los créditos de carbono, estas prácticas generan beneficios productivos directos y fortalecen la resiliencia frente al cambio climático.
Rabobank sostiene que el futuro de la agricultura brasileña pasa por integrar las finanzas verdes -bonos verdes, créditos de carbono, líneas de crédito sostenibles- en las estrategias de expansión y modernización. Programas como el Fondo AGRI3 y Renova Pasto ejemplifican esa tendencia, apoyando la recuperación de áreas degradadas y la protección forestal mediante instrumentos financieros alineados con criterios ambientales.
Con innovación, coordinación institucional y capital orientado a la sostenibilidad, Brasil tiene el potencial de transformarse en un referente global en agricultura baja en carbono. La consolidación de este modelo dependerá de avanzar en seguridad jurídica, estandarización, datos fiables y transparencia, elementos indispensables para una economía agroindustrial más rentable, responsable y climáticamente eficiente.

