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Brasil desarrolla biosensor para acelerar control biológico de plagas agrícolas

Un desarrollo universitario permite identificar en minutos moléculas con potencial bioinsecticida y abre nuevas oportunidades para el control sostenible de plagas agrícolas.

Ana Silva
Periodista agropecuaria especializada en sostenibilidad, innovación y desarrollo rural en América Latina.

La búsqueda de alternativas más eficientes y sostenibles para el control de plagas agrícolas dio un paso relevante en Brasil con el desarrollo de un biosensor capaz de detectar rápidamente compuestos naturales con actividad bioinsecticida. La tecnología, creada por investigadores de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar), promete reducir costos y tiempos en la identificación de moléculas con potencial para la formulación de nuevos biopesticidas.

El dispositivo está diseñado para identificar inhibidores de la enzima acetilcolinesterasa (AChE), un componente esencial en el sistema nervioso de los insectos y uno de los principales blancos en el desarrollo de insecticidas. Detectar compuestos que actúan sobre esta enzima es clave para encontrar sustancias que puedan controlar poblaciones de plagas sin recurrir a químicos sintéticos de alto impacto ambiental.

A diferencia de los métodos tradicionales, como la cromatografía de bioafinidad o análisis complejos en laboratorio, el nuevo biosensor utiliza un electrodo de carbono impreso modificado con nanopartículas de oro recubiertas de glutatión. Esta configuración permite inmovilizar la enzima manteniendo su actividad biológica y aumentando la sensibilidad de las mediciones.

La estabilización de la AChE fue uno de los principales desafíos técnicos. Según el equipo científico, la incorporación de nanopartículas de oro no solo preservó la funcionalidad enzimática, sino que también mejoró la respuesta electroquímica del sensor, lo que facilita bioensayos directos con extractos vegetales.

Durante las pruebas de validación, el sistema fue evaluado inicialmente con azadiractina, un compuesto natural presente en la planta Azadirachta indica (neem), ampliamente estudiado por su acción insecticida. Posteriormente, se aplicó a extractos de distintas especies vegetales con potencial bioactivo, logrando identificar tasas de inhibición enzimática significativas.

Los resultados mostraron inhibiciones de entre 41 % y 55 % en determinadas muestras, valores que indican potencial aplicación en el desarrollo de bioinsumos. Además, el método permitió aislar compuestos asociados al efecto observado, lo que agiliza la etapa de prospección molecular.

La principal ventaja del biosensor es su menor complejidad operativa y costo reducido frente a técnicas convencionales. Esto abre la posibilidad de ampliar la exploración de moléculas naturales provenientes de la biodiversidad brasileña, uno de los activos estratégicos del país en la carrera global por insumos agrícolas más sostenibles.

El avance se inscribe en un contexto de creciente demanda por bioinsecticidas y soluciones de bajo impacto ambiental, especialmente en sistemas productivos que buscan reducir residuos químicos, cumplir con regulaciones internacionales más estrictas y responder a consumidores que exigen prácticas agrícolas responsables.

Brasil, uno de los mayores productores agrícolas del mundo, enfrenta el desafío de mantener altos niveles de productividad con menor presión ambiental. En ese escenario, herramientas que permitan acelerar la identificación de compuestos naturales ofrecen una ventaja competitiva, tanto para la investigación científica como para la industria de bioinsumos.

El desarrollo de tecnologías como este biosensor también puede fortalecer la articulación entre universidades, laboratorios y empresas del sector agrícola, impulsando innovación aplicada al campo. La capacidad de detectar rápidamente moléculas prometedoras reduce el tiempo entre la investigación básica y la transferencia tecnológica.

En un mercado global que avanza hacia la intensificación sostenible, la combinación de biotecnología, electroquímica y agricultura de precisión se posiciona como uno de los pilares del nuevo modelo productivo. El biosensor desarrollado en Brasil se suma a esa tendencia y refuerza el papel de la ciencia en la construcción de soluciones concretas para el manejo de plagas.

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