Un estudio mide el déficit de carbono que dejó el cambio de uso del suelo en Brasil
La conversión de vegetación nativa en áreas agrícolas dejó un déficit récord de carbono en el suelo brasileño, pero el estudio identifica margen para revertirlo.
La conversión de vegetación nativa en áreas agrícolas y ganaderas en los seis biomas de Brasil provocó un déficit de 1.400 millones de toneladas de carbono en los primeros 30 centímetros del suelo, una pérdida equivalente a 5.200 millones de toneladas de CO equivalente. Así lo revela un estudio publicado en la revista Nature Communications, que además identifica zonas y sistemas productivos con alto potencial de recarbonización.
La investigación se basó en una revisión de más de 370 estudios científicos y en el análisis de 4.290 muestras de suelo recolectadas en distintas profundidades y regiones del país. El trabajo fue desarrollado por científicos de la Universidade de São Paulo, a través de la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz (Esalq) y del Centro de Estudios de Carbono en Agricultura Tropical (CCarbon), junto con la Embrapa y la Universidad Estadual de Ponta Grossa.
Se trata de la primera estimación que reconstruye los stocks de carbono del suelo antes de la intervención humana, permitiendo medir con precisión el impacto del avance agrícola sobre áreas originalmente cubiertas por vegetación nativa. El análisis muestra que los biomas del Cerrado y la Mata Atlántica concentran el mayor potencial para recuperar carbono en el suelo, lo que los posiciona como regiones clave para políticas de mitigación climática.
Los resultados también evidencian que los sistemas productivos más intensificados y diversificados presentan menores pérdidas de carbono. La conversión de vegetación nativa a monocultivos implicó una reducción promedio del 22% de la materia orgánica, mientras que en sistemas integrados de producción agrícola-ganadera la pérdida fue del 8,6%. En el caso de la siembra directa, la disminución del carbono fue del 11,4%, frente al 21,4% registrado bajo labranza convencional.
El estudio confirma además que el clima influye de manera decisiva en la dinámica del carbono del suelo. Las regiones más frías y húmedas, como el Pampa y la Mata Atlántica, presentan mayores stocks de carbono que los biomas tropicales como el Cerrado, la Caatinga, el Pantanal y la Amazonia. A su vez, las áreas con mayores niveles iniciales de carbono son las que sufrieron las pérdidas más significativas tras el cambio de uso del suelo.
Según los investigadores, alrededor del 72% del potencial de recarbonización se concentra en el Cerrado y la Mata Atlántica. En términos cuantitativos, el Cerrado podría aportar 0,53 mil millones de toneladas de carbono, mientras que la Mata Atlántica sumaría 0,48 mil millones de toneladas. Recuperar incluso un tercio de ese potencial permitiría a Brasil cumplir con los objetivos de reducción de emisiones comprometidos en sus Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC) del Acuerdo de París hacia 2035.
El trabajo también aporta insumos relevantes para el desarrollo del mercado de carbono en Brasil. Al dimensionar el "stock" de carbono perdido, los autores sostienen que es posible estimar el valor económico de su recuperación, lo que podría convertirse en un incentivo para atraer inversiones vinculadas a la economía de la descarbonización y a la adopción de prácticas agropecuarias más sostenibles.
Más allá de la cuantificación, el estudio refuerza el rol de la agricultura como parte de la solución climática, al demostrar que la intensificación sostenible, la diversificación productiva y los sistemas integrados pueden reducir pérdidas históricas y contribuir activamente a la captura de carbono en el suelo, sin resignar productividad.

