Brasil redefine su estrategia de insumos: apuesta por producir más fertilizantes y reducir su dependencia externa hacia 2050
El país proyecta duplicar su capacidad interna de producción para acompañar la expansión agrícola y disminuir la vulnerabilidad que implica importar casi todo lo que consume.
Brasil inició un giro estratégico para asegurar el suministro de un insumo central para su agricultura: los fertilizantes. Con un consumo que ya supera las 45 millones de toneladas anuales y una dependencia externa cercana al 90%, el gobierno activó una hoja de ruta para fortalecer la producción interna y reducir la participación de las importaciones a la mitad hacia 2050.
La perspectiva fue expuesta por investigadores de Embrapa Solos durante la presentación de un estudio sobre la industria de petroquímicos y fertilizantes. La conclusión es clara: si Brasil pretende sostener el crecimiento del agronegocio -sector que impulsa buena parte de su PBI y su balanza comercial- necesitará contar con una base productiva propia capaz de responder a una demanda que podría alcanzar 77 millones de toneladas en los próximos 25 años.
El Plan Nacional de Fertilizantes, lanzado por el gobierno, plantea un conjunto de medidas para reactivar la industria local, atraer inversiones y ofrecer condiciones de estabilidad para nuevos proyectos. La visión de Embrapa es que esta política representa un punto de inflexión después de décadas en las que la producción nacional fue relegada en favor de las importaciones.
Los especialistas sostienen que reducir la dependencia externa no es solo una cuestión económica, sino también de seguridad alimentaria. La guerra en Ucrania, las tensiones geopolíticas y los cuellos logísticos evidenciaron la fragilidad de depender casi totalmente de proveedores extranjeros de potasio, nitrógeno y fósforo.
Río de Janeiro como polo para la nueva industria
Dentro del plan federal, Río de Janeiro aparece como uno de los territorios con mayor potencial para ampliar la producción nacional. El estado concentra importante disponibilidad de gas natural, recurso esencial para la fabricación de fertilizantes nitrogenados.
Empresarios del sector sostienen que, con reglas claras y estímulos de inversión, Brasil podría avanzar hacia un mapa industrial más equilibrado, con polos productivos próximos a las principales regiones agrícolas.
El costo ambiental del fertilizante importado
El Ministerio de Agricultura también sumó un argumento climático a la discusión. Según funcionarios de la cartera, transportar fertilizantes desde otros continentes eleva en más de 90% las emisiones asociadas al insumo, especialmente en el caso del potasio.
Aumentar la producción local permitiría reducir la huella logística, descomprimir puertos y evitar la exposición a interrupciones del comercio marítimo.
Un desafío monumental para las próximas décadas
Duplicar la producción nacional implica:
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habilitar nuevos complejos industriales,
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modernizar plantas en operación,
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garantizar acceso competitivo al gas,
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facilitar licencias ambientales,
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y atraer capital privado en un sector de alta inversión inicial.
Aun así, especialistas coinciden en que Brasil cuenta con condiciones naturales y productivas para avanzar en esa dirección, y que el crecimiento agrícola del país -basado en soja, maíz, algodón, carnes y bioenergía- dependerá de contar con un sistema de fertilización más autónomo y resiliente.
El desafío está planteado: construir una industria capaz de abastecer más de la mitad de la demanda nacional para 2050 y reducir la vulnerabilidad de un insumo que define la productividad del campo brasileño.

