Brasil produce más naranjas, pero el clima y el HLB golpean al sector
La cosecha creció 27% y llegó a 292 millones de cajas, aunque sequía, fruta caída y enfermedades limitaron el resultado final.
Brasil cerró la campaña 2025-2026 de naranjas con una producción de 292 millones de cajas en el cinturón citrícola de São Paulo y el suroeste de Minas Gerais, según el último relevamiento de Fundecitrus. El volumen representa un aumento del 27% frente a la temporada anterior, pero quedó 7% por debajo de la previsión inicial. El dato importa porque Brasil consolida su peso en el mercado citrícola mundial, aunque enfrenta límites cada vez más visibles por sequía, caída prematura de fruta y avance del Huanglongbing (HLB).
La recuperación productiva marca un alivio para una industria que venía de campañas complejas. Sin embargo, el resultado final muestra que el crecimiento no fue pleno. La falta de lluvias durante buena parte del ciclo redujo el tamaño de la fruta, mientras que los problemas sanitarios afectaron la permanencia de los frutos en los árboles.
El informe muestra un predominio de las variedades tardías. Valencia y Folha Murcha lideraron la campaña con 104 millones de cajas, seguidas por la variedad Pera, con 87 millones. Las naranjas tempranas -Hamlin, Westin y Rubi- alcanzaron 46 millones de cajas, mientras que la variedad Natal sumó 37 millones.
Esta distribución confirma el peso de las variedades tardías dentro de la citricultura brasileña, aunque también expone una vulnerabilidad: fueron justamente esos lotes los que permanecieron más tiempo en los árboles y quedaron más expuestos a condiciones adversas.
Entre mayo de 2025 y marzo de 2026, la precipitación acumulada fue de 1.135 milímetros, un nivel 13% inferior al promedio histórico. Esa menor disponibilidad de agua afectó el desarrollo de las naranjas y redujo su calibre. Como resultado, una caja estándar de 90 libras contuvo en promedio 266 frutos, frente a los 258 previstos inicialmente. Es decir, hubo más naranjas por caja porque fueron más pequeñas de lo esperado.
Aun así, las lluvias registradas a comienzos de 2026 ayudaron a mejorar parcialmente el desarrollo de las variedades que todavía estaban en los árboles. Ese alivio permitió compensar parte de las pérdidas acumuladas, aunque no alcanzó para cumplir con la estimación inicial.
El problema sanitario fue otro factor determinante. La campaña registró una caída de fruta del 23%, la más alta en once temporadas. Detrás de ese fenómeno aparece el avance del HLB, una de las enfermedades más severas para los cítricos. Según el reporte, el enverdecimiento provocó pérdidas estimadas en 49,6 millones de cajas, equivalentes al 56% de la fruta afectada. En total, la caída prematura representó cerca de 88 millones de cajas perdidas.
El ritmo de cosecha también influyó en el balance final. La presencia de árboles con floración secundaria y la decisión de esperar una maduración óptima demoraron parte de las tareas. Esa estrategia buscó mejorar la calidad, pero aumentó la exposición de la fruta a estrés climático y sanitario.
Para la industria, el resultado deja una doble lectura. Por un lado, Brasil logró un fuerte rebote productivo y sostiene su liderazgo en la citricultura global. Por otro, la brecha entre la previsión inicial y el volumen final confirma que el sector opera con riesgos crecientes.
La próxima etapa exigirá mayor inversión en manejo sanitario, monitoreo climático, investigación genética y variedades más resistentes. El desafío no será solo producir más, sino reducir las pérdidas antes de la cosecha y preservar la calidad de la fruta en un escenario agrícola cada vez más exigente.

