Colombia

Caficultoras colombianas avanzan, pero el crédito y la tierra siguen fuera de su alcance

Aunque ganan espacio en la producción y liderazgo cafetero, miles de mujeres aún enfrentan barreras para financiar sus proyectos y formalizar sus fincas en el Huila.

AgroLatam
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En las laderas cafeteras del Huila, donde los cultivos se expanden sobre quebradas montañosas, miles de mujeres siguen abriéndose paso en un sector que históricamente les ha dado poco espacio. Hoy administran fincas, fundan cooperativas y crean marcas propias, pero esa presencia creciente convive con barreras profundas: acceso limitado al crédito, falta de títulos de propiedad y una carga doméstica que sigue recayendo sobre ellas.

El momento del café colombiano es excepcional. Los granos de arábica alcanzaron precios históricos tras un año marcado por aranceles temporales de Estados Unidos al café brasileño y por cosechas debilitadas a nivel global. La producción de Colombia llegó a 15 millones de sacos en los últimos 12 meses, un 14% más que el año anterior, y las exportaciones superaron los 13,4 millones de sacos, con Estados Unidos como principal destino.

Ese dinamismo también abrió nuevas puertas para las mujeres. Hoy representan casi un tercio de los caficultores registrados, y por primera vez en décadas dirigen comités regionales dentro de la Federación Nacional de Cafeteros. Sin embargo, su liderazgo todavía no se traduce en mayor poder de decisión ni mejor acceso a recursos.

Entre el campo y las tareas del hogar

Para Nery Muñoz, líder de una asociación en Palestina (Huila), el mayor obstáculo no está en el mercado, sino en la rutina cotidiana.

"Soy caficultora, madre y abuela a la vez. Si debo asistir a una capacitación, antes dejo lista toda la comida del día", cuenta. Su caso refleja lo que enfrentan miles de mujeres: dobles y triples jornadas que limitan la posibilidad de profesionalizarse o escalar en la cadena de valor.

En el departamento del Huila, además, el avance femenino convive con una situación de seguridad frágil, marcada por el conflicto armado y economías ilícitas. Ahí, construir una empresa desde cero implica riesgos adicionales.

Cooperativas que crecen lento

En Pitalito, Yineth Sánchez y un grupo de mujeres tardaron casi un año en formalizar su cooperativa Asoproca. No fue la burocracia: fue la falta de herramientas técnicas y jurídicas.

"Perdimos oportunidades de programas públicos por no estar registradas a tiempo", reconoce. En su caso, la falta de formación operativa y administrativa pesó tanto como la ausencia de recursos.

Algo similar ocurre en la Asociación Asmuer, liderada por Blanca Elcy Ome, integrada por mujeres rurales y desplazadas por el conflicto. Lograron lanzar su propia marca, obtener maquinaria y avanzar hacia la integración de la cadena productiva, pero el próximo paso -abrir una cafetería- requiere un crédito. Y ahí aparece el gran muro.

Crédito: una puerta que sigue cerrada

En Colombia, solo entre el 17% y el 20% de los habitantes rurales acceden a crédito formal, según Asobancaria. La brecha de género no es enorme, pero sí estructural: mujeres sin títulos de propiedad, con baja educación formal o sin historial financiero enfrentan mayores dificultades.

"Existen sesgos cognitivos entre los asesores", señala Jaime Rincón, de Asobancaria. "Una mujer tímida o sin papeles de propiedad es considerada un riesgo mayor".

Aunque las mujeres presentan menores índices de mora, rara vez reciben mejores condiciones. Y sin crédito, la expansión productiva se frena: el 59% de las caficultoras cultiva menos de una hectárea, frente al 51,2% de los hombres.

El caso de Edmy Yojana Correa, productora certificada con sello Rainforest Alliance, es recurrente. A pesar de su manejo ambiental y calidad del café, un banco privado le negó el préstamo que necesitaba para sostener la fertilización y la mano de obra. Solo accedió a financiamiento cuando un técnico de la Federación le mencionó una línea especial del Banco Agrario.

"Si no me lo decían, nunca me enteraba", reconoce. El crédito obtenido -unos US$2.000 con garantía de Finagro- alcanza para preparar la próxima cosecha, pero no para crecer.

Un avance real, pero insuficiente

En los últimos tres años, Finagro ha destinado casi US$300 millones a proyectos liderados por mujeres, y el número de beneficiarias va en aumento. Pero la informalidad rural y la falta de garantías frenan la escalabilidad de esos programas.

El desafío también es comercial. Mientras las cooperativas femeninas luchan por colocar su café a precios que reconozcan el trabajo detrás de cada grano, los productores integrados a la Federación se benefician de mejor logística, acceso a mercados y diferenciación.

"Hay clientes para nuestro café; solo debemos encontrarlos", resume Blanca antes de viajar a una feria en Bogotá.

A medida que el mundo paga cada vez más por el café colombiano, las mujeres que sostienen buena parte de esa producción siguen esperando participar plenamente de las ganancias. Sus historias revelan un sector dinámico, pero con brechas que limitan su potencial.

El crecimiento avanza, pero la igualdad -crédito, tierra, liderazgo, tiempo propio- todavía está lejos de la finca.

AgroLatam.com
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