Chile

Calama y San Pedro de Atacama avanzan en un modelo que reduce hasta 40% el uso de agua en agricultura

Un proyecto con apoyo internacional aplica tecnología y manejo local para enfrentar la crisis hídrica que golpea al Loa y proteger la agricultura tradicional.

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La agricultura del norte de Chile enfrenta uno de los escenarios más críticos de su historia reciente. La pérdida de dos tercios del caudal del río Loa, sumada a una reducción cercana al 50 % de la actividad agrícola en las últimas décadas, ha colocado a las comunidades de Calama y San Pedro de Atacama frente a una amenaza existencial. En este contexto, surge un Modelo de Gestión Agro-Hídrica diseñado para responder a la crisis mediante una combinación inédita de tecnología, prácticas locales y cooperación internacional, con el objetivo de asegurar la continuidad de la producción en el desierto más árido del mundo.

El proyecto, liderado por Codesser, UC Davis Chile y la Universidad Católica del Norte, con apoyo del Comité Corfo Antofagasta y bajo mandato de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), se implementó en predios piloto de Alto El Loa y San Pedro de Atacama. A diferencia de iniciativas anteriores que quedaban en diagnósticos, este programa trasladó soluciones directamente al campo, integrando estaciones meteorológicas, caudalímetros, herramientas de balance hídrico, y guías para el manejo de suelos salinos y la optimización del riego. Su propósito es claro: ofrecer una hoja de ruta que reduzca entre 20 % y 40 % el consumo de agua por hectárea y disminuya en al menos 50 % las pérdidas de cosecha asociadas a la sequía durante los próximos diez años.

Para Ignacia Cassis, ejecutiva de Desarrollo Empresarial de Codesser, la iniciativa representa una oportunidad concreta para fortalecer la sustentabilidad agrícola del norte chileno, integrando saberes locales con tecnología de vanguardia. Destacó que el modelo ha permitido acercar soluciones reales a pequeños productores que históricamente han debido enfrentar solos los efectos de la escasez hídrica. El componente de transferencia de conocimientos, que incluyó a asesores de INDAP y la CNR, se convirtió en uno de los pilares más valorados por las comunidades.

El programa también sumó experiencia internacional. Especialistas de California, una región que comparte desafíos climáticos similares a los del norte de Chile, aportaron técnicas avanzadas de uso eficiente del agua en sistemas agrícolas desérticos. Ese intercambio técnico y cultural fortaleció la adaptación de las herramientas al entorno del Loa, donde la salinidad del suelo, las temperaturas extremas y la variabilidad hídrica exigen un manejo altamente especializado.

Para los productores, el impacto es tangible. Benigno Reyes, agricultor del Ayllu de Coyo en San Pedro de Atacama, recuerda que "antes cultivábamos de todo en estas tierras, pero hoy apenas queda un 30 % de lo que fue nuestra agricultura". La llegada de herramientas que permiten medir, entender y planificar el uso del agua ofrece una esperanza renovada para familias que han visto disminuir su producción año a año. Según Reyes, incorporar tecnología ya no es una opción, sino una condición indispensable para evitar que el territorio agrícola desaparezca.

El enfoque del modelo apunta a que los propios agricultores puedan analizar y decidir el uso óptimo del recurso, combinando información técnica con conocimiento ancestral. Esa integración se refleja en el trabajo con suelos salinos, donde las prácticas locales han sido claves para ajustar recomendaciones y evitar pérdidas en cultivos tradicionales de la zona.

La apuesta institucional también es clara. Para Juan Ignacio Zamorano, subdirector de Fomento Empresarial del Comité Corfo Antofagasta, impulsar soluciones innovadoras no solo es urgente frente a la crisis, sino estratégico para transformar la agricultura regional en un motor de desarrollo sostenible. El modelo, definido como un Bien Público, queda disponible para que cualquier agricultor o institución del territorio pueda adoptarlo, replicarlo o adaptarlo a nuevas zonas del país.

En esa misma línea, Jaime Gutiérrez, coordinador general de la Comisión Nacional de Riego, afirmó que el proyecto marca "un antes y un después" para las comunidades agrícolas del Loa y San Pedro de Atacama. Según explicó, se trata de una gestión hídrica integrada, donde agricultores, técnicos e instituciones trabajan con información precisa para enfrentar un escenario que ya no permite improvisaciones.

El Modelo de Gestión Agro-Hídrica se posiciona así como una respuesta replicable para la creciente crisis del agua en Chile. Su impacto no solo apunta a resguardar la producción del norte, sino a demostrar que incluso en el desierto más árido del planeta es posible sostener una agricultura resiliente, innovadora y preparada para las nuevas condiciones climáticas del país.

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