El calor ya reduce cosechas: ¿qué pasa con los alimentos?
Un informe de la ONU advierte que cada grado de aumento reduce 6% los cultivos clave y ya condiciona decisiones productivas en todo el mundo.
El calentamiento global ya está reduciendo la producción de alimentos a nivel mundial, con un impacto directo sobre cultivos como maíz, arroz, soja y trigo, cuyos rendimientos caen alrededor de 6% por cada grado adicional de temperatura. El dato surge de un informe conjunto de la FAO y la Organización Meteorológica Mundial, y resulta relevante porque confirma que el clima dejó de ser una variable futura: ya está modificando qué se produce, cuándo y en qué condiciones.
El documento advierte que más de mil millones de personas dependen de sistemas agroalimentarios expuestos al calor extremo, una presión que se intensifica a medida que suben las temperaturas. El fenómeno no solo afecta a las plantas, sino también a las condiciones de trabajo en el campo, donde en algunos casos las tareas se vuelven inviables durante las horas críticas del día.
El impacto sobre los cultivos responde a límites biológicos. Cuando las temperaturas superan los 30°C, procesos clave como la fotosíntesis y la polinización comienzan a deteriorarse. A partir de ese punto, cada grado adicional profundiza las pérdidas y reduce la productividad de forma acelerada.
El informe también advierte que el ritmo del calentamiento se acelera. 2025 figura entre los años más cálidos registrados, lo que refuerza la tendencia de eventos extremos más frecuentes e intensos.
Menos producción, más presión sobre alimentos y pesca
El deterioro en los rendimientos no es lineal. Si la temperatura global sube 2°C, la caída en la producción de los principales cultivos podría alcanzar el 12%, y con 3°C, el impacto se acercaría al 18%, sin contar efectos adicionales como sequías, plagas o degradación de suelos.
Casos recientes muestran cómo se combinan estos factores. En países como Marruecos, varios años consecutivos de sequía junto con olas de calor provocaron fuertes caídas en la producción de cereales, además de afectar otros cultivos.
El problema no se limita a la agricultura. Los océanos también están bajo presión. Las olas de calor marinas se volvieron más frecuentes, reduciendo el oxígeno en el agua y afectando las poblaciones de peces. En 2024, más del 90% de los océanos registraron al menos un evento de este tipo, con consecuencias sobre la pesca y la seguridad alimentaria.
Para millones de personas, esto implica una doble exposición: menor disponibilidad de alimentos en tierra y menor oferta de proteínas provenientes del mar.
El informe plantea que mejorar los sistemas de alerta temprana y el acceso a información climática puede ayudar a los productores a ajustar decisiones de siembra y cosecha. Sin embargo, advierte que estas herramientas no alcanzan por sí solas.
Sin una reducción sostenida de las emisiones que impulsan el calentamiento, las pérdidas en la producción de alimentos seguirán ampliándose, con impacto en precios, disponibilidad y estabilidad de los sistemas productivos.

