Chile

Chile pierde la remolacha: Iansa frena compras y golpea al agro

La decisión para 2026-2027 pone fin a más de 70 años de producción, deja a cientos de productores sin mercado y abre un debate sobre el futuro agrícola.

Camila Vergara
Periodista especializada en frutas, normativas y comercio agroexportador. Cubre cadenas frutícolas, acceso a mercados y regulaciones con enfoque técnico y estratégico.

La decisión de Iansa de no contratar remolacha para la temporada 2026-2027, anunciada el 29 de abril, deja sin mercado a más de 250 productores del sur de Chile y marca el fin de una actividad que durante más de siete décadas sostuvo empleo, inversión y desarrollo agrícola. El anuncio, vinculado a precios internacionales bajos y altos costos locales, redefine el mapa productivo en regiones clave.

Durante la última campaña, la empresa operó con 440 contratos agrícolas y más de 7.700 hectáreas sembradas, concentradas en Maule, Ñuble y Biobío. Sin embargo, las pérdidas registradas en 2025, que alcanzaron US$44 millones, con US$25,7 millones asociados al negocio del azúcar, llevaron a priorizar la refinación de azúcar importada en la planta de San Carlos.

La consecuencia es directa: sin contratos, la siembra que tradicionalmente comenzaba entre agosto y septiembre no se realizará, dejando sin destino a miles de hectáreas y generando un impacto inmediato en la cadena productiva.

El cierre de un cultivo que marcó la agricultura del sur

El golpe no se limita a los productores. La remolacha estructuró durante décadas una red que incluyó transportistas, proveedores de insumos, servicios agrícolas y empleo estacional, con hasta 3.000 puestos en riesgo entre directos e indirectos.

Desde la Federación Nacional de Remolacheros (Fenare), su presidente Jorge Guzmán calificó la medida como un golpe decisivo para el sector. La Sociedad Nacional de Agricultura (SNA) también advirtió sobre el retroceso de un cultivo que en su mejor momento superó las 60.000 hectáreas.

Más allá de las cifras, el impacto es más profundo. La remolacha fue uno de los pilares de la modernización agrícola en Chile, impulsando avances en mecanización, riego y manejo agronómico. También consolidó un modelo de producción basado en la agricultura de contrato, que dio estabilidad a miles de familias rurales.

Hoy, su salida deja un vacío difícil de reemplazar. Muchos productores enfrentan limitaciones para reconvertirse, debido a las características de los suelos, la inversión en maquinaria específica y la falta de alternativas rentables en el corto plazo.

El giro hacia la importación plantea además interrogantes sobre la dependencia externa en un producto básico como el azúcar, reduciendo la participación del agro nacional en la cadena de valor.

En el sector agrícola predomina la sensación de pérdida. No se trata solo de un cultivo que desaparece, sino de una actividad que estructuró territorios completos, generó conocimiento técnico y sostuvo economías locales durante décadas.

El escenario abre una discusión más amplia sobre el rol de las políticas públicas en la producción de alimentos. Distintos actores plantean la necesidad de avanzar en estrategias que resguarden la actividad agrícola frente a cambios en los mercados internacionales.

El fin de la remolacha en Chile deja una señal clara para el sector: cuando una actividad de esta magnitud se detiene, no solo se pierden hectáreas productivas, sino también empleo, inversión y una parte importante de la identidad agrícola del país.

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