Colombia tiene más hectáreas de coca que de papa, yuca y cacao, según el último balance del Gobierno
El área sembrada con hoja de coca alcanzó las 262.000 hectáreas en 2024, superando a cultivos tradicionales como el cacao y la papa.
Colombia enfrenta un nuevo desafío en su mapa agrícola: los cultivos de hoja de coca ya superan en extensión a la papa, la yuca y el cacao, tres de los productos básicos de la alimentación nacional. Según los últimos datos oficiales revelados por el presidente Gustavo Petro, el país alcanzó 262.000 hectáreas sembradas de coca al cierre de 2024, lo que representa un aumento del 3 % respecto de 2023.
El crecimiento se produce en medio de la pérdida de áreas destinadas a cultivos alimentarios, lo que agrava la preocupación del sector agropecuario y de los organismos internacionales. La actualización de datos elaborada por la ONU y el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (Simci) muestra que la superficie de coca en Colombia supera por primera vez la extensión del cacao (260.954 ha), además de rebasar las 241.248 ha de yuca y las 196.337 ha de papa.
El dato ilustra una paradoja estructural: mientras los cultivos de uso ilícito avanzan, la producción de alimentos esenciales para el consumo interno pierde terreno.
"Por cada hectárea de papa, hoy hay 1,33 hectáreas de coca. Y la mayoría se ubica en zonas de difícil acceso, sin presencia del Estado", reconoció un informe del Ministerio de Agricultura.
Una expansión sostenida en regiones críticas
De acuerdo con la información de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), las nuevas plantaciones de coca se concentran principalmente en Nariño, Putumayo, Norte de Santander y Caquetá, departamentos históricamente asociados a economías ilegales. En estas zonas, la ausencia de infraestructura, seguridad y acceso a mercados facilita la expansión de la coca frente a los cultivos lícitos.
El presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), Jorge Bedoya, advirtió que este fenómeno responde tanto a la rentabilidad del negocio ilícito como a la falta de control estatal.
"Mientras este negocio siga siendo rentable y el Estado no tenga la capacidad de enfrentar a los grupos criminales, será la tormenta perfecta para que continúe la expansión", señaló.
Bedoya agregó que en muchos casos las familias campesinas no siembran coca por elección, sino por presión de organizaciones armadas que controlan los territorios. "Son regiones olvidadas, dominadas por la cultura de la ilegalidad", subrayó.
El impacto en los cultivos lícitos
Los datos de UPRA y la ONU muestran que, aunque la coca supera en extensión a varios productos alimentarios, sigue siendo inferior a los grandes cultivos agroindustriales:
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Café: 838.838 ha
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Arroz: 711.030 ha
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Palma de aceite: 689.915 ha
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Caña de azúcar: 524.007 ha
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Plátano: 492.519 ha
Sin embargo, la comparación con alimentos básicos como la papa, la yuca o el cacao evidencia una pérdida de equilibrio productivo.
Bedoya explicó que estos productos están sujetos a la oferta y la demanda interna, y no pueden tener precios altos porque forman parte de la canasta básica. "El consumidor colombiano de menores ingresos es el principal comprador de papa y yuca, por lo tanto, los precios deben mantenerse bajos. Eso desincentiva la expansión de área sembrada", indicó.
En contraste, los cultivos ilícitos no dependen del mercado formal y su rentabilidad no está sujeta a la competencia, lo que mantiene el incentivo económico para los productores bajo control de las mafias.
Desafíos institucionales y políticos
La tendencia al alza en los cultivos ilícitos coincide con un contexto político complejo. En septiembre, Estados Unidos descertificó a Colombia en su lucha contra el narcotráfico, argumentando que el Gobierno no ha realizado esfuerzos suficientes para reducir la producción de coca. La medida, aunque simbólica, refleja la preocupación internacional por el repunte de la actividad en el país andino.
El presidente Gustavo Petro ha insistido en que su política busca reemplazar la erradicación forzosa por programas de sustitución voluntaria, combinando seguridad, inversión rural y justicia social. Sin embargo, los resultados aún son limitados, especialmente en regiones donde el Estado no logra garantizar alternativas sostenibles de ingreso para los campesinos.
"La expansión de la coca es también un síntoma del abandono rural. No se puede pedir a los agricultores que dejen el cultivo ilícito si no tienen carreteras, crédito ni mercados para vender sus productos", comentó un investigador de la Universidad Nacional.
Pese al crecimiento de la coca, Colombia sigue siendo una potencia agroalimentaria en la región. Los principales cultivos legales -café, arroz, palma y caña- representan más del 60 % del área sembrada total del país. No obstante, el contraste con la coca revela una profunda brecha territorial y social: donde hay Estado, se produce alimento; donde no lo hay, prospera la economía ilegal.
El desafío del Gobierno es doble: recuperar las zonas rurales bajo control de grupos armados y reconvertir las economías locales hacia modelos sostenibles. Mientras tanto, las cifras confirman que la hoja de coca ya se posiciona como el sexto cultivo más extendido del país, superando a productos tradicionales que por décadas fueron la base de la agricultura nacional.

