Colombia desaprovecha su potencial agrícola y podría alimentar hasta 500 millones de personas
Con 38 millones de hectáreas aptas y solo 7 millones cultivadas, informes advierten un rezago productivo del 80% y un uso insuficiente del agua, la tierra y la tecnología.
En un escenario global marcado por la crisis de suministros y la reducción de suelos fértiles, expertos internacionales destacan que Colombia posee una de las mayores reservas agrícolas del continente, pero continúa desaprovechando su potencial. Con más de 114 millones de hectáreas de territorio, de las cuales 38 millones son aptas para uso agrícola, el país solo tiene 7 millones sembradas, lo que refleja una brecha del 80% entre capacidad y uso real.
Según estimaciones de la FAO, si Colombia aprovechara plenamente su territorio cultivable, podría alimentar hasta 500 millones de personas, una cifra que la ubicaría como uno de los actores más relevantes en la seguridad alimentaria regional y global.
La ventana de oportunidad se vuelve más estratégica si se considera que, hacia 2050, el mundo podría perder hasta 20% de su suelo fértil por desertificación. En contraste, Colombia cuenta con dos cosechas al año, acceso directo al Atlántico y al Pacífico, y una ubicación climática que favorece la diversificación productiva. Sin embargo, la productividad interna aún es baja frente a otros países latinoamericanos.
Los datos muestran que el sector agropecuario colombiano aporta solo 6,8% del PIB, con US$ 10.000 millones en exportaciones, una cifra inferior a lo que genera únicamente el café brasileño. Además, la productividad por hectárea es tres veces menor que la de Chile y en algunos cultivos hortícolas llega a ser cinco veces inferior a la de México.
El acceso al crédito también refleja un rezago: en 2024, el financiamiento agropecuario representó 6% de la cartera bancaria nacional, mientras que en Brasil supera el 35%. La infraestructura logística constituye otro cuello de botella: transportar una tonelada de maíz desde el Meta a Buenaventura cuesta US$ 80, mientras que desde Kansas a Houston cuesta US$ 20, según comparaciones sectoriales.
No obstante, Colombia posee un activo estratégico que podría transformar su modelo productivo: agua. El país es la sexta reserva hídrica del mundo y la primera per cápita en América Latina. Para especialistas, la agricultura del siglo XXI será hidroeconómica, basada en sistemas de riego tecnificado, sensores, energía solar, biotecnología y gestión eficiente del recurso hídrico.
El mercado global de agrotecnología se triplicará en la próxima década, pasando de US$ 22.000 millones en 2022 a más de US$ 80.000 millones en 2030. Colombia podría capturar parte de ese crecimiento si implementa un modelo de innovación rural público-privado enfocado en modernización, tecnificación y escalabilidad.
Además, el país cuenta con una coyuntura geopolítica favorable: la crisis alimentaria venezolana, el desplazamiento de parte del maíz estadounidense hacia biocombustibles y el creciente interés europeo por proveedores sostenibles. Esto revaloriza regiones como la altillanura, el Cesar y la Orinoquía, consideradas zonas de expansión agrícola de escala continental.
Según cálculos de Fedesarrollo, un programa de reconversión productiva de 5 millones de hectáreas podría elevar el PIB nacional en 2,2 puntos y reducir la pobreza rural en 25%, además de generar un impacto fiscal superior al de varias reformas tributarias recientes.
Para expertos consultados, el desafío es pasar de un modelo de agricultura de subsistencia a una agroindustria exportadora, con logística integrada, crédito accesible, tecnificación e incentivos a la inversión rural. El potencial existe; la tarea pendiente es convertirlo en estrategia de desarrollo.

