Manejo de suelos

El error en el suelo que puede quitar hasta 200 kilos de soja por hectárea

Investigadores brasileños comprobaron que la compactación limita las raíces, reduce la infiltración de agua y afecta los rendimientos. Una práctica logró recuperar productividad.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

La compactación del suelo se consolidó como uno de los principales desafíos para la producción de soja en Brasil, especialmente en regiones que enfrentan sequías cada vez más frecuentes. Un estudio realizado por investigadores del Instituto Federal de Rio Grande do Sul (IFRS), en el campus de Ibirubá, reveló que las prácticas de descompactación mecánica combinadas con la aplicación de enmiendas agrícolas pueden mejorar significativamente la infiltración de agua, favorecer el crecimiento radicular y aumentar los rendimientos del cultivo.

Los resultados cobran relevancia en un contexto donde los productores buscan incrementar la productividad sin expandir la superficie cultivada y, al mismo tiempo, adaptarse a una mayor variabilidad climática. Según los investigadores, la calidad física del suelo será cada vez más determinante para sostener el potencial productivo de los cultivos.

La investigación fue desarrollada en un área experimental bajo sistema de siembra directa, una tecnología ampliamente utilizada en Brasil y otros países productores de granos. El objetivo fue evaluar cómo diferentes estrategias de manejo influyen en la estructura del suelo y en la capacidad de las plantas para aprovechar mejor el agua disponible.

La descompactación mejora la calidad del perfil del suelo

Los ensayos compararon distintos tratamientos que incluyeron la utilización de subsoladores rotatorios y la aplicación de correctivos como cal agrícola y yeso. Los investigadores observaron que la combinación de descompactación mecánica y encalado presentó los mejores resultados para corregir la acidez en capas más profundas del suelo.

Los análisis mostraron que el pH permaneció más elevado en las áreas donde se aplicó cal junto con la remoción mecánica del suelo. Esto permitió que el correctivo alcanzara profundidades mayores en comparación con los tratamientos de aplicación superficial.

Mientras que el encalado convencional concentró sus efectos en los primeros 10 centímetros, las áreas descompactadas mostraron mejoras observables hasta aproximadamente 15 centímetros de profundidad. Esta diferencia resulta clave para el desarrollo radicular, ya que las raíces encuentran un ambiente más favorable para explorar agua y nutrientes.

Los especialistas explican que la compactación genera barreras físicas que limitan el crecimiento de las raíces, reducen la aireación y dificultan la infiltración del agua de lluvia. Como consecuencia, los cultivos se vuelven más vulnerables durante períodos de déficit hídrico.

Más agua disponible y mayores rendimientos en soja

Además de los beneficios químicos, el estudio identificó mejoras concretas en el desempeño productivo de la soja. Las parcelas sometidas a procesos de descompactación registraron incrementos promedio cercanos a 200 kilogramos por hectárea por encima de la media general del experimento.

También se observaron aumentos en el peso de mil granos en los tratamientos que recibieron corrección física y química del suelo, un indicador estrechamente relacionado con el rendimiento final del cultivo.

Según los investigadores, una estructura física más favorable permite almacenar mayores volúmenes de agua en el perfil, facilitando el abastecimiento hídrico durante períodos de estrés. Esta condición adquiere especial importancia en campañas marcadas por lluvias irregulares o eventos climáticos extremos.

Para Silmo de Ávila, director de Agross do Brasil, los resultados reflejan una preocupación creciente dentro del sector agrícola.

"Hoy, con sequías más frecuentes y la necesidad de producir más sin ampliar la superficie cultivada, la salud del suelo se convirtió en una cuestión estratégica. La investigación sobre compactación e infiltración de agua ayuda a acercar soluciones concretas a la realidad del productor", señaló.

El especialista agregó que las prácticas destinadas a mejorar la estructura física del suelo pueden contribuir al desarrollo de sistemas productivos más resilientes y preparados para enfrentar escenarios climáticos adversos.

La creciente frecuencia de fenómenos extremos está obligando a revisar estrategias de manejo que durante años fueron consideradas secundarias. En ese contexto, los investigadores sostienen que la gestión adecuada de la compactación puede transformarse en una herramienta fundamental para preservar el potencial productivo de los cultivos y mejorar la eficiencia en el uso del agua.

Los resultados obtenidos en el IFRS refuerzan una tendencia cada vez más presente en la agricultura moderna: la productividad futura dependerá no solo de la genética o la fertilización, sino también de la capacidad de construir suelos más sanos, estructurados y resilientes frente a las condiciones climáticas cambiantes.

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