Los costos se disparan, pero el campo cobra lo mismo: crece el reclamo de los productores
Agricultores denuncian que fertilizantes, agroquímicos y transporte duplicaron o triplicaron su valor, mientras los precios de sus cosechas siguen estancados.
El aumento de los costos de producción volvió a encender las alarmas entre los agricultores de los valles de Santa Cruz, en Bolivia. Mientras fertilizantes, agroquímicos, maquinaria y transporte registran incrementos que en algunos casos duplican o triplican los valores de hace pocos años, los productores aseguran que continúan vendiendo sus cosechas prácticamente al mismo precio. La diferencia, afirman, reduce cada campaña sus márgenes y pone en riesgo la continuidad de muchas explotaciones familiares.
La situación fue expuesta por productores de Vallegrande, quienes describen un escenario en el que cada etapa del ciclo agrícola demanda una inversión significativamente mayor. Preparar el suelo, sembrar, fertilizar, controlar malezas y trasladar la producción hasta los mercados representa hoy un costo muy superior al de campañas anteriores.
Uno de los ejemplos más claros es el de la urea, cuyo precio pasó de alrededor de 170 bolivianos por quintal a 370 bolivianos. Otros fertilizantes registran incrementos similares, mientras que los agroquímicos también experimentaron fuertes aumentos, elevando el costo de producir cada hectárea.
Producir cuesta más, pero el precio de la cosecha no cambia
Los agricultores sostienen que el problema no es únicamente el incremento de los insumos, sino la imposibilidad de trasladar esos mayores costos al precio de venta de sus productos.
Según explican, mientras los proveedores ajustan permanentemente los valores de fertilizantes, productos fitosanitarios y combustibles, los alimentos llegan al mercado con precios que permanecen prácticamente sin cambios o incluso se reducen durante los períodos de mayor oferta.
A esta realidad se suma el encarecimiento del transporte. El costo de los fletes prácticamente se duplicó en pocos años, afectando especialmente a quienes producen lejos de los principales centros de consumo y dependen del traslado para comercializar frutas, hortalizas y otros cultivos.
Frente a ese escenario, algunos productores comenzaron a modificar la composición de sus siembras buscando alternativas que permitan recuperar parte de los costos o disminuir los riesgos económicos.
El reclamo apunta a recuperar la rentabilidad del productor
Los agricultores advierten que detrás de cada cosecha existe un proceso que demanda meses de trabajo, inversión y planificación. Sin embargo, consideran que ese esfuerzo no encuentra un reconocimiento en el precio que reciben al momento de vender su producción.
Además del incremento en los costos directos, señalan que la rentabilidad continúa deteriorándose por la diferencia entre el valor de los insumos y el precio final de los alimentos. Esa situación obliga a muchos productores a reducir inversiones, postergar mejoras tecnológicas o replantear sus planes de siembra.
El reclamo también alcanza al funcionamiento de la cadena comercial. Los productores consideran que es necesario construir mecanismos que permitan una distribución más equilibrada del valor generado por la actividad agrícola, evitando que el incremento de los costos recaiga exclusivamente sobre quienes producen.
Con una nueva campaña en marcha, la evolución de los precios de los insumos seguirá siendo uno de los principales factores que definirán la rentabilidad del sector. Para miles de familias rurales, el desafío ya no pasa solamente por producir más, sino por lograr que el precio de sus cosechas acompañe el aumento de los costos que exige mantener la actividad agrícola.

