La urea se encamina a otro golpe histórico en Perú y pone en alerta al agro
El precio del fertilizante podría superar los S/ 3.000 por tonelada entre junio y julio, encareciendo la producción de papa, maíz, arroz y quinua en varias regiones del país.
El mercado de fertilizantes volvió a encender las alarmas en Perú. El Gobierno advirtió que el precio de la urea podría superar los S/ 3.000 por tonelada entre junio y julio de 2026, una suba que amenaza con golpear directamente los costos de producción agrícola y afectar algunos de los cultivos más importantes para la alimentación y la economía regional del país.
La advertencia fue realizada por el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego ante la Comisión Agraria del Congreso, en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas, aumento de combustibles y una fuerte presión sobre el comercio mundial de fertilizantes nitrogenados.
El escenario preocupa especialmente porque Perú depende en gran medida de las importaciones para abastecer su mercado interno. Solo en 2025 ingresaron al país unas 350 mil toneladas de urea, y el 66% de ese volumen provino de Rusia y China, dos actores centrales del mercado global de fertilizantes.
Las autoridades peruanas señalaron que el conflicto en Oriente Medio alteró las rutas marítimas internacionales y encareció el transporte de insumos agrícolas. Buena parte de los fertilizantes producidos en Asia atraviesan normalmente el estrecho de Ormuz, una de las zonas más sensibles para el comercio energético mundial. Las restricciones y desvíos logísticos obligaron a utilizar trayectos más largos, incrementando costos y tiempos de entrega.
A eso se suma otro factor determinante: el gas natural y el petróleo son materias primas esenciales para fabricar fertilizantes nitrogenados. Cada movimiento brusco en esos mercados termina trasladándose rápidamente al valor de la urea y otros insumos agrícolas utilizados en América Latina.
La suba amenaza la rentabilidad de cultivos estratégicos
La evolución de los precios internacionales refleja la magnitud de la crisis. En enero de este año, la urea cotizaba alrededor de US$ 385 por tonelada. En marzo saltó a US$ 726, mientras que en abril llegó a tocar los US$ 857 por tonelada. Aunque durante mayo apareció una leve corrección hasta los US$ 720, el valor sigue muy por encima de los niveles considerados normales para el mercado agrícola.
Ese movimiento internacional ya comenzó a sentirse dentro de Perú. Según las proyecciones oficiales, el precio nacional de la urea podría pasar de S/ 2.400 por tonelada en marzo a más de S/ 3.000 entre junio y julio, llevando el saco de 50 kilos desde S/ 120 hasta aproximadamente S/ 153.
Para miles de productores, el problema ya no pasa solamente por la rentabilidad, sino por la posibilidad concreta de reducir aplicaciones de fertilizantes para contener gastos, algo que podría impactar directamente en los rendimientos agrícolas de la próxima campaña.
Los cultivos más expuestos son la papa, el maíz amarillo duro, el maíz amiláceo, el arroz, la quinua y otros productos esenciales para el abastecimiento alimentario nacional. En muchos casos, se trata de actividades desarrolladas por pequeños y medianos agricultores con márgenes muy ajustados y fuerte dependencia de fertilización química.
El propio Midagri reconoció que más de 1,1 millones de productores utilizan fertilizantes químicos u orgánicos en cultivos sensibles y que cerca del 47% de los pequeños y medianos agricultores depende directamente de este tipo de insumos para sostener productividad y calidad.
Las regiones andinas aparecen entre las más vulnerables frente a esta situación. Cusco, Junín, Cajamarca, Huánuco, La Libertad y Áncash concentran una parte importante de la producción de papa y maíz del país y podrían sentir con mayor intensidad el incremento de costos.
El encarecimiento de combustibles sigue aumentando el costo del transporte, las labores agrícolas y la logística rural, generando un escenario complejo para toda la cadena agroalimentaria peruana.
Perú acelera planes para reducir dependencia externa
Frente a este panorama, el Gobierno comenzó a mover piezas para intentar amortiguar el impacto de la crisis internacional. Una de las principales apuestas pasa por ampliar la explotación de guano de isla, un fertilizante orgánico históricamente utilizado en la agricultura peruana y que vuelve a ganar protagonismo ante la volatilidad global de los nitrogenados sintéticos.
Actualmente, Perú produce unas 17 mil toneladas anuales de guano de isla, aunque las autoridades buscan incrementar rápidamente ese volumen mediante nuevas inversiones y ampliación de áreas de extracción.
El Midagri informó que recientemente se identificó una isla con aproximadamente 400 mil toneladas de guano, de las cuales se proyecta extraer inicialmente unas 10 mil toneladas. El objetivo es distribuir ese fertilizante entre productores bajo criterios de focalización para atender las zonas agrícolas más afectadas.
El Gobierno también trabaja junto al Instituto Nacional de Innovación Agraria en programas destinados a promover alternativas orgánicas, recuperación biológica de suelos y tecnologías que permitan disminuir la dependencia de fertilizantes sintéticos importados.
Según las estimaciones oficiales, estas estrategias podrían reducir hasta un 30% el uso de fertilizantes químicos en determinados sistemas productivos, mejorando al mismo tiempo la fertilidad biológica de los suelos agrícolas.
La preocupación de fondo, sin embargo, sigue siendo internacional. Mientras continúe la tensión geopolítica y persista la presión sobre el mercado energético global, los fertilizantes seguirán siendo uno de los factores más sensibles para la producción agrícola de América Latina.

