Maíz y soja transgénicos impulsan la producción de granos en Cuba
Cuba apuesta por biotecnología para reducir importaciones de maíz y soja, fortalecer la soberanía alimentaria y dinamizar su cadena agroindustrial.
El 12 de febrero de 2026, autoridades científicas y productivas de Cuba confirmaron que el país avanza en la expansión de maíz transgénico y soja transgénica desarrollados por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), con el objetivo de reducir la dependencia de importaciones -unas 800.000 toneladas de maíz y 350.000 toneladas de soja anuales- y fortalecer la seguridad alimentaria nacional. La iniciativa es clave por su impacto en la producción de piensos, la proteína animal y la estructura de las cadenas de valor agroalimentarias, además de su efecto en la balanza comercial.
La dependencia externa continúa condicionando la eficiencia del sistema agropecuario. En la Fábrica de Pienso "Leopoldo Reyes", en San Cristóbal (Artemisa), la producción diaria alcanza apenas 34 toneladas, muy por debajo de su capacidad instalada de 300 toneladas. El alimento destinado a granjas porcinas y avícolas se formula casi exclusivamente con materias primas importadas, lo que limita los incentivos a la producción nacional de granos y tensiona la logística agropecuaria.
El Dr. Mario Pablo Estrada García, director de Investigaciones Agropecuarias del CIGB, explicó que desde 2020 científicos cubanos desarrollaron variedades transgénicas con mayor rendimiento por hectárea, resistencia a plagas y tolerancia al estrés climático. Estas mejoras son estratégicas en un contexto de variabilidad climática, escasez de insumos y restricciones financieras.
Actualmente, el CIGB multiplica semillas de cinco variedades registradas de soja y las líneas parentales del híbrido H-Ame15. En Sancti Spíritus se autorizaron 720 hectáreas para su siembra, aunque solo la mitad está en producción debido a limitaciones de financiamiento, falta de combustible y paquetes tecnológicos incompletos.
Los resultados en campo muestran avances concretos. Productores de Sancti Spíritus, Yaguajay y La Sierpe reportan rendimientos de entre 4 y 6 toneladas por hectárea con maíz transgénico, cifras significativamente superiores a las variedades tradicionales, incluso bajo condiciones de sequía y riego limitado.
En Villa Clara, los esquemas de integración entre productores, centros de investigación y biotecnología, junto con contratos de compra garantizados, han permitido mejorar la rentabilidad agrícola. Este modelo fortalece la articulación entre innovación tecnológica, producción primaria y mercado, un factor determinante en la competitividad de los mercados agrícolas regionales.
Desde el Instituto de Investigaciones de Granos (IIG) sostienen que el maíz y la soja transgénicos son claves para sustituir importaciones, reducir la salida de divisas y avanzar hacia una mayor autosuficiencia en proteína vegetal y alimentación animal. En términos de comercio agrícola, una menor dependencia externa podría mejorar la balanza comercial agroalimentaria y reforzar la resiliencia económica.
Para América Latina, donde la biotecnología agrícola es un pilar en varios países exportadores de commodities agrícolas, el caso cubano evidencia cómo la tecnificación del agro puede convertirse en herramienta estratégica para ganar competitividad. No obstante, persisten desafíos estructurales: infraestructura insuficiente, costos de cosecha elevados y restricciones de acceso a crédito.
El potencial agronómico está validado, pero la expansión a gran escala exige estabilidad en insumos, acceso a financiamiento productivo, mejoras en infraestructura rural y mayor eficiencia en la cadena de suministro agroindustrial. La experiencia cubana demuestra que la biotecnología aplicada al agro requiere un entorno sistémico favorable para consolidarse como motor de crecimiento.
En un escenario global marcado por la volatilidad de los precios de commodities agrícolas, tensiones en los flujos comerciales internacionales y crecientes exigencias de sustentabilidad, la apuesta por el maíz y la soja transgénicos se posiciona como un eje estratégico para fortalecer la producción de granos en Cuba y reducir vulnerabilidades externas.

