Mientras crece el hambre en Cuba, toneladas de mangos siguen pudriéndose en los campos
La falta de combustible y las fallas en el acopio vuelven a dejar perder alimentos en Cuba, mientras millones enfrentan una crisis alimentaria.
Toneladas de mangos continúan pudriéndose en los campos del oriente cubano por la falta de combustible y las deficiencias del sistema de acopio, una situación que vuelve a exponer las dificultades que enfrenta la agricultura de la isla en medio de una profunda crisis alimentaria. El desperdicio de fruta ocurre mientras una parte importante de la población enfrenta crecientes dificultades para acceder a alimentos básicos, una contradicción que reavivó el debate sobre la capacidad del sistema para garantizar el aprovechamiento de la producción agrícola.
Las imágenes difundidas en los últimos días muestran extensas áreas cubiertas por mangos maduros que permanecen sin recolectar. De acuerdo con la información publicada, el problema no radica en la producción, sino en la imposibilidad de trasladar la fruta hacia los centros de acopio por la escasez de diésel y las limitaciones logísticas, factores que terminan convirtiendo una cosecha disponible en alimento desperdiciado.
El caso volvió a instalar una discusión que en Cuba se repite cada temporada: la producción agrícola logra obtener determinados volúmenes, pero una parte significativa nunca llega a los mercados por problemas de transporte, almacenamiento o distribución. Esa situación impacta tanto en los ingresos de los productores como en el abastecimiento de alimentos para la población.
El acopio vuelve a convertirse en el mayor obstáculo para la producción
La crisis energética que atraviesa la isla continúa afectando prácticamente todas las etapas de la actividad agropecuaria. La falta de combustible limita la preparación de los campos, reduce el funcionamiento de la maquinaria agrícola y dificulta el traslado de las cosechas hacia los centros de comercialización.
En el caso del mango, la ventana para recolectar y distribuir la fruta es muy corta. Cuando no existen camiones disponibles o el suministro de combustible resulta insuficiente, la fruta madura permanece en los árboles o cae al suelo hasta perder completamente su valor comercial, generando pérdidas económicas para los productores y desperdiciando alimentos en un contexto de fuerte escasez.
La situación resulta especialmente sensible porque el mango representa una fruta de amplio consumo en Cuba y constituye una fuente de vitaminas y nutrientes que podría contribuir al abastecimiento de miles de familias durante la temporada de cosecha.
El problema tampoco es nuevo. En los últimos años se registraron episodios similares en distintas provincias, donde miles de toneladas de frutas terminaron perdiéndose por dificultades en el sistema de acopio. En 2021 ya se habían reportado pérdidas de mango en Camagüey y Guantánamo por inconvenientes relacionados con el transporte y la disponibilidad de combustible, mientras que en 2023 volvieron a repetirse casos de desperdicio por ineficiencias logísticas.
La pérdida de alimentos refleja una crisis mucho más profunda
Más allá del impacto económico para los productores, la pérdida de alimentos adquiere otra dimensión en un país donde la inseguridad alimentaria continúa creciendo. El documento señala que Guantánamo presenta una de las tasas de hambre más elevadas de Cuba, con el 78,7% de los hogares afectados por inseguridad alimentaria, una realidad que vuelve todavía más llamativa la imagen de toneladas de fruta sin aprovechar.
A la escasez de combustible se suma un deterioro estructural de la logística agrícola, que limita la capacidad para movilizar las cosechas hacia los centros de procesamiento y distribución. Esa combinación provoca que productos disponibles en las zonas rurales nunca lleguen a los consumidores, profundizando el desabastecimiento que afecta a buena parte del país.
Especialistas consideran que garantizar el suministro de combustible para el transporte agrícola y modernizar los sistemas de acopio constituye uno de los principales desafíos para reducir las pérdidas poscosecha. Sin esas mejoras, cada nueva campaña corre el riesgo de repetir escenas similares, con alimentos que se desperdician mientras la demanda interna continúa insatisfecha.
El caso de los mangos en Guantánamo se transformó así en un nuevo símbolo de las dificultades que enfrenta la agricultura cubana, donde las limitaciones logísticas terminan neutralizando el esfuerzo de los productores y agravan una crisis alimentaria que ya afecta a millones de personas en la isla.

