Agricultura

Cuba emerge como oportunidad para el agro de EE.UU. y podría revitalizar al sector arrocero

Productores estadounidenses ven en la isla un mercado estratégico para recuperar ventas en medio de la competencia asiática, el aumento de costos y la caída de las exportaciones.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

Mientras los productores agrícolas de Estados Unidos enfrentan una creciente competencia internacional, altos costos de producción y menores perspectivas de exportación, Cuba vuelve a aparecer como un mercado capaz de ofrecer nuevas oportunidades comerciales. Referentes del sector arrocero consideran que una eventual apertura más amplia del comercio con la isla podría convertirse en un importante impulso para una industria que atraviesa uno de sus momentos más complejos de las últimas décadas.

La expectativa se concentra especialmente en el arroz de grano largo producido en estados como Arkansas y Louisiana, regiones que históricamente abastecieron al mercado cubano antes de la revolución de 1959. Hoy, más de seis décadas después, agricultores y organizaciones rurales sostienen que la cercanía geográfica y las necesidades alimentarias de Cuba convierten a la isla en un destino natural para las exportaciones estadounidenses.

La discusión adquiere relevancia en un contexto donde el sector agrícola norteamericano enfrenta dificultades crecientes para competir en los mercados internacionales. Productores de arroz denuncian que países como India, Vietnam, Tailandia y China mantienen programas de apoyo que permiten colocar cereal a precios muy competitivos, presionando los valores globales y reduciendo la participación estadounidense en el comercio mundial.

Según datos del sector, las importaciones de arroz en el mercado internacional se multiplicaron casi por cinco durante los últimos 25 años, mientras que las exportaciones estadounidenses de arroz de grano largo se encaminan a registrar uno de los niveles más bajos de las últimas décadas.

Jeff Rutledge, productor de arroz de sexta generación en Arkansas, afirmó que incluso abastecer una parte de la demanda cubana tendría un impacto significativo para la industria. El agricultor sostiene que el mercado de la isla podría convertirse en una herramienta para absorber parte de la producción que actualmente encuentra mayores dificultades para competir en otros destinos.

Un mercado cercano con fuerte necesidad de alimentos

La situación alimentaria de Cuba refuerza el interés de los productores estadounidenses. El país caribeño produce apenas una fracción de los alimentos que consume y depende crecientemente de las importaciones para abastecer productos básicos como arroz, maíz, carne aviar y otros alimentos esenciales.

A pesar del embargo comercial vigente desde hace más de seis décadas, determinadas exportaciones agrícolas estadounidenses están autorizadas bajo condiciones específicas. Como resultado, los envíos agropecuarios hacia Cuba han mostrado un crecimiento sostenido durante los últimos años.

Las exportaciones agrícolas estadounidenses hacia la isla superaron los US$ 477 millones durante 2025, cifra que representa un aumento superior al 120% respecto a 2016. Gran parte de esos productos son adquiridos por pequeños operadores privados o enviados por familiares residentes en Estados Unidos mediante plataformas comerciales autorizadas.

Los productores consideran que existe margen para ampliar significativamente ese volumen. Mike Strain, comisionado de Agricultura y Silvicultura de Louisiana, señaló que las exportaciones de su estado podrían duplicarse si las condiciones comerciales se flexibilizaran.

El atractivo de Cuba también radica en los costos logísticos. La cercanía geográfica permite transportar productos agrícolas en tiempos mucho más cortos y con costos considerablemente inferiores a los de otros mercados internacionales.

Para estados productores del sur de Estados Unidos, la isla se encuentra a una distancia estratégica que facilita el abastecimiento continuo de alimentos básicos. Esto resulta especialmente relevante para productos como arroz y carne aviar, que forman parte de la dieta habitual de la población cubana.

Sin embargo, el principal desafío sigue siendo financiero. Diversos referentes del sector coinciden en que la capacidad de compra de Cuba está limitada por la escasez de divisas, una situación agravada por la caída de los ingresos provenientes del turismo y por las dificultades económicas que atraviesa el país.

Mientras tanto, otros actores internacionales continúan fortaleciendo su presencia en la isla. Vietnam participa activamente en programas de cooperación para mejorar la producción arrocera cubana y China realizó recientemente envíos de miles de toneladas de arroz como parte de un programa de asistencia alimentaria.

La competencia por abastecer el mercado cubano ocurre en un momento especialmente complejo para la agricultura estadounidense. Además de la presión ejercida por los subsidios internacionales, los productores enfrentan costos crecientes de fertilizantes y combustibles, factores que reducen la rentabilidad y elevan la necesidad de encontrar nuevos destinos comerciales.

Representantes de la industria arrocera consideran que una mayor integración comercial con Cuba podría ayudar a compensar parte de esas dificultades. La posibilidad de acceder a un mercado cercano, con fuerte demanda de alimentos y costos logísticos reducidos, aparece como una alternativa atractiva para un sector que busca recuperar competitividad.

Aunque no existen señales inmediatas de una apertura total del comercio bilateral, las organizaciones agrícolas continúan promoviendo una flexibilización de las restricciones vigentes. Para muchos productores, el potencial de Cuba va más allá de las ventas actuales y representa una oportunidad para construir una relación comercial de largo plazo.

La evolución de ese escenario dependerá tanto de factores políticos como económicos. Sin embargo, dentro del agro estadounidense crece la percepción de que la isla podría transformarse en uno de los mercados de mayor potencial para productos básicos como arroz, maíz y carne aviar, especialmente en momentos donde la búsqueda de nuevos compradores se volvió una prioridad para numerosos productores.

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