Agricultura

De la química a la biología: cómo cambia la protección de cultivos a nivel global

La protección de cultivos atraviesa una transición histórica: los biológicos ganan terreno frente a la química tradicional y redefinen el negocio.

Gabriela Mendoza
Periodista especializada en agroindustria y comercio internacional. Analiza exportaciones, cadenas de valor y el impacto de políticas públicas en la competitividad del agro en América Latina.

La protección de cultivos está atravesando una de las transformaciones más profundas de su historia reciente. En 2025 y 2026, el eje del negocio comienza a desplazarse de la química tradicional hacia soluciones biológicas y de bajo impacto ambiental, impulsadas por nuevas regulaciones, cambios en la demanda del consumidor y la necesidad de sistemas productivos más resilientes y sostenibles. El cambio importa porque redefine no solo los productos utilizados en el campo, sino también los modelos de innovación, inversión y competencia a escala global.

Durante décadas, herbicidas, insecticidas y fungicidas químicos fueron el pilar del control de plagas y enfermedades. Sin embargo, la presión regulatoria en Europa, la revisión de ingredientes activos en Estados Unidos y el avance de estándares ambientales en Asia y América Latina aceleraron la búsqueda de alternativas complementarias o sustitutivas, entre ellas microorganismos, extractos naturales, bioestimulantes y feromonas.

De acuerdo con análisis sectoriales publicados por Global Agriculture, el mercado global de biológicos para la protección de cultivos ya supera los USD 4.700 millones y crece a tasas muy superiores a las de los fitosanitarios convencionales. Lejos de ser un nicho, los biológicos comienzan a integrarse en programas de manejo integrado de plagas (MIP) y en esquemas productivos de gran escala.

El cambio no implica una sustitución inmediata de la química, sino una reconfiguración del portafolio tecnológico. Las grandes compañías del sector avanzan hacia estrategias híbridas, combinando moléculas químicas más selectivas con soluciones biológicas, herramientas digitales y agricultura de precisión. El objetivo es maximizar eficiencia, reducir riesgos regulatorios y responder a mercados que exigen trazabilidad y menor huella ambiental.

En Europa, el impulso es claramente regulatorio: restricciones al uso de ingredientes activos y metas de reducción de pesticidas aceleran la adopción de biológicos. En Estados Unidos, el enfoque es más gradual y tecnológico, con fuerte respaldo a la innovación y a la validación científica. En Asia, especialmente en China e India, el crecimiento está ligado tanto a políticas ambientales como a la oportunidad industrial de escalar producción y exportación.

Para América Latina, la transición presenta un escenario mixto. Por un lado, los biológicos ofrecen una herramienta clave para enfrentar resistencias, estrés climático y exigencias de mercados internacionales. Por otro, el desafío pasa por costos, disponibilidad, capacitación técnica y marcos regulatorios que acompañen la innovación sin perder competitividad productiva.

Más allá de los productos, el verdadero cambio es conceptual. La protección de cultivos deja de basarse exclusivamente en la intervención química y avanza hacia sistemas preventivos, integrados y basados en datos, donde el monitoreo, la predicción y la sostenibilidad ganan protagonismo. La biología no reemplaza a la química: la reordena.

En este nuevo escenario, la capacidad de integrar ciencia, regulación y tecnología será clave. La transición de la química a la biología no es una moda, sino una respuesta estructural a los desafíos de la agricultura moderna: producir más, con menos impacto, en un mundo atravesado por el cambio climático, la presión ambiental y la demanda de alimentos seguros y sustentables.

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