Detectan la primera ramulariosis de la zafra en cebada y crece la vigilancia en Uruguay
La confirmación de la enfermedad en cultivos de Paysandú coincide con un período de lluvias y alta humedad que favorece su desarrollo y obliga a reforzar el monitoreo en los lotes.
La primera detección de ramulariosis en cebada durante la zafra 2026 fue confirmada tras el análisis de muestras provenientes de Paysandú, donde se identificó una importante actividad del hongo Ramularia collo-cygni en plantas que transitaban el estadio Z24. El hallazgo cobra relevancia porque coincide con un período de lluvias persistentes y elevada humedad, condiciones que favorecen la propagación de la enfermedad y pueden comprometer el potencial productivo del cultivo si no se detecta a tiempo.
El diagnóstico fue realizado por el laboratorio uruguayo Clínica Vegetal, que advirtió que las condiciones registradas durante julio y los pronósticos para los próximos días mantienen un ambiente favorable para el desarrollo del patógeno. Si las precipitaciones continúan, aumentan las posibilidades de que la enfermedad se expanda hacia nuevos lotes.
Aunque la ramulariosis suele manifestarse en etapas avanzadas del ciclo del cultivo, su impacto puede ser considerable cuando las infecciones reducen el área foliar activa. La pérdida de capacidad fotosintética afecta el llenado de los granos y puede traducirse en menores rendimientos y una disminución de la calidad de la cebada destinada tanto a la industria maltera como a otros destinos comerciales.
El mayor desafío es diferenciar la enfermedad de otras manchas presentes en el cultivo
Uno de los aspectos que más preocupa a los técnicos es que los síntomas de la ramulariosis pueden confundirse fácilmente con otras enfermedades foliares, daños fisiológicos o deficiencias nutricionales. Esa similitud incrementa el riesgo de adoptar estrategias de manejo inadecuadas, ya sea mediante aplicaciones innecesarias de fungicidas o demorando el control cuando la enfermedad ya está instalada.
Por esa razón, los especialistas recomiendan confirmar el diagnóstico mediante análisis de laboratorio antes de definir cualquier tratamiento. También aconsejan intensificar las recorridas en el campo, prestando especial atención a las hojas más viejas del estrato inferior, donde suelen aparecer las primeras lesiones.
Las decisiones de manejo deben analizarse lote por lote, considerando la variedad sembrada, la fecha de implantación, el estado sanitario del cultivo, los antecedentes del establecimiento y la evolución prevista del clima. Ninguno de estos factores, por sí solo, determina el nivel de riesgo.
El monitoreo temprano será la principal herramienta para limitar las pérdidas
La experiencia de los principales países productores de cebada muestra que la ramulariosis ha ganado importancia en los últimos años debido a la mayor frecuencia de condiciones ambientales favorables para su desarrollo. Períodos prolongados de humedad sobre el follaje, lluvias frecuentes y escasa ventilación dentro del cultivo crean un ambiente ideal para la multiplicación del hongo.
Frente a ese escenario, los técnicos recomiendan combinar monitoreo permanente, diagnósticos precisos y estrategias de manejo ajustadas a cada establecimiento, evitando decisiones basadas únicamente en la observación visual de las lesiones.
La confirmación del primer caso de la campaña representa una señal para todo el sector cebadero uruguayo. Detectar la enfermedad en sus etapas iniciales permitirá actuar con mayor precisión, proteger el potencial de rendimiento y reducir el impacto económico que puede generar una de las patologías foliares más complejas del cultivo.

