Día de la Agricultura: América Latina produce alimentos para 1.300 millones de personas

Del maíz y la soja al café, frutas y hortalizas, el campo latinoamericano sostiene economías rurales y ocupa un lugar decisivo en la alimentación mundial.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

Cada 9 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Agricultura, una fecha que en 2026 encuentra a América Latina y el Caribe ocupando una posición estratégica para la seguridad alimentaria mundial. Desde los grandes cinturones de soja y maíz de Sudamérica hasta las zonas cafeteras, frutícolas, hortícolas y tropicales distribuidas por todo el continente, millones de productores sostienen una actividad que trasciende las fronteras regionales: según la FAO, América Latina y el Caribe producen alimentos suficientes para cerca de 1.300 millones de personas, más del doble de su propia población.

La dimensión económica es igualmente significativa. Los sistemas agroalimentarios representan entre el 9% y el 35% del Producto Bruto Interno, dependiendo del país, y aportan alrededor del 25% de las exportaciones regionales. América Latina y el Caribe se mantienen, además, como la principal región exportadora neta de alimentos del planeta, una condición construida sobre una enorme diversidad de sistemas productivos, desde establecimientos altamente tecnificados hasta pequeñas explotaciones familiares e indígenas.

Una región que produce el 14% de los alimentos y abastece mercados de todo el mundo

El peso del continente adquiere otra dimensión cuando se observa su participación internacional. América Latina y el Caribe generan alrededor del 14% de la producción agrícola y pesquera mundial y concentran aproximadamente el 18% de las exportaciones agroalimentarias globales. Brasil, Argentina y México representan en conjunto cerca del 70% de la producción de alimentos de la región.

Detrás de esas cifras existe una canasta difícil de encontrar en otra región. Brasil y Argentina ocupan posiciones centrales en soja, maíz, carnes y azúcar; México tiene una de las mayores estructuras agroalimentarias del continente; Perú, Chile y Ecuador desarrollaron potentes cadenas frutícolas orientadas a la exportación; Colombia y Centroamérica mantienen un papel histórico en café y cultivos tropicales; mientras Paraguay, Uruguay, Bolivia y otros países participan con granos, oleaginosas, carne, lácteos y producciones regionales.

La proyección hacia la próxima década aumenta todavía más la importancia de ese mapa productivo. Estimaciones recogidas por el Banco Interamericano de Desarrollo indican que hacia 2031 la región podría representar 61% de las exportaciones mundiales de soja, 59% de azúcar, 43% de maíz y 32% de carne de pollo, además de una participación relevante en productos pesqueros. La capacidad para aumentar la oferta tendrá consecuencias no solo sobre las economías latinoamericanas, sino también sobre los precios y la disponibilidad mundial de alimentos.

El comercio es solamente una cara de la agricultura regional. En miles de comunidades rurales, producir significa también conservar semillas, mantener conocimientos transmitidos entre generaciones y generar ingresos donde existen pocas actividades económicas alternativas. Sistemas tradicionales como la milpa mesoamericana conviven hoy con agricultura de precisión, maquinaria autónoma, sensores, imágenes satelitales, genética avanzada y nuevas herramientas digitales.

El desafío ya no es solamente producir más

La celebración de 2026 llega, sin embargo, en un momento particularmente exigente. Sequías, inundaciones y cambios en la estacionalidad de las lluvias están afectando rendimientos y medios de vida rurales en distintos puntos de América Latina, mientras El Niño vuelve a incrementar los riesgos para cultivos y pasturas. La FAO considera a América Latina y el Caribe la segunda región del mundo más expuesta a desastres, una vulnerabilidad que obliga a incorporar adaptación climática en las decisiones productivas.

El agua y el suelo aparecen en el centro de esa discusión. La región posee alrededor del 30% de las tierras cultivables y del agua dulce del planeta, junto con una biodiversidad excepcional, pero esos recursos enfrentan una presión creciente. Producir más con un uso eficiente del agua, conservar la fertilidad de los suelos, reducir pérdidas y mejorar la resiliencia frente a eventos extremos serán condiciones cada vez más relevantes para sostener el liderazgo agrícola latinoamericano.

La tecnología ofrece parte de la respuesta. Agricultura de precisión, riego inteligente, mejoramiento genético, bioinsumos, información climática, mecanización y herramientas digitales permiten tomar decisiones más precisas y mejorar la productividad. Pero la transformación deberá alcanzar también a pequeños y medianos productores, que necesitan financiamiento, infraestructura, conectividad, asistencia técnica y acceso a mercados para incorporar esas herramientas.

La propia agenda regional cambió para responder a esos desafíos. En marzo de 2026, los 32 países participantes de la Conferencia Regional de la FAO en Brasilia acordaron cuatro prioridades para 2026-2027: mejor producción, mejor nutrición, mejor ambiente y una vida mejor, con énfasis en eficiencia, inclusión, sostenibilidad, seguridad alimentaria, recursos naturales y resiliencia.

El contraste sigue siendo uno de los grandes desafíos latinoamericanos. Aunque la región es una potencia alimentaria y registra cuatro años consecutivos de reducción del hambre y la inseguridad alimentaria, más de 33 millones de personas todavía padecen hambre, 167 millones atraviesan inseguridad alimentaria moderada o grave y más de 181 millones no pueden acceder económicamente a una dieta saludable.

El Día Mundial de la Agricultura pone así el foco en una actividad que conecta dos extremos: la parcela de un pequeño productor y los grandes mercados internacionales de alimentos. América Latina posee tierra, agua, biodiversidad, conocimiento productivo y una escala capaz de abastecer mucho más allá de sus fronteras. El desafío para los próximos años será conservar esas ventajas mientras aumenta productividad, incorpora tecnología y mejora los ingresos de quienes hacen posible que esa producción llegue cada día a millones de mesas.

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