Renuevan cafetales para reducir US$30 millones en importaciones
Induban impulsa la renovación de cafetales con 250 productores para cerrar la brecha entre consumo y producción local.
La caficultura de República Dominicana busca recuperar protagonismo productivo después de años marcados por caída de precios internacionales, enfermedades y envejecimiento de plantaciones. En ese escenario, Industrias Banilejas (Induban) ejecuta un programa de renovación que apunta a reducir la dependencia externa y fortalecer la economía rural.
El país aún destina cerca de US$30 millones anuales a la importación de café, una cifra que el sector privado considera evitable si se consolida la recuperación del parque cafetalero. Con el programa "Café Creciente", la empresa trabaja junto a 250 productores, abarcando más de 16,000 tareas sembradas y proyectando una producción estimada de 25,000 quintales en esta etapa.
La estrategia combina asistencia técnica continua, financiamiento responsable y la introducción de 15 variedades de café de alta productividad y resistencia, principalmente frente a la broca del café (Hypothenemus hampei) y la roya (Hemileia vastatrix), dos de las amenazas sanitarias que más golpearon al sector en las últimas décadas.
Durante un recorrido por la finca experimental en Rancho Arriba, en San José de Ocoa, el presidente ejecutivo de Induban, Manuel Pozo Perelló, subrayó que el objetivo es que el país produzca lo que consume. El planteamiento apunta a que el valor generado por la cadena del café permanezca en territorio dominicano, fortaleciendo ingresos rurales y reduciendo la salida de divisas.
En los viveros del programa crecen cientos de miles de plantas que luego son trasladadas al campo bajo esquemas mixtos: parte donadas y parte financiadas. Los pagos comienzan cuando la plantación entra en producción, aproximadamente a los tres años. Del total de plantas, el 60% se destina a productores independientes y el resto a fincas propias de la compañía.
El ingeniero Carlos Fonseca, asesor del programa, explicó que el acompañamiento técnico es determinante. El enfoque no se limita a la entrega de plantas, sino que exige aplicación de buenas prácticas en fertilización, poda, control sanitario y manejo de calidad. El concepto de "obediencia técnica" busca asegurar que la inversión se traduzca en rendimiento y estabilidad productiva.
La caficultura dominicana vivió uno de sus momentos más críticos en 2015, cuando la producción cayó por debajo de 100,000 quintales, tras el impacto de la roya, fenómenos climáticos y la falta de renovación varietal. Desde entonces, el proceso de recuperación ha sido gradual, con participación del sector privado y apoyo institucional.
En provincias como Azua, San José de Ocoa, Barahona y zonas del Cibao, el programa consolida presencia territorial. Solo en Azua se produjeron 60,000 plantas en el último año, cifra que se espera repetir. Además, el plan incluye uso de abonos orgánicos elaborados localmente y capacitación para que los productores desarrollen sus propios viveros, reduciendo dependencia futura.
De mantenerse el ritmo actual, la cosecha 2025-2026 podría alcanzar 270,000 quintales, con un valor estimado de RD$5,000 millones. Hoy, cerca del 3.5% del café consumido en el país es importado, proporción que el sector busca reducir de forma progresiva.
La apuesta por la autosuficiencia cafetalera no solo tiene impacto económico. También representa una estrategia de desarrollo rural que involucra a grupos familiares, jóvenes y mujeres vinculados a la producción, con el objetivo de revitalizar una actividad tradicional que durante décadas fue parte central de la economía agrícola dominicana.

