Ecuador convierte el bosque en valor: su café ya vendió US$1,7 millones a Europa
Casi 400 caficultores producen sin ampliar la frontera agrícola y conservan más de 1.200 hectáreas de bosque mientras crecen las exportaciones.
Ecuador llevó su modelo de café libre de deforestación más allá de la etapa piloto tras alcanzar 172,5 toneladas exportadas entre 2022 y 2025, con un valor acumulado de US$1,7 millones y Europa como principal destino. La iniciativa reúne actualmente a 373 pequeños productores sobre casi 5.000 hectáreas de la Amazonía ecuatoriana y combina producción, trazabilidad y monitoreo geoespacial para demostrar que los granos no provienen de áreas recientemente deforestadas. El avance cobra especial importancia a pocos meses de que comiencen a aplicarse las nuevas exigencias ambientales de la Unión Europea.
El crecimiento comercial se aceleró durante 2025. Solo ese año, los productores lograron colocar en el exterior aproximadamente el mismo volumen que habían exportado durante los tres años anteriores juntos. Entre 2022 y 2024 habían despachado cerca de 86 toneladas, principalmente procedentes de Zamora Chinchipe, una provincia montañosa del sur ecuatoriano que viene fortaleciendo su perfil como zona de producción de café de altura. Al cierre de 2025, los embarques acumulados alcanzaron las 172,5 toneladas, equivalentes a unos cinco contenedores.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) confirmó recientemente que Ecuador alcanzó esas 172,5 toneladas de café sostenible y libre de deforestación destinadas a Europa, como resultado del trabajo conjunto entre productores, el Gobierno ecuatoriano y diferentes aliados. El proyecto comenzó en 2019 y desarrolló durante sus primeros años un protocolo que permite verificar el origen de los granos mediante imágenes satelitales, georreferenciación de las fincas, sistemas de trazabilidad y controles independientes.
El bosque deja de ser una barrera y se convierte en una ventaja comercial
El modelo productivo tiene una característica que resulta decisiva: busca elevar los rendimientos de las superficies ya cultivadas sin desmontar nuevas áreas de la Amazonía. Dentro de las casi 5.000 hectáreas vinculadas al programa permanecen conservadas más de 1.200 hectáreas de bosque natural. El café se desarrolla en sistemas agroforestales junto con árboles maderables, frutales, cacao y cultivos de ciclo corto, una combinación que permite diversificar los ingresos y contribuir al abastecimiento alimentario de las familias rurales.
La transformación también llegó al manejo de las plantaciones. Los productores reciben asistencia sobre fertilización, compostaje, poda y administración de los cafetales, además de registrar cosechas, costos y tareas agrícolas. Algunas fincas elevaron la densidad desde alrededor de 2.000 hasta 3.000 plantas de café por hectárea, acompañando ese incremento con mejoras en nutrición y manejo. El objetivo es producir más sobre la misma superficie y evitar que una mayor demanda internacional termine generando presión para incorporar nuevas tierras.
La trazabilidad es la otra pieza central. Desde el comienzo del programa, los perímetros de las propiedades fueron georreferenciados y contrastados con mapas oficiales de cobertura forestal y sistemas de monitoreo satelital. De esta manera es posible seguir la evolución del bosque dentro de cada establecimiento y aportar evidencia sobre el origen del café. Esa información, que hace pocos años podía considerarse un diferencial ambiental, está pasando a ser un requisito comercial para conservar el acceso a uno de los mercados más importantes del mundo.
Europa cambia las reglas y Ecuador busca llegar antes
La Unión Europea comenzará a aplicar su Reglamento sobre Productos Libres de Deforestación (EUDR) el 30 de diciembre de 2026 para grandes y medianos operadores, mientras que la mayoría de las micro y pequeñas empresas tendrán plazo hasta el 30 de junio de 2027. La legislación alcanza siete materias primas vinculadas al riesgo de deforestación: ganado bovino, cacao, café, palma aceitera, caucho, soja y madera, además de determinados productos derivados.
Para ingresar al mercado europeo, los operadores alcanzados deberán poder demostrar que las mercaderías cumplen las exigencias de la normativa y no proceden de tierras deforestadas después de la fecha de corte establecida por el reglamento. La geolocalización de las áreas productivas y la trazabilidad pasan así a ocupar un lugar determinante en las cadenas de suministro. Para los caficultores que ya incorporaron estos sistemas, la experiencia acumulada puede convertirse en una ventaja frente a competidores que todavía deben adaptar sus procesos.
Europa ya tiene un peso decisivo para los participantes del proyecto. Según la Federación Regional de Asociaciones de Pequeños Cafetaleros Ecológicos del Sur (FAPECAFÉS), alrededor del 90% del café producido bajo la iniciativa tiene como destino el mercado europeo, con Francia, Alemania e Italia entre los principales compradores. Los primeros envíos hacia Italia rondaron las 17 toneladas y posteriormente aumentaron hasta unas 34 toneladas, antes de que el programa alcanzara el volumen acumulado registrado al finalizar 2025.
La experiencia de Zamora Chinchipe también comenzó a alimentar una estrategia de mayor escala. En 2025, Ecuador puso en marcha un proceso nacional para registrar y georreferenciar a más de 100.000 productores de café y cacao distribuidos en sus 24 provincias, con la intención de preparar a las cadenas agrícolas para los requisitos de trazabilidad de los mercados internacionales. El desafío ahora será trasladar las herramientas desarrolladas con unos cientos de caficultores hacia una base productiva mucho más amplia.
La apuesta ocurre en un país que enfrenta una presión histórica sobre sus recursos naturales. Durante las últimas cuatro décadas, Ecuador perdió aproximadamente 1,2 millones de hectáreas de cobertura forestal, mientras avanzaron distintas actividades agrícolas y productivas. En las áreas donde opera el proyecto cafetalero, el PNUD identificó una tasa promedio anual de deforestación cercana al 3,44% entre 2016 y 2022, lo que refuerza la importancia de producir más sin ampliar la frontera sobre el bosque.
Para los pequeños caficultores, el próximo examen será económico además de ambiental. El proyecto busca incorporar nuevos productores, ampliar la trazabilidad y consolidar compradores capaces de reconocer el diferencial de una producción verificable. Con US$1,7 millones exportados hasta fines de 2025 y nueve de cada diez kilos dirigidos a Europa, Ecuador llega a la entrada en aplicación del EUDR con una experiencia concreta: demostrar dónde se produjo cada lote puede empezar a valer tanto como la calidad del grano.

