Ecuador

Sin El Niño, pero con lluvias fuertes: el escenario climático que enfrenta Ecuador

Aunque no se configura un Fenómeno de El Niño, el calentamiento costero frente a Ecuador eleva el riesgo de lluvias intensas, inundaciones y daños en zonas agrícolas.

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El invierno en Ecuador avanza con un comportamiento atípico: comenzó de manera tardía, pero con episodios de lluvias intensas y concentradas que ya generan impactos en distintas regiones del país. Así lo advierte el INAMHI, que descarta la presencia de un Fenómeno de El Niño clásico, aunque alerta sobre un escenario de calentamiento costero que incrementa la vulnerabilidad climática, especialmente en áreas productivas del Litoral.

Según los análisis meteorológicos, las precipitaciones continuarán durante febrero y marzo, período que representa el pico del invierno ecuatoriano. Si bien los acumulados mensuales se mantienen dentro de rangos considerados normales, los especialistas advierten que pueden registrarse eventos puntuales con lluvias superiores a lo habitual en lapsos muy cortos, una combinación que eleva el riesgo de inundaciones, deslizamientos y afectaciones a la infraestructura rural.

Desde el organismo técnico explican que no están dadas las condiciones para hablar de un Fenómeno de El Niño canónico, que implica un calentamiento sostenido y de gran escala en el Pacífico central y oriental. En cambio, Ecuador atraviesa una fase de calentamiento débil frente a sus costas, posterior a la salida del episodio de La Niña registrada a fines de 2025. Este tipo de calentamiento, aunque más localizado, favorece la formación de nubosidad y el aumento de lluvias en la región costera.

Uno de los principales factores de preocupación es el estado actual de los suelos. La acumulación de lluvias previas ha reducido la capacidad de absorción del terreno, por lo que precipitaciones de entre 50 y 80 milímetros en pocas horas pueden desencadenar deslizamientos, procesos de sedimentación en cuencas y desbordes de ríos. En este contexto, el riesgo no depende solo de la intensidad de una lluvia puntual, sino del historial de saturación del suelo.

Las provincias que concentran mayores afectaciones son Los Ríos, Santo Domingo y El Oro, además de amplias zonas agrícolas del Litoral. Se trata de áreas bajas donde predominan cultivos estratégicos como arroz y banano, altamente sensibles a anegamientos prolongados. A esto se suma la incidencia de las lluvias en la Sierra, especialmente en provincias como Pichincha, que incrementan los caudales de ríos que desembocan en zonas productivas de la Costa.

En cuanto a la evolución del invierno, las proyecciones oficiales indican que las lluvias se mantendrán durante enero, febrero y marzo, con la posibilidad de extenderse hacia abril si persisten las condiciones de calentamiento costero. Recién a partir de mayo se espera una disminución gradual de las precipitaciones y el inicio de la transición hacia la estación seca.

Frente a este escenario, las autoridades recomiendan reforzar las medidas preventivas en el sector agropecuario. Mantener limpios los canales de drenaje, proteger infraestructura productiva, monitorear el estado de los cultivos y seguir exclusivamente la información oficial resulta clave para reducir el impacto de eventos extremos. El invierno, señalan los técnicos, no puede evitarse, pero sí gestionarse para minimizar pérdidas productivas y riesgos para las comunidades rurales.

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