EE.UU. logra que El Salvador elimine barreras sanitarias a granos y mariscos
El nuevo acuerdo bilateral suprime exigencias de fumigación y certificados para productos agrícolas estadounidenses y refuerza el acceso no discriminatorio al mercado salvadoreño.
El comercio agrícola entre Estados Unidos y El Salvador inicia una nueva fase tras la firma de un acuerdo de comercio recíproco que elimina requisitos de fumigación y certificaciones sanitarias aplicados hasta ahora a granos básicos y mariscos provenientes de EE.UU.. El entendimiento también amplía el reconocimiento de controles sanitarios realizados en territorio estadounidense.
Según lo establecido, El Salvador dejará sin efecto exigencias consideradas innecesarias por Washington para el ingreso de granos estadounidenses y reconocerá los certificados de exportación de mariscos, así como las pruebas de inocuidad aplicadas a la carne producida en Estados Unidos.
El acuerdo, firmado el 29 de enero de 2026, contempla además que el país centroamericano otorgue acceso no discriminatorio al mercado para los productos agrícolas de EE.UU. y que sus medidas sanitarias y fitosanitarias se fundamenten en criterios científicos y evaluación de riesgo, evitando restricciones que puedan interpretarse como obstáculos técnicos encubiertos al comercio bilateral.
Desde la administración del presidente Donald Trump, estos entendimientos forman parte de una estrategia orientada a reducir barreras regulatorias que, según sostienen, afectan la competitividad de agricultores y ganaderos estadounidenses en mercados externos. En ese marco, Centroamérica aparece como una región prioritaria para consolidar acceso y previsibilidad comercial.
Hasta el momento, Estados Unidos ha suscrito ocho acuerdos bajo este esquema de comercio recíproco, con avances relevantes en la región centroamericana durante el primer tramo del año. La meta declarada es garantizar condiciones más equitativas para las exportaciones agropecuarias, especialmente en mercados donde se identifican exigencias técnicas o sanitarias que limitan el ingreso de productos.
Para El Salvador, la medida implica ajustes en su normativa sanitaria y fitosanitaria. El impacto podría traducirse en una mayor fluidez comercial para importadores y cadenas de abastecimiento, aunque también plantea interrogantes sobre el efecto en productores locales y en la gestión de estándares de control.
En un escenario global donde las medidas sanitarias se han convertido en herramientas centrales de política comercial, la definición de criterios basados en ciencia y riesgo seguirá siendo un eje clave en las relaciones bilaterales. El acuerdo refuerza la presencia comercial estadounidense en Centroamérica y marca un precedente que podría influir en futuras negociaciones dentro de la región.

