Agricultura

El diésel vuelve a presionar al agro boliviano en plena preparación de la campaña

Productores de Santa Cruz advierten que el combustible disponible todavía no alcanza para completar labores y preparar la campaña de verano.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

El abastecimiento insuficiente de diésel volvió a encender las alertas del sector agrícola boliviano, cuando la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo) advirtió que los volúmenes disponibles todavía no permiten trabajar con normalidad. El problema cobra especial importancia porque los productores necesitan combustible tanto para terminar tareas de cosecha como para comenzar la preparación de la campaña de verano, una etapa de alta demanda de maquinaria en el campo.

La preocupación se concentra especialmente en Santa Cruz, uno de los principales polos agrícolas de Bolivia. Según explicó Jaime Hernández, gerente de Anapo, las dificultades no se limitan a los productores de menor escala. Medianos y grandes establecimientos tampoco estarían consiguiendo los volúmenes necesarios, incluso accediendo al combustible a un valor de 16,50 bolivianos.

El escenario agrega incertidumbre a una campaña que necesita continuidad en las labores. Tractores, cosechadoras, sembradoras y equipos utilizados para preparar los lotes dependen directamente del diésel, por lo que cualquier interrupción puede modificar cronogramas y elevar los costos operativos.

Para los pequeños agricultores se habilitó un mecanismo que permite adquirir hasta 2.500 litros mensuales a 9,80 bolivianos, pero desde el sector productivo aseguran que todavía existen dificultades para acceder efectivamente al beneficio.

El problema ya no es solamente el precio, sino conseguir el volumen necesario

Uno de los obstáculos señalados por Anapo está relacionado con la habilitación de los productores en los sistemas utilizados por las estaciones de servicio. Esto provoca que una medida destinada a facilitar el acceso al combustible encuentre trabas cuando llega el momento de realizar la compra.

La situación plantea una diferencia importante entre contar con un esquema de provisión y disponer efectivamente del combustible en el establecimiento. Para el productor, la previsibilidad del suministro resulta determinante para organizar las labores agrícolas, especialmente cuando varias tareas deben realizarse dentro de ventanas relativamente acotadas.

Hernández sostuvo que actualmente no existe un abastecimiento pleno que otorgue la seguridad necesaria para completar la cosecha y avanzar luego con las tareas previas a la campaña de verano.

La advertencia llega en un momento particularmente sensible. La preparación de los lotes implica movilizar maquinaria para distintas labores y posteriormente avanzar con la implantación de los cultivos. Una disponibilidad irregular de combustible puede generar demoras, concentrar trabajos en menos días y aumentar la presión sobre los costos.

Para los productores, además, la incertidumbre obliga a planificar sin conocer con precisión cuánto diésel podrán conseguir ni a qué valor. Esa combinación dificulta presupuestar la nueva campaña y anticipar el costo final de cada hectárea.

El mayor costo del combustible puede trasladarse a toda la cadena

El impacto no queda limitado a las tareas dentro de los establecimientos. El combustible también tiene una incidencia directa sobre el transporte de insumos y granos, por lo que un encarecimiento sostenido puede extenderse desde la producción primaria hasta la comercialización.

Desde Anapo advierten que trabajar con carburantes a precios más elevados modifica las estructuras de costos. Cuando aumenta el gasto necesario para producir y transportar, parte de esa diferencia puede terminar incorporándose a los precios a lo largo de la cadena.

La situación resulta especialmente relevante para los cultivos extensivos, donde la maquinaria participa en distintas etapas del ciclo productivo. Cada hectárea requiere combustible para operaciones que van desde la preparación del terreno hasta la cosecha y el movimiento posterior de la producción.

Por eso, el reclamo del sector no se concentra únicamente en obtener un precio más bajo. La principal demanda es contar con un flujo de diésel suficientemente estable como para programar las labores sin interrupciones, algo que todavía no estaría garantizado de acuerdo con la evaluación realizada por Anapo.

La campaña de verano se convierte así en el próximo punto de atención. Si las dificultades persisten durante las semanas de mayor actividad, los productores podrían enfrentar una combinación de mayores costos operativos y menor margen para organizar las labores en las fechas previstas.

La evolución del suministro será determinante para saber si el problema comienza a normalizarse antes de que aumente la demanda agrícola. Por ahora, desde el principal sector oleaginoso y triguero de Santa Cruz sostienen que el combustible disponible todavía no ofrece la certidumbre que requiere una nueva campaña.

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