Clima

El Niño 2026 amenaza algo más que las cosechas: científicos alertan que podría acortar la vida de millones

Mientras el Pacífico se calienta y crecen las chances de un fuerte El Niño, una investigación revela un impacto poco conocido: menos años de vida, pérdidas millonarias y nuevos riesgos para el agro de América Latina.

María Fernanda Solís
Periodista agroalimentaria especializada en comercio regional, sostenibilidad, logística y tendencias globales del sector agroindustrial.

El fenómeno climático El Niño vuelve a encender las alarmas globales. Mientras los organismos meteorológicos prevén una alta probabilidad de que se desarrolle durante los próximos meses, una investigación científica reveló un dato inquietante: además de provocar sequías, inundaciones y pérdidas agrícolas, podría reducir la esperanza de vida de millones de personas. El hallazgo preocupa especialmente a países agrícolas de América Latina como México, Colombia, Perú, Chile y las naciones de Centroamérica, donde el clima impacta directamente sobre la producción de alimentos, la economía y el empleo rural.

Los indicadores oceánicos muestran que el Pacífico ecuatorial continúa acumulando calor y las proyecciones internacionales indican una elevada probabilidad de que El Niño 2026 se consolide antes de fin de año.

La atención de los especialistas está puesta en una poderosa onda Kelvin, una masa de agua cálida que se desplaza bajo la superficie oceánica y que actualmente presenta temperaturas comparables e incluso superiores a las registradas antes del histórico episodio de 1997-1998, considerado uno de los más intensos del último siglo.

Sabemos que El Niño, si bien ocurre en el Pacífico ecuatorial, modifica el clima de todo el planeta a través de sus "teleconexiones". Lo que no sabíamos es que reduce la espectativa de vida de quienes lo padecen.
Sabemos que El Niño, si bien ocurre en el Pacífico ecuatorial, modifica el clima de todo el planeta a través de sus "teleconexiones". Lo que no sabíamos es que reduce la espectativa de vida de quienes lo padecen.

Aunque todavía no puede hablarse oficialmente de un "Super El Niño", los climatólogos coinciden en que el fenómeno tendrá una intensidad considerable y que el calentamiento global está favoreciendo eventos cada vez más extremos y prolongados.

Para el sector agropecuario latinoamericano, la noticia no pasa desapercibida. Más lluvias donde no deberían ocurrir, sequías prolongadas en zonas productivas y eventos meteorológicos extremos pueden alterar desde la siembra hasta la cosecha, afectando las exportaciones agroalimentarias y la estabilidad de los mercados.

La consecuencia menos conocida: El Niño podría restar años de vida

Durante décadas, los impactos de El Niño se midieron en términos de hectáreas inundadas, cultivos perdidos, incendios forestales y daños económicos. Sin embargo, una reciente investigación publicada en la prestigiosa revista científica Nature Climate Change puso el foco en una consecuencia mucho más profunda.

El gráfico a) muestra cuánto se redujo la esperanza al nacer en EE.UU. con El Niño de 1998. El b), los cambios acumulados en la esperanza de vida de los países en la cuenca del Pacífico. En c), el impacto en la esperanza de vida al nacer, en cinco años, luego de los eventos El Niño por países.
El gráfico a) muestra cuánto se redujo la esperanza al nacer en EE.UU. con El Niño de 1998. El b), los cambios acumulados en la esperanza de vida de los países en la cuenca del Pacífico. En c), el impacto en la esperanza de vida al nacer, en cinco años, luego de los eventos El Niño por países.


Los investigadores descubrieron que los grandes eventos de El Niño pueden provocar una reducción significativa de la esperanza de vida en numerosos países de la cuenca del Pacífico.

Los resultados sorprendieron incluso a la comunidad científica. El fenómeno de 1982-1983 redujo en promedio medio año de esperanza de vida, mientras que el episodio de 1997-1998 provocó una caída cercana a 0,4 años.

Lo más preocupante es que los efectos no desaparecen cuando termina el fenómeno climático. Según el estudio, el impacto sobre la mortalidad puede extenderse durante más de diez años después de que las temperaturas oceánicas vuelven a la normalidad.

Los especialistas atribuyen estas consecuencias a una combinación de factores: olas de calor más intensas, enfermedades transmitidas por el agua, problemas respiratorios vinculados a incendios forestales, malnutrición y una mayor vulnerabilidad de los sistemas sanitarios.

El agro latinoamericano, entre los sectores más expuestos

La relación entre El Niño y la producción agropecuaria es directa. Cuando el clima se altera, también lo hacen los rendimientos agrícolas, la disponibilidad de agua y la logística de exportación.

En Perú y Ecuador, los antecedentes muestran que los eventos intensos suelen provocar inundaciones devastadoras, daños en infraestructura y pérdidas productivas.

El Niño 2026 amenaza algo más que las cosechas: científicos alertan que podría acortar la vida de millones

En México, los períodos secos asociados al fenómeno pueden afectar la disponibilidad hídrica para cultivos estratégicos y sistemas ganaderos.

En Colombia, las altas temperaturas y la reducción de lluvias impactan sobre actividades agrícolas sensibles al estrés hídrico.

Mientras tanto, Chile enfrenta desafíos vinculados a la gestión del agua para la producción frutícola y agroexportadora, uno de los pilares de su economía.

La situación también preocupa en Centroamérica, donde millones de productores dependen de las lluvias para sostener cultivos básicos vinculados a la seguridad alimentaria regional.

Las consecuencias no terminan en el campo. Menor producción significa menos exportaciones, presión sobre los precios de los alimentos, reducción de ingresos rurales y mayores costos logísticos para toda la cadena agroindustrial.

El extraordinario evento El Niño de 1877-78 contribuyó a una hambruna global que acabó con cerca del 4 % de la población mundial. Hoy estamos mejor preparados para resistir el embate de un evento similar.
El extraordinario evento El Niño de 1877-78 contribuyó a una hambruna global que acabó con cerca del 4 % de la población mundial. Hoy estamos mejor preparados para resistir el embate de un evento similar.


Miles de millones de dólares en juego

Además de sus efectos sanitarios, El Niño también deja una pesada factura económica.

Los investigadores estimaron que el deterioro en la salud y el bienestar asociado a los grandes eventos climáticos generó pérdidas equivalentes a US$ 2,6 billones durante el episodio de 1982-1983 y cerca de US$ 4,7 billones durante el fenómeno de 1997-1998.

Se trata de cifras que superan ampliamente los presupuestos anuales de muchos países y reflejan la magnitud de un problema que suele analizarse únicamente desde la meteorología.

Para los países agroexportadores de América Latina, los riesgos incluyen caídas en la producción, daños a la infraestructura rural, interrupciones logísticas, aumento de costos y mayor volatilidad en los mercados internacionales de alimentos.

Los expertos coinciden en que el avance del cambio climático está modificando el comportamiento de los fenómenos naturales y aumentando la probabilidad de eventos extremos.

Las proyecciones indican que, bajo escenarios de emisiones moderadas, la pérdida acumulada de esperanza de vida vinculada a El Niño podría alcanzar hasta 2,8 años hacia finales de siglo.

La buena noticia es que hoy existen herramientas para reducir parte de esos impactos. Los sistemas de alerta temprana, la agricultura de precisión, la planificación sanitaria y las inversiones en infraestructura resiliente permiten anticiparse mejor a los riesgos.

Sin embargo, los especialistas advierten que la ventana de preparación es limitada.

Durante años, El Niño fue visto como un fenómeno capaz de provocar inundaciones, sequías y cosechas dañadas. Ahora la ciencia demuestra que sus efectos van mucho más allá.

La amenaza no se limita a la producción agrícola ni a la economía. También alcanza a la salud pública, al bienestar social y a la calidad de vida de millones de personas.

Por eso, mientras el Pacífico continúa calentándose, gobiernos, productores y organismos internacionales observan con atención una pregunta clave: ¿está América Latina preparada para enfrentar un fenómeno climático que podría afectar simultáneamente la producción de alimentos, la economía y la esperanza de vida de su población?

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