El Niño 2026 podría golpear con más calor y lluvias extremas
Modelos internacionales anticipan un evento moderado a fuerte que impactaría cultivos, energía y logística en Brasil y la región.
Los principales modelos climáticos internacionales anticipan el regreso de El Niño en 2026, con una probabilidad creciente de que el fenómeno alcance intensidad moderada a fuerte hacia el segundo semestre. Las proyecciones indican que los primeros efectos comenzarían a sentirse desde mayo y se intensificarían entre agosto y noviembre, con impactos relevantes sobre el agro brasileño y sudamericano.
Las estimaciones más recientes de la NOAA muestran un aumento en la probabilidad de calentamiento sostenido del Pacífico ecuatorial, condición que altera la circulación atmosférica y modifica la distribución de lluvias en América del Sur.
Para Brasil, el patrón típico bajo El Niño incluye mayores precipitaciones en el sur -especialmente en Rio Grande do Sul- y condiciones más secas en el norte y parte del Nordeste. Este comportamiento genera escenarios productivos contrastantes.
En el sur brasileño, el incremento de lluvias puede favorecer los perfiles de humedad para cultivos de invierno, pero también aumenta el riesgo de inundaciones, tormentas severas y problemas logísticos durante la siembra y cosecha. Eventos de lluvias intensas en primavera podrían afectar infraestructura rural y transporte.
En el centro y norte del país, en cambio, se proyectan olas de calor más frecuentes, prolongadas e intensas, con mayor estrés hídrico. La irregularidad en el inicio de la temporada de lluvias podría complicar la implantación de soja y maíz en regiones clave del cinturón agrícola.
Los modelos también indican que, aunque mayo y junio podrían registrar incursiones de aire frío más amplias, esa dinámica perdería fuerza desde julio, dando paso a un período más cálido y seco hacia fines del invierno y la primavera.
En la cuenca amazónica se anticipan crecidas fluviales superiores a las del año pasado, seguidas de un estiaje más marcado. Este comportamiento podría afectar la navegabilidad de ríos estratégicos para el transporte de granos, además de generar tensiones en el abastecimiento hídrico regional.
Otro punto de atención es la generación hidroeléctrica. Un régimen de lluvias irregular, con períodos secos prolongados en regiones del sudeste y centro-oeste, podría presionar los niveles de embalses y afectar la oferta energética en momentos de alta demanda.
El antecedente inmediato refuerza la cautela: los años 2023 y 2024, bajo fuerte influencia de El Niño, estuvieron entre los más cálidos registrados globalmente, con mayor frecuencia de eventos extremos. Si el patrón proyectado se confirma, el agro brasileño podría enfrentar un escenario dual: exceso hídrico en el sur y déficit en áreas productivas del interior.
Para el complejo sojero y maicero, la variable climática será determinante en la definición de rindes y en la volatilidad de mercados. Brasil, como principal exportador mundial de soja, tiene capacidad de influir en los precios internacionales cuando se producen ajustes en oferta.
Las próximas actualizaciones de los modelos oceánicos-atmosféricos serán claves para confirmar la magnitud del evento y ajustar estrategias productivas. En un ciclo donde el clima vuelve a posicionarse como factor decisivo, la planificación temprana será determinante para mitigar riesgos y sostener competitividad en los principales polos agrícolas de la región.

