El Niño amenaza a América Latina y alerta al agro por lluvias y calor extremo
La NOAA y Copernicus advierten sobre un posible El Niño fuerte o muy fuerte en 2026, elevando el riesgo de inundaciones, olas de calor y pérdidas para el agro latinoamericano.
La posibilidad de un fenómeno de El Niño fuerte o muy fuerte comenzó a encender alertas en los mercados agrícolas y climáticos de América Latina luego de que la NOAA y el sistema europeo Copernicus confirmaran un rápido calentamiento del Pacífico tropical. Según las últimas actualizaciones publicadas esta semana, existe un 82 % de probabilidad de que el fenómeno se consolide entre mayo y julio de 2026, mientras que las chances de un evento de intensidad fuerte o extrema ya alcanzan cerca del 70 % para fines de año.
El dato preocupa especialmente al sector agroindustrial porque un episodio de estas características suele provocar inundaciones, olas de calor, pérdidas productivas y fuerte volatilidad en los mercados de soja, maíz, trigo y otros commodities agrícolas clave para la región.
Las nuevas mediciones muestran que prácticamente todo el Pacífico ecuatorial presenta anomalías cálidas. La región clave de monitoreo denominada Niño 3.4 ya registró anomalías de +0,4 °C, acercándose rápidamente al umbral oficial de El Niño (+0,5 °C).
Al mismo tiempo, la NOAA detectó una enorme masa de agua caliente subsuperficial con anomalías cercanas a los 6 °C, una señal considerada crítica para la consolidación del fenómeno y que históricamente estuvo vinculada a episodios climáticos de gran impacto económico.
La preocupación de los analistas climáticos no sólo pasa por la formación de El Niño, sino por su potencial intensidad. Más de la mitad de los modelos internacionales utilizados por Copernicus y ECMWF proyectan anomalías superiores a +2,5 °C hacia finales de 2026, niveles asociados históricamente con algunos de los episodios más disruptivos de las últimas décadas.
Resumen del boletín de la NOAA del 11 de mayo de 2026. Crédito
Para regiones agrícolas de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, el escenario ya empieza a mostrar señales clásicas de El Niño. Los pronósticos estacionales indican probabilidades de entre 60 % y 70 % de lluvias superiores a lo normal durante julio, agosto y septiembre.
En términos agrícolas, esto puede representar un escenario de doble impacto. Por un lado, una mejora hídrica podría favorecer la recuperación de perfiles de humedad y potenciar cultivos de invierno y futuras campañas gruesas. Pero al mismo tiempo, un exceso de precipitaciones podría generar anegamientos, problemas logísticos, presión de enfermedades y pérdidas de calidad en zonas productivas estratégicas.
Además de las lluvias, los especialistas advierten que un El Niño extremo suele venir acompañado de una aceleración de los eventos meteorológicos severos, incluyendo tormentas intensas, inundaciones repentinas, sequías prolongadas y fuertes olas de calor.
Los modelos también muestran una creciente interacción entre el calentamiento oceánico y señales atmosféricas vinculadas a la Oscilación Madden-Julian (MJO), un patrón climático que puede amplificar la actividad convectiva sobre el Pacífico y reforzar aún más el acoplamiento océano-atmósfera asociado al fenómeno.
Las previsiones del CPC/NOAA indican que aumentarán las probabilidades de que se produzca un fenómeno de El Niño de intensidad fuerte a muy fuerte en los próximos meses.
En paralelo, los mercados agrícolas internacionales comienzan a seguir de cerca estas proyecciones. Históricamente, los años dominados por fenómenos intensos de El Niño suelen generar alta volatilidad en commodities como soja, maíz, trigo, arroz y azúcar, debido a cambios bruscos en las condiciones productivas de América, Asia y Oceanía.
Otro punto que genera preocupación entre analistas climáticos es el impacto sobre las temperaturas promedio del planeta. Tanto la NOAA como Copernicus coinciden en que un evento intenso podría volver a impulsar récords de temperatura global, incrementando el riesgo de incendios forestales, estrés hídrico y fenómenos extremos en múltiples regiones agrícolas.
Proyección multimodelo de Copernicus para las anomalías de la temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4 (izquierda) y proyección de los modelos que componen el conjunto
Aunque los organismos internacionales aclaran que la intensidad de El Niño no siempre determina automáticamente la magnitud de los impactos locales, remarcan que cuanto más fuerte es el calentamiento del Pacífico, mayores son las probabilidades de observar los efectos climáticos clásicos asociados al fenómeno.
Previsión climática de precipitaciones del conjunto multimodelo de Copernicus para julio, agosto y septiembre, con especial atención a Sudamérica.
En el sector agroindustrial latinoamericano, el escenario ya empezó a ser seguido con máxima atención. Productores, exportadores, operadores logísticos y fondos agrícolas monitorean día a día la evolución del Pacífico ante un posible cambio de ciclo climático que podría redefinir estrategias productivas y comerciales durante la campaña 2026/27.

