Clima y Cultivos

El Niño golpea la puerta del café y la naranja: crece el temor por la cosecha

El calor extremo y la falta de agua amenazan cultivos clave del Sudeste brasileño, mientras la caña de azúcar podría beneficiarse del nuevo patrón climático.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

El regreso de El Niño amenaza con alterar la cosecha 2026/27 de Brasil, con el café y los cítricos del Sudeste entre las producciones más expuestas al calor extremo y al déficit de lluvias previsto para la temporada. Especialistas brasileños advierten que las altas temperaturas podrían afectar la floración de los cafetales y reducir la disponibilidad de agua para los naranjos, un riesgo relevante para dos cadenas en las que el país ocupa una posición decisiva dentro del comercio agrícola mundial.

La preocupación no se limita a cuánto puede llover durante el ciclo productivo. Para los cultivos perennes, la combinación entre temperatura, disponibilidad de agua y momento en que aparecen los eventos extremos puede definir buena parte del rendimiento final. Una ola de calor durante una etapa sensible puede causar daños que posteriormente resultan difíciles de revertir, aun cuando regresen las precipitaciones.

Eduardo Assad, investigador del Observatorio de Bioeconomía del Centro de Estudios Agroempresariales FGV Agro, considera que desde el punto de vista fisiológico la soja y el maíz están entre los cultivos con mayor exposición al fenómeno. Sin embargo, cuando el análisis se concentra en el Sudeste, el café y la naranja aparecen entre las producciones que requieren mayor atención.

Las proyecciones contemplan episodios de temperaturas muy elevadas acompañados por períodos con pocas precipitaciones. En el café, el principal temor está puesto en la posible caída de flores como consecuencia del estrés térmico e hídrico, un proceso capaz de reducir el número de frutos que llegarán a desarrollarse y, por lo tanto, comprometer el potencial de la próxima cosecha.

Para los cítricos, el problema tiene otra dimensión. La falta de humedad suficiente puede aumentar el estrés de los árboles y perjudicar el crecimiento y formación de los frutos. Una menor disponibilidad de agua en las zonas productoras de naranja puede terminar repercutiendo sobre el volumen cosechado, especialmente en establecimientos con menor capacidad de riego.

Café y naranja, dos mercados que mirarán al cielo brasileño

Lo que suceda en las áreas productoras de Brasil tiene relevancia mucho más allá de sus fronteras. El país constituye una pieza central del abastecimiento internacional de café y productos derivados de la naranja, por lo que cualquier deterioro importante de las perspectivas productivas puede modificar las expectativas de compradores, industrias y operadores.

En el caso del café, la atención estará especialmente concentrada sobre la floración y el posterior desarrollo de los frutos. No alcanza con que las lluvias lleguen: deben hacerlo en los momentos adecuados y acompañadas por temperaturas que permitan una buena respuesta de las plantas. Una distribución irregular puede dejar períodos críticos sin la humedad necesaria.

Los naranjales enfrentan una ecuación similar. Temperaturas persistentemente elevadas incrementan las necesidades hídricas de las plantas precisamente cuando las precipitaciones podrían resultar insuficientes. Si ambas variables coinciden durante períodos prolongados, el deterioro puede trasladarse a la productividad y a la calidad de la fruta.

Por ahora, los especialistas hablan de riesgos y no de pérdidas consolidadas. La intensidad final de El Niño, su duración y la forma en que modifique las precipitaciones regionales serán determinantes. Las próximas semanas y meses permitirán conocer si las amenazas climáticas terminan convirtiéndose en recortes efectivos de producción.

Mientras café y naranja sufren, la caña podría recibir más lluvias

El impacto previsto no es uniforme para todo el agro brasileño. La caña de azúcar cultivada en el Centro-Sur podría encontrarse con condiciones más favorables. Fabio Marin, profesor del Departamento de Ingeniería de Biosistemas de Esalq/USP, explica que los años dominados por El Niño suelen presentar un aumento y una mejor distribución de las lluvias en esa región.

Los antecedentes indican que, cuando el fenómeno alcanza una intensidad importante, la producción de caña del Centro-Sur puede ubicarse por encima del promedio. La mayor disponibilidad de humedad favorece el desarrollo de las plantas, aunque también introduce un riesgo diferente para ingenios y productores.

Demasiada lluvia durante la cosecha puede impedir o dificultar el ingreso de las máquinas a los lotes, retrasando la recolección y el posterior procesamiento de la materia prima. Así, un patrón climático favorable para el crecimiento de la caña no necesariamente garantiza una campaña sin dificultades operativas.

El tablero internacional agrega otra variable. India, uno de los mayores productores de azúcar y competidor de Brasil, podría enfrentar una menor disponibilidad de agua durante su temporada de lluvias monzónicas bajo la influencia de El Niño, según señaló Guilherme Palhares, analista de Santander.

La evolución del fenómeno podría, por lo tanto, modificar simultáneamente las perspectivas de varias materias primas agrícolas. Para Brasil, el foco inmediato estará sobre el Sudeste: café y naranja ingresan en una campaña en la que unas pocas semanas de calor extremo o lluvias insuficientes pueden terminar teniendo consecuencias productivas y comerciales mucho mayores.

© AgroLatam. Todos los derechos reservados.
Esta nota habla de: