El Niño apunta al sur de Brasil: el 80% del trigo queda frente al período más crítico
El pico del fenómeno coincidiría con una fase decisiva de la cosecha. Soja y maíz también enfrentan riesgos, mientras el café exige atención en el sudeste.
El posible fortalecimiento de El Niño durante el último trimestre de 2026 coloca al sur de Brasil frente a uno de los momentos más delicados de la campaña 2026/27, debido a que el período de mayor intensidad del fenómeno podría coincidir con etapas críticas de varios cultivos. El trigo aparece como la principal preocupación: cerca del 80% de la producción nacional se concentra en esta región y una mayor frecuencia de lluvias durante la fase final puede comprometer rendimiento, calidad y valor comercial. La soja y el maíz temprano también presentan exposición, mientras el café requerirá especial atención en el sudeste.
El riesgo no será uniforme en todo Brasil. Las proyecciones recopiladas en un reciente análisis de riesgo climático muestran un escenario dividido geográficamente: mientras el Sur podría quedar expuesto a excesos de humedad, algunas producciones del centro-oeste podrían beneficiarse de una mayor disponibilidad de agua. Esa diferencia será determinante para una agricultura que se extiende sobre regiones con calendarios productivos y condiciones climáticas muy distintas.
El caso más sensible es el trigo. Brasil proyecta una producción cercana a 7,54 millones de toneladas y buena parte de ese volumen depende de lo que ocurra en los estados del Sur. El problema no es únicamente cuánto puede llover, sino cuándo. El período decisivo del cereal coincidiría con el posible pico de El Niño durante el cuarto trimestre, aumentando la posibilidad de que las precipitaciones alcancen al cultivo cerca de su madurez y cosecha.
El trigo enfrenta un riesgo que puede pasar del campo al precio
Cuando la humedad persiste durante las últimas etapas del trigo, las consecuencias pueden ir más allá de una reducción del rendimiento. Entre los problemas señalados aparecen la germinación prematura del grano, pérdida de calidad comercial y mayor desarrollo de enfermedades fúngicas, factores capaces de reducir el precio que finalmente recibe el productor.
Ese punto es especialmente importante para medir el verdadero impacto económico. Un lote puede conservar parte de su volumen y, aun así, sufrir pérdidas si el cereal cosechado no alcanza los parámetros exigidos por la industria. Calidad, peso hectolítrico y condición sanitaria terminan definiendo qué destino puede recibir el grano y cuánto vale comercialmente.
Los antecedentes muestran que no se trata de un riesgo solamente teórico. Durante el El Niño extremo de 2015/16, el trigo registró el mayor volumen anual de pérdidas dentro de una serie histórica de seguros agrícolas analizada para el sector de granos. Rio Grande do Sul fue particularmente afectado.
Entre 2000 y 2021 se contabilizaron 220 siniestros vinculados al trigo dentro de la serie considerada y más de 110 se concentraron en Rio Grande do Sul. La experiencia de aquel episodio funciona ahora como referencia ante la posibilidad de otro evento intenso, aunque su comportamiento no necesariamente será idéntico.
La soja y el maíz de primera cosecha también deberán atravesar una campaña condicionada por la distribución de las lluvias en el Sur. Excesos persistentes pueden dificultar la siembra y las labores, generar problemas de implantación y favorecer enfermedades. Sin embargo, el efecto dependerá de la fase en que se encuentre cada cultivo cuando ocurran los períodos de mayor precipitación.
Soja, maíz y café completan un mapa de riesgos muy diferente
La situación cambia al desplazarse hacia otras regiones agrícolas. En partes del centro-oeste, una mayor disponibilidad hídrica podría resultar favorable para determinados cultivos si las precipitaciones llegan con buena distribución. Esto explica por qué El Niño no necesariamente significa pérdidas para toda la cosecha brasileña: un mismo fenómeno puede provocar exceso de agua en una región y mejorar las reservas de humedad en otra.
En el sudeste, el café aparece entre las producciones que requieren seguimiento. La distribución de las lluvias y las temperaturas durante floración, cuaje y desarrollo de los frutos puede influir de manera considerable sobre el potencial de la cosecha. Brasil es el mayor productor y exportador mundial de café, por lo que cualquier modificación importante de sus perspectivas productivas también puede repercutir sobre el mercado internacional.
La atención sobre soja y maíz tiene una dimensión similar. Por el peso de Brasil en el comercio mundial de granos, los cambios climáticos capaces de alterar su producción pueden modificar expectativas de oferta y exportaciones. Por eso, además de productores y aseguradoras, los mercados agrícolas seguirán la evolución de las lluvias durante la primavera y el verano sudamericano.
Todavía existe incertidumbre sobre la intensidad definitiva y la distribución regional de los efectos del fenómeno, por lo que el escenario puede modificarse a medida que avance la campaña. El punto crítico estará en la coincidencia entre clima y calendario agrícola: para el trigo del Sur, el riesgo llega precisamente cuando buena parte de las 7,54 millones de toneladas proyectadas estará atravesando una etapa decisiva. Esa superposición convierte a los últimos meses de 2026 en una ventana clave para el resultado productivo y económico de la cosecha brasileña.

