El cambio climático acelera la crisis del campo salvadoreño y exige nuevas respuestas
La sequía y las altas temperaturas comprometen la actividad de miles de pequeñas empresas rurales en El Salvador, donde el 87% depende exclusivamente del campo para generar ingresos.
El fenómeno de El Niño ya compromete la actividad de cerca de 60.000 micro y pequeñas empresas agropecuarias en El Salvador, donde la reducción de las lluvias, las altas temperaturas y los períodos de sequía están deteriorando la producción agrícola y ganadera. Un análisis divulgado por el Observatorio PYME de la Fundación Salvadoreña de Apoyo Integral (Fusai) advierte que el impacto climático trasciende el campo y amenaza la estabilidad económica de miles de familias cuya principal fuente de ingresos depende de la actividad agropecuaria.
El informe pone el foco sobre un sector que representa apenas el 7% del universo de las micro y pequeñas empresas del país, pero que reúne 59.588 unidades productivas con una fuerte dependencia de las condiciones climáticas. Para la mayoría de ellas, una campaña afectada por la falta de agua puede significar pérdidas difíciles de recuperar y un deterioro directo de los ingresos familiares.
La sequía golpea la producción y reduce el margen de los pequeños agricultores
Las condiciones climáticas registradas durante este año ya muestran efectos sobre amplias zonas agrícolas, especialmente en el oriente salvadoreño. La disminución de las precipitaciones y el incremento de las temperaturas generan estrés hídrico en los cultivos, mayores costos de producción y dificultades para sostener la actividad pecuaria, mientras la menor disponibilidad de agua también comienza a reflejarse en la generación hidroeléctrica.
El Observatorio PYME sostiene que el fenómeno debe analizarse no solo como un desafío ambiental, sino también como un problema económico. El aumento del costo del agua, el encarecimiento de los insumos, la pérdida de cosechas y la necesidad de destinar más recursos para alimentar al ganado reducen la capacidad financiera de miles de emprendimientos rurales.
La vulnerabilidad del sector se explica por un dato contundente: el 87,1% de las micro y pequeñas empresas agropecuarias obtiene de esta actividad su principal fuente de ingresos, una proporción superior a la registrada en sectores como el comercio, el transporte o la industria. En consecuencia, cuando una sequía reduce la producción no solo disminuye la oferta de alimentos, sino que también afecta directamente la economía de los hogares rurales.
El estudio también diferencia la capacidad de respuesta entre los distintos modelos productivos. Las explotaciones con mayor nivel de capital pueden invertir en reservorios, sistemas de riego o asistencia técnica para adaptarse a un escenario climático más exigente. En cambio, las unidades familiares de subsistencia cuentan con recursos muy limitados, por lo que muchas veces deben elegir entre reducir la producción, vender parte de sus animales o asumir deudas para continuar trabajando.
La adaptación aparece como una necesidad para sostener la producción
El análisis destaca que fortalecer la resiliencia del sector agropecuario será determinante frente a la mayor frecuencia de eventos climáticos extremos. Entre las alternativas se encuentran la cosecha y almacenamiento de agua, la incorporación de tecnologías de riego más eficientes, la diversificación de cultivos y la adopción de prácticas de manejo que permitan utilizar mejor los recursos disponibles.
Para los especialistas, estas experiencias muestran que la adaptación puede mejorar la capacidad de respuesta de las explotaciones rurales, aunque advierten que no todos los productores tienen acceso a financiamiento o recursos suficientes para realizar esas inversiones.
La situación también plantea un desafío para las políticas públicas. El fortalecimiento del acceso al crédito, la asistencia técnica y la expansión de tecnologías de manejo del agua aparecen como herramientas necesarias para reducir la exposición del sector a los efectos de El Niño y preservar la producción de alimentos.
Mientras las condiciones climáticas continúan generando incertidumbre, el informe concluye que la sostenibilidad económica de miles de pequeños productores dependerá cada vez más de su capacidad para adaptarse a un escenario de sequías más frecuentes, temperaturas elevadas y mayor presión sobre los recursos hídricos, un desafío que ya comienza a redefinir el futuro del agro salvadoreño.

