El Salvador desafía la sequía con su cosecha de maíz, pero una amenaza sigue latente
El Gobierno proyecta superar los 12,2 millones de quintales de maíz con apoyo de tecnología satelital, aunque productores advierten que el país aún necesitaría importar cereal.
El Salvador acumula quince días consecutivos de cosecha de maíz y el Gobierno prevé superar los 12,2 millones de quintales durante el ciclo agrícola 2026. El avance ocurre en plena canícula y bajo la influencia del fenómeno de El Niño, factores que históricamente elevan el riesgo para los cultivos. La evolución de la campaña resulta clave porque el maíz es el principal grano de consumo del país y su disponibilidad impacta directamente sobre los precios de los alimentos y la necesidad de recurrir a importaciones.
El viceministro de Agricultura y Ganadería, Óscar Domínguez, aseguró que los resultados responden a una estrategia de planificación iniciada antes del comienzo de la temporada de siembra. Según explicó, el crecimiento de las zonas productivas fue acompañado por herramientas tecnológicas que permiten monitorear permanentemente el estado de los cultivos y reaccionar con mayor rapidez frente a amenazas climáticas o sanitarias.
Uno de los principales instrumentos utilizados es el sistema inteligente MIRA, una plataforma de monitoreo satelital que analiza la evolución de las plantaciones y permite detectar condiciones de sequía, presencia de plagas, enfermedades y niveles de humedad del suelo. La información obtenida facilita la toma de decisiones sobre el manejo de los cultivos y la programación de las siembras.
La estrategia comenzó fortaleciendo la producción de hortalizas destinadas al mercado interno. Tomate, cebolla, papa, chile y pepino fueron incluidos en un programa que hoy alcanza 3.600 manzanas cultivadas, todas con sistemas de riego y, en aproximadamente el 60% de la superficie, protegidas mediante infraestructura especializada para reducir los efectos del clima.
Otro de los cambios impulsados por el Gobierno fue la modernización del bono agrícola. A través de un sistema digital, los productores pueden decidir qué semillas e insumos adquirir según las necesidades de cada establecimiento, favoreciendo la diversificación de cultivos y ampliando la producción de frutas y hortalizas sin abandonar los granos básicos.
El maíz entra en la etapa decisiva mientras persisten diferencias sobre la oferta disponible
Tras los resultados obtenidos en las hortalizas, las autoridades extendieron el mismo esquema de planificación al maíz y al frijol. Mediante análisis climáticos y estudios de humedad, el Ministerio de Agricultura recomendó las fechas óptimas de siembra para cada región del país. Actualmente existen más de 164.000 manzanas destinadas a granos básicos que avanzan en distintas etapas de cosecha.
El cronograma oficial permitió que el frijol alcanzara su madurez durante julio y que la cosecha de maíz comenzara entre finales de ese mes y los primeros días de agosto. En varias regiones occidentales ya se comercializa frijol de la nueva campaña, mientras la recolección del cereal continúa avanzando.
Las proyecciones oficiales indican que la producción de maíz superará los 12,2 millones de quintales, mientras que la de frijol rondará 1,2 millones de quintales. Para el Ejecutivo, estos resultados reflejan el impacto de la coordinación entre el Ministerio de Agricultura y Ganadería, el Ministerio de Medio Ambiente y las organizaciones del sector productivo.
No obstante, el escenario no está exento de interrogantes. La Asociación Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios (Campo) sostiene que la producción nacional seguirá siendo insuficiente para abastecer completamente el mercado interno.
Su presidente, Luis Treminio, estimó meses atrás que el país necesitará alrededor de 18,8 millones de quintales de maíz para cubrir el consumo durante 2026. Bajo ese escenario, la producción alcanzaría aproximadamente 15,96 millones de quintales, generando un déficit cercano a 2,84 millones de quintales, volumen que debería compensarse mediante importaciones.
La diferencia entre las estimaciones oficiales y las proyecciones del sector privado mantiene la atención sobre el cierre de la campaña. El resultado final no solo definirá el nivel de abastecimiento interno, sino también el volumen de compras externas necesarias y la evolución de los precios del maíz, un cultivo estratégico para la alimentación y la economía salvadoreña.

