América Latina

Amoníaco verde y energía solar: las herramientas que cambian el agro

La transición hacia energías limpias y fertilizantes verdes abre nuevas oportunidades para reducir costos, emisiones y riesgos en las cadenas agroalimentarias.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

La incorporación de energías renovables en la agricultura se perfila como una de las estrategias con mayor potencial para fortalecer la seguridad alimentaria, reducir emisiones y aumentar la resiliencia de las cadenas agroalimentarias frente a futuras crisis económicas y climáticas. En un escenario marcado por la creciente preocupación por el cambio climático, expertos destacan que la producción de alimentos deberá adaptarse a modelos más sostenibles para garantizar el abastecimiento global en las próximas décadas.

La producción y el consumo de alimentos generan impactos ambientales significativos, entre ellos contaminación del agua, emisiones de gases de efecto invernadero, pérdida de biodiversidad, deforestación y uso intensivo de agroquímicos. Frente a este panorama, organismos internacionales y especialistas promueven una transformación profunda de los sistemas alimentarios, desde la producción agrícola hasta la distribución y el consumo.

Energías limpias para una agricultura más resiliente

Las energías renovables provienen de fuentes naturales que se regeneran constantemente, como el sol, el viento, el agua o la biomasa. Su utilización en actividades agropecuarias permite reducir la dependencia de los combustibles fósiles, cuya combustión continúa siendo una de las principales causas del calentamiento global.

Además del beneficio ambiental, las energías renovables ofrecen ventajas económicas. En numerosos países ya resultan más competitivas que las fuentes tradicionales y contribuyen a generar empleo en sectores vinculados a la innovación tecnológica y la transición energética.

Uno de los cambios más relevantes para la agricultura se relaciona con la producción de fertilizantes. Actualmente, gran parte de los fertilizantes nitrogenados se fabrica utilizando combustibles fósiles. El componente central de estos productos es el amoníaco, cuya elaboración demanda importantes cantidades de energía.

En este contexto surge el concepto de "amoníaco verde", producido mediante electricidad proveniente de fuentes renovables como la energía solar y eólica. Este desarrollo permite fabricar fertilizantes con una menor huella de carbono y reducir la dependencia de los combustibles fósiles importados.

El amoníaco verde y las nuevas oportunidades para el agro

Los primeros proyectos industriales de amoníaco verde ya avanzan en países como Chile, Marruecos y Australia, regiones con abundante disponibilidad de recursos solares y eólicos. Aunque la transición todavía implica costos elevados, la disminución progresiva del precio de las energías renovables y la volatilidad de los mercados energéticos mejoran su competitividad.

Especialistas sostienen que la expansión de esta tecnología requerirá inversiones sostenidas y políticas públicas de largo plazo que faciliten el desarrollo de nuevas capacidades productivas.

Junto con la adopción de energías limpias, los expertos proponen fortalecer los sistemas de almacenamiento estratégico de alimentos y de insumos agrícolas. La acumulación planificada de fertilizantes y granos podría ayudar a amortiguar futuras interrupciones en las cadenas de suministro internacionales.

Otra de las recomendaciones apunta a incrementar el consumo y la producción de proteínas vegetales. Cultivos como lentejas, arvejas y porotos tienen la capacidad de fijar nitrógeno en el suelo, lo que reduce la necesidad de fertilización química. Además, presentan una menor huella ambiental y contribuyen a diversificar la producción agrícola.

La combinación de energías renovables, fertilizantes de baja emisión y sistemas productivos más eficientes aparece así como una alternativa concreta para avanzar hacia una agricultura capaz de producir más alimentos con menor impacto ambiental y mayor estabilidad frente a los desafíos del futuro.

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