Frijoleros de Sinaloa reclaman precios de garantía ante un mercado que no da margen
Productores advierten que, sin un programa de comercialización, el cultivo pierde rentabilidad y queda a merced de intermediarios.
Los productores de frijol de Sinaloa volvieron a encender las alarmas y exigieron a los gobiernos federal y estatal la puesta en marcha de un programa de comercialización con precios de garantía, al asegurar que la falta de reglas claras está empujando al cultivo hacia un escenario cada vez más incierto. Desde el sector advierten que, sin un piso de ingresos, la actividad deja de ser viable y el esfuerzo del productor termina diluyéndose en la cadena comercial.
En municipios como Guasave, una de las zonas con mayor tradición frijolera del estado, los agricultores señalaron que la ausencia de un esquema que asegure precios justos los deja expuestos a la especulación del mercado y a la presión de intermediarios que fijan valores muy por debajo de los costos reales de producción. El resultado, explican, es una rentabilidad mínima o directamente negativa.
"Los que producimos frijol nunca hemos recibido lo que realmente corresponde al trabajo del campo. Si alguna vez se ganó un poco más fue por el comportamiento del mercado, no porque existiera un programa que nos protegiera", sostuvo Rubén Sandoval, productor del municipio, al describir una problemática que se repite desde hace años, sin importar el signo político de las administraciones.
El escenario se volvió aún más complejo tras la desaparición de la Financiera Rural, que dejó a muchos productores sin acceso a créditos accesibles para sostener sus ciclos agrícolas. Sin financiamiento adecuado, explican, los agricultores quedan obligados a aceptar condiciones desfavorables de compra y venta, lo que profundiza la dependencia de intermediarios y reduce la capacidad de negociación.
En ese marco, los frijoleros también cuestionaron la efectividad de herramientas como la pignoración, que en la práctica solo permite demorar la venta del grano sin ofrecer certezas sobre el precio final. "Guardar el frijol dos o tres meses no resuelve nada. Cuando llega el momento de vender, el precio ya cayó y el productor vuelve a perder", explicó Sandoval, al señalar que este mecanismo no corrige el problema de fondo.
La falta de un programa de comercialización integral impacta de lleno en la planificación productiva. Con costos de insumos, mano de obra y financiamiento en aumento, los agricultores advierten que sembrar frijol sin un precio de referencia se convierte en una apuesta de alto riesgo. Esto no solo compromete la rentabilidad de una campaña, sino que desalienta la continuidad del cultivo en zonas donde históricamente fue una fuente clave de ingresos.
Desde el sector señalan que la implementación de precios de garantía permitiría dar certidumbre, ordenar el mercado y reducir el margen de maniobra de la especulación. "No pedimos subsidios extraordinarios, sino un esquema que cubra los costos y deje un margen razonable para seguir produciendo", remarcan los agricultores, que ven cómo año tras año se repite el mismo problema sin respuestas estructurales.
La preocupación crece en el campo sinaloense mientras avanza la campaña y las definiciones oficiales no llegan. Para los frijoleros, la falta de una política clara no solo afecta al productor individual, sino que pone en riesgo la sostenibilidad del frijol como cultivo estratégico, con impacto directo en el empleo rural y en el abastecimiento de un grano básico para el consumo interno.

