Agricultura

Las lluvias ponen en alerta al girasol por el avance de una enfermedad difícil de controlar

Especialistas alertan que un verano más húmedo puede aumentar la presión de hongos y bacterias en girasol, obligando a reforzar el monitoreo y la estrategia sanitaria desde la siembra.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

El girasol vuelve a ganar protagonismo en los planteos agrícolas de Uruguay, pero el escenario climático previsto para el próximo verano obliga a redoblar la atención sobre la sanidad del cultivo. Los pronósticos de mayores precipitaciones generan preocupación entre técnicos y productores, ya que las condiciones de humedad favorecen el desarrollo de enfermedades fúngicas y bacterianas capaces de reducir el rendimiento, afectar el contenido de aceite y comprometer la rentabilidad de la campaña.

La combinación de temperaturas elevadas y abundante disponibilidad de agua crea un ambiente ideal para la germinación de esporas y la propagación de numerosos patógenos. En campañas con lluvias frecuentes, las ventanas para ingresar a los lotes con tratamientos se reducen y cualquier demora en la detección de los primeros síntomas puede traducirse en pérdidas importantes.

Por ese motivo, especialistas en sanidad vegetal recomiendan que la planificación comience incluso antes de la siembra. La elección del híbrido ya no debe responder únicamente al potencial de rendimiento, sino también al comportamiento sanitario frente a las enfermedades predominantes en cada región y al historial de cada lote.

Sclerotinia gana importancia por los cambios en la rotación agrícola

Entre las enfermedades que hoy concentran mayor atención aparece Sclerotinia sclerotiorum, un hongo que amplió su presencia a medida que los sistemas agrícolas incorporaron nuevas especies de invierno como colza, carinata y camelina, además de la soja y el propio girasol durante la campaña estival.

A diferencia de otros patógenos, Sclerotinia presenta una característica que dificulta su manejo: produce esclerocios, estructuras de resistencia que permanecen viables durante varios años en el suelo y pueden reiniciar el ciclo de infección cuando vuelven a presentarse condiciones favorables de humedad y temperatura.

Las lluvias ponen en alerta al girasol por el avance de una enfermedad difícil de controlar

Esta capacidad de supervivencia convierte a la rotación en un factor determinante. Cuando varias especies susceptibles integran la secuencia de cultivos, el inóculo aumenta progresivamente y el control se vuelve mucho más complejo. En cambio, la incorporación de gramíneas permite interrumpir parcialmente el ciclo biológico del hongo y disminuir la presión sanitaria.

Los técnicos coinciden en que el monitoreo permanente será una herramienta clave durante la campaña. Identificar tempranamente los focos de infección permite decidir con mayor precisión el momento de las aplicaciones y reducir el impacto sobre el cultivo antes de que la enfermedad avance.

Phomopsis y roya negra siguen siendo amenazas para la productividad

Aunque Sclerotinia gana protagonismo, la enfermedad que históricamente más preocupó a los productores de girasol continúa siendo Phomopsis, responsable del cancro del tallo. Su incidencia marcó un punto de inflexión para el cultivo en Uruguay a comienzos de la década del 2000, cuando numerosos materiales comerciales mostraron una elevada susceptibilidad.

Ese problema sanitario coincidió con la expansión de la soja y con cambios económicos que modificaron la rentabilidad relativa de ambos cultivos. Como consecuencia, el área sembrada con girasol cayó desde unas 175.000 hectáreas hasta niveles mínimos hacia 2010, reduciendo también la inversión en investigación y desarrollo destinada a esta oleaginosa.

Las enfermedades del capítulo y del tallo pueden provocar importantes pérdidas productivas si no se detectan a tiempo mediante un monitoreo permanente del cultivo.

En los últimos años el interés por el girasol comenzó a recuperarse, impulsado por mejores perspectivas comerciales y una mayor diversificación de los sistemas agrícolas. Sin embargo, esa recuperación encontró un escenario con menor disponibilidad de información pública sobre manejo sanitario, debido al largo período en que el cultivo perdió participación dentro de la agricultura uruguaya.

Otra enfermedad que requiere especial atención es la roya negra, cuya aparición suele estar asociada a siembras más tardías y ambientes favorables para el desarrollo del patógeno. Aunque no se presenta todos los años con la misma intensidad, puede provocar pérdidas de rendimiento y reducir el porcentaje de aceite, un aspecto determinante para el valor comercial de la producción.

Frente a un verano con mayores probabilidades de lluvias, la prevención vuelve a ocupar un lugar central en el manejo del cultivo. La selección de híbridos adaptados, la planificación de la rotación, el monitoreo sistemático y las intervenciones oportunas serán herramientas decisivas para reducir el impacto de las enfermedades y preservar el potencial productivo del girasol en una campaña que se presenta especialmente desafiante para la sanidad vegetal.

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