Agricultura

Guatemala elimina subsidios a fertilizantes y apuesta por bioinsumos para el campo

El Gobierno dejará de entregar fertilizantes químicos a unos 200.000 agricultores y promoverá el uso de abonos orgánicos en medio de alertas por inseguridad alimentaria.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

Guatemala iniciará una transformación profunda de su política de apoyo agrícola. El Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA) confirmó que dejará de ejecutar el histórico programa de entrega de fertilizantes químicos para pequeños productores y lo sustituirá por una estrategia basada en bioinsumos, fertilización orgánica y agricultura regenerativa. La decisión impactará a cerca de 200.000 agricultores que tradicionalmente recibían apoyo estatal para adquirir fertilizantes.

El cambio llega en un momento sensible para el país. Mientras el Gobierno impulsa una transición hacia sistemas productivos más sostenibles, la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional advirtió que alrededor de tres millones de personas podrían enfrentar dificultades de acceso a alimentos durante 2026, con una parte de la población ya clasificada en condiciones de emergencia alimentaria aguda.

Según explicó el viceministro de Desarrollo Económico Rural, José Antonio López, la medida busca responder al deterioro progresivo de los suelos agrícolas provocado por décadas de uso intensivo de fertilizantes químicos.

El funcionario sostuvo que el objetivo es fortalecer la capacidad productiva de las comunidades rurales mediante prácticas que permitan recuperar la salud de los suelos y reducir la dependencia de insumos externos.

La decisión también supone una reducción significativa del presupuesto destinado a fertilizantes. Este año, los recursos asignados para este fin pasaron de Q120 millones a Q20 millones, permitiendo atender únicamente a unos 4.400 productores mediante fertilizantes donados por el Reino de Marruecos para determinadas regiones del país.

El argumento detrás de la transición

Las autoridades consideran que los bioinsumos pueden ofrecer una alternativa más sostenible frente a los fertilizantes convencionales.

Entre las herramientas promovidas figuran el uso de estiércol tratado de bovinos y porcinos, microorganismos benéficos, hongos y otros productos biológicos elaborados localmente.

El MAGA sostiene que, además de mejorar la fertilidad de los suelos, estos insumos pueden aumentar la resiliencia de los sistemas agrícolas frente a fenómenos climáticos como la sequía.

Uno de los argumentos utilizados por el ministerio está relacionado con la baja eficiencia de los fertilizantes químicos cuando las condiciones de humedad son insuficientes.

Según López, durante períodos de escasez de agua los fertilizantes solubles no logran reaccionar adecuadamente en el suelo, reduciendo su efectividad y elevando los costos para los productores.

La estrategia oficial contempla además una fuerte inversión en capacitación rural. El Gobierno destinará recursos para ampliar la red nacional de biofábricas, centros donde se producen microorganismos y bioinsumos que posteriormente son utilizados por los agricultores.

Actualmente existen 20 instalaciones operativas y el plan prevé completar 40 biofábricas en los próximos años.

Capacitación, biofábricas y microrriego

El programa incluye la formación de extensionistas agrícolas encargados de capacitar directamente a los productores rurales.

Las autoridades aseguran que el aprendizaje para elaborar bioinsumos puede realizarse en pocas semanas y ya se están desarrollando actividades de capacitación en Petén, Alta Verapaz, Occidente y otras regiones agrícolas.

La iniciativa también contempla una inversión cercana a Q24 millones en sistemas de microrriego, considerados fundamentales para mejorar la disponibilidad de agua y reducir la vulnerabilidad de los cultivos frente a eventos climáticos extremos.

El objetivo oficial es que hacia 2027 el uso de fertilizantes químicos se reduzca aproximadamente en una cuarta parte dentro de los sistemas productivos atendidos por el programa.

Un programa marcado por cuestionamientos

La eliminación del subsidio también reabre el debate sobre el funcionamiento histórico del programa de fertilizantes.

Creado durante el gobierno de Alfonso Portillo en el año 2000, el esquema benefició durante décadas a un promedio de 200.000 agricultores por año mediante la entrega de dos quintales de fertilizante químico por productor.

Sin embargo, la iniciativa estuvo frecuentemente rodeada de denuncias relacionadas con clientelismo político, distribución irregular y problemas de transparencia.

En 2025, la Contraloría General de Cuentas reportó posibles irregularidades por Q144,8 millones vinculadas a compras de fertilizantes. Entre los contratos observados figuró una adjudicación superior a Q241 millones que posteriormente fue objeto de cuestionamientos públicos.

Algunos agricultores también sostienen que parte del fertilizante distribuido terminaba siendo comercializado de manera informal en lugar de utilizarse directamente en las parcelas productivas.

Productores que ya trabajan con fertilización orgánica afirman que el aprovechamiento del estiércol animal y otros residuos agrícolas ha permitido reducir costos y mejorar la estructura de los suelos.

El desafío para Guatemala será ahora demostrar que la transición hacia los bioinsumos puede mantener la productividad agrícola, fortalecer la seguridad alimentaria y ofrecer resultados sostenibles para miles de pequeños productores que dependen del campo para su subsistencia.

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