Azúcar en Brasil: la guerra dispara costos y pone en riesgo la rentabilidad
Suba de costos energéticos y fertilizantes complica a los ingenios brasileños en la nueva zafra, con precios débiles y riesgo de pérdidas en el sector
La industria azucarera de Brasil enfrenta un escenario desafiante de cara a la zafra 2026/27, con costos en alza impulsados por la guerra en Medio Oriente, precios debilitados y márgenes cada vez más ajustados, lo que podría derivar en pérdidas para algunos ingenios. El conflicto elevó los valores del diésel y los fertilizantes en un momento clave del ciclo productivo, afectando la rentabilidad de un sector estratégico para el país.
Costos en alza y precios que no acompañan
Durante la campaña 2025/26, el costo promedio de producción de azúcar se ubicó en 15,77 centavos de dólar por libra en el puerto de Santos, aunque algunas empresas operaron cerca de los 17 centavos. En ese contexto, con precios del azúcar en torno a los 15 centavos, varios ingenios ya trabajaban con márgenes negativos.
Ahora, el nuevo ciclo productivo se inicia con un escenario más complejo. El precio del diésel -clave para la cosecha, transporte y procesamiento de la caña- subió alrededor de 23% en los principales estados productores desde el inicio del conflicto. A esto se suma el fuerte incremento de los fertilizantes, con subas de hasta 60% en algunos insumos.
Los fertilizantes nitrogenados, como la urea, son particularmente sensibles: sus precios internacionales aumentaron cerca de 59%, en parte por la alta dependencia del suministro desde Medio Oriente, que concentra el 41% de las exportaciones globales. Incluso si el conflicto se resolviera rápidamente, los precios tardarían entre tres y cinco meses en normalizarse.
Oferta abundante y presión sobre el etanol
El mercado no ofrece señales de alivio por el lado de los ingresos. Tras un breve repunte impulsado por el petróleo, los precios del azúcar volvieron a debilitarse, reflejando una oferta global holgada. En apenas dos semanas, las cotizaciones en reales cayeron cerca de R$250 por tonelada, hasta rondar los R$1.600.
El panorama del etanol tampoco resulta alentador. Se espera que la producción, especialmente de etanol de maíz, agregue unos 2.000 millones de litros al mercado, manteniendo una oferta amplia y presionando los precios a la baja.
A esto se suma un factor adicional: la caída de ingresos por la venta de energía. Muchos ingenios que comercializaban electricidad generada a partir de biomasa están viendo vencer sus contratos, debiendo vender ahora a valores de mercado significativamente más bajos.
Las empresas evalúan ajustar su estrategia. Algunas podrían reducir inversiones en renovación de cañaverales y mantenimiento, una decisión que podría afectar la productividad futura. Otras optarían por desacelerar gastos sin comprometer completamente el rendimiento.
El desempeño final dependerá en gran medida de la capacidad de cada ingenio para optimizar su mix productivo entre azúcar y etanol, así como de eventuales mejoras en productividad que permitan diluir costos. Sin embargo, el escenario actual deja en claro que el sector enfrenta uno de los ciclos más exigentes de los últimos años.

