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El mundo arde antes de tiempo y el agro teme una crisis climática histórica

Más de 150 millones de hectáreas ya se quemaron en 2026 y científicos advierten que la llegada de El Niño podría disparar incendios, calor extremo y pérdidas agrícolas a escala global.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

El planeta enfrenta uno de los comienzos de temporada de incendios más agresivos de las últimas décadas. En apenas los primeros cuatro meses de 2026 ya se quemaron más de 150 millones de hectáreas, una superficie cercana al tamaño de Alaska y casi el doble del promedio habitual para esta época del año.

El fenómeno ya golpea con fuerza a países como Argentina, Chile, Estados Unidos y Japón, mientras especialistas alertan que el avance de El Niño podría agravar todavía más la combinación de sequía, calor extremo y daños sobre la producción agropecuaria.

Los datos surgen de registros satelitales internacionales que muestran una aceleración inédita de incendios forestales en distintas regiones del mundo. Para investigadores climáticos, el escenario actual refleja cómo el calentamiento global comienza a alterar cada vez más rápido los ciclos naturales.

El impacto ya empieza a sentirse sobre la agricultura mundial. Las altas temperaturas aceleran la pérdida de humedad en los suelos, elevan la demanda de riego y aumentan la presión sobre cultivos estratégicos como maíz, soja, trigo y arroz.

Según Theodore Keeping, investigador del Imperial College de Londres, el rápido avance de los incendios junto a la posible consolidación de un evento fuerte de El Niño configura un panorama especialmente delicado para el resto de 2026.

El calor extremo amenaza cultivos, agua y cadenas alimentarias

El avance de los incendios aparece como una de las consecuencias más visibles de un patrón climático cada vez más extremo. Durante los últimos meses se registraron récords de temperatura en Australia, Groenlandia, Francia y el sudoeste de Estados Unidos, mientras que España y Brasil enfrentaron lluvias históricas.

Los científicos advierten que la combinación entre calor persistente, vegetación seca y vientos intensos crea condiciones ideales para incendios de rápida propagación, especialmente en zonas rurales y forestales.

En América Latina, el temor crece por el posible impacto sobre la producción agrícola y ganadera. La falta de humedad en los suelos ya genera preocupación en áreas productivas sensibles y obliga a muchos productores a aumentar costos de riego y manejo.

A esto se suma el riesgo logístico y energético. Las olas de calor elevan el consumo eléctrico para refrigeración y podrían generar presión sobre costos industriales, transporte y cadenas globales de suministro de alimentos.

El escenario también preocupa a los mercados agrícolas porque eventos extremos más frecuentes suelen provocar volatilidad en precios internacionales y tensiones sobre la disponibilidad de materias primas.

El Niño podría profundizar el caos climático durante 2026

La atención ahora se concentra en la evolución de El Niño, un fenómeno climático asociado al calentamiento de las aguas del Pacífico tropical que altera los patrones meteorológicos globales.

Meteorólogos internacionales sostienen que existen altas probabilidades de que el fenómeno se fortalezca entre junio y agosto, aumentando el riesgo de sequías severas, inundaciones, incendios y olas de calor en distintos continentes.

En Sudamérica, históricamente El Niño modifica el régimen de lluvias y afecta directamente el rendimiento agrícola, especialmente en regiones productoras de granos y ganadería.

Especialistas en cambio climático advierten además que el calentamiento generado por la actividad humana ya está rompiendo récords meteorológicos incluso sin la presencia plena de El Niño, por lo que ambos factores combinados podrían llevar los extremos climáticos a un nuevo nivel durante este año.

Mientras gobiernos y productores monitorean el avance de incendios y temperaturas, el agro mundial se prepara para un escenario donde la volatilidad climática podría transformarse en uno de los principales desafíos económicos y productivos de 2026.

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