Latam alimenta al mundo, pero su campo sigue en la sombra de la informalidad
Más de 8 de cada 10 empleos agrícolas en América Latina son informales, con fuerte impacto en mujeres, jóvenes y adultos mayores rurales.
La agricultura latinoamericana sostiene una parte esencial del comercio mundial de alimentos, pero lo hace sobre bases laborales frágiles. Un nuevo análisis de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la FAO advierte que más del 80% del empleo agrícola en América Latina es informal, a pesar del rol estratégico de la región como primer exportador neto de alimentos del planeta.
La informalidad afecta con mayor intensidad a mujeres, jóvenes y personas mayores rurales, segmentos que suelen quedar fuera de los sistemas de protección social. Esto se traduce en empleos sin contrato, falta de cobertura de salud, ausencia de aportes jubilatorios y condiciones laborales precarias.
Países donde la informalidad es casi total
El informe "Trabajo decente e informalidad en el sector agrícola de América Latina, 2019-2023" muestra que las tasas más elevadas de informalidad agrícola en 2023 se registraron en:
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Bolivia: 98,5%
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El Salvador: 95,8%
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Perú: 94,5%
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Ecuador: 92,9%
En el grupo siguiente se ubican Paraguay (91,8%), Panamá (91,1%), República Dominicana (88,8%), Colombia (85,9%), Brasil (73,8%) y México (68,2%). Incluso en estas dos últimas potencias agroexportadoras, la mayoría del empleo rural permanece fuera de la formalidad.
Los niveles más bajos de informalidad aparecen en Costa Rica (46,7%), Chile (39,7%) y Uruguay (28,7%), considerados referencias regionales en regulación laboral y protección social rural.
Para la OIT, la informalidad representa uno de los desafíos más persistentes de la región. El estudio subraya factores estructurales que sostienen el problema:
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Predominio de trabajos de baja productividad.
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Acceso limitado a servicios básicos en zonas rurales.
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Protección social insuficiente, especialmente en actividades temporarias.
Esto explica que la pobreza rural continúe siendo significativamente más alta que la urbana. En 2023 alcanzó el 39,2%, cifra que muestra que el progreso del agro no se traduce automáticamente en mejores condiciones de vida para quienes trabajan en él.
¿Por qué hay diferencias entre países?
Las brechas se explican por la composición de los mercados laborales. En países donde predominan los productores por cuenta propia, los trabajadores estacionales y los jornaleros, la informalidad crece de forma acelerada. En cambio, aquellos que han invertido en:
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Programas de formalización,
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Protección social rural,
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Inspección laboral adaptada al sector agropecuario,
logran reducir significativamente la informalidad.
La FAO sostiene que mejorar las condiciones laborales del sector agrícola requiere transformar los sistemas agroalimentarios, vinculando los derechos laborales con una producción sostenible y territorios rurales más resilientes.
Desafíos para gobiernos y cadenas agroexportadoras
El informe deja varios puntos críticos para la agenda pública y privada del agro:
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Impulsar políticas laborales específicas para el medio rural.
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Ampliar la protección social para temporarios y trabajadores de cosecha.
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Ofrecer incentivos fiscales y financiamiento para la formalización de pequeños productores.
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Involucrar a agroindustrias y exportadoras en esquemas de trazabilidad social y compras responsables.
Mientras América Latina refuerza su posición como proveedor global de alimentos, el dato de que más del 80% del empleo rural sigue siendo informal expone un dilema: la competitividad externa no avanza al mismo ritmo que la inclusión laboral. El desafío será construir un agro que combine productividad, exportaciones y trabajo decente para quienes sostienen el sistema alimentario.

